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Comienza un nuevo mes



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 01 de octubre de 2010

Para los periodistas que escribimos diariamente, cada mañana significa un encuentro con sus lectores para comentarles sobre un hecho cotidiano que tiene importancia para todos o para la mayoría de los lectores; es por ello que ahora escribo acerca de un nuevo mes que hoy comienza, entendiendo —claro está— que mis ordinarias vivencias también son sentidas por muchas personas que viven de manera parecida. Es por eso que les cuento lo que me sucede y no porque las considere importantes o trascendentales.

Esta mañana recibí en horas tempranas la visita de mi comadre Macacha, quien con una amplia sonrisa me saludó y preguntó: “Buenos días, compadre Paulino, ¿sabe usted en qué fecha estamos?”. Yo que poco veo los calendarios y no utilizo reloj, pretendiendo con ello ser más libre y feliz, respondí a mi comadre que no sabía en qué fecha estábamos. Mi comadre se apresuró a decirme: “Hoy es viernes 1 de octubre del año 2010 y es el comienzo del último trimestre”.

Sin dar trascendencia al día que comenzábamos, le comenté despreocupadamente: “Así que hoy es viernes… y la conseja popular nos dice ‘martes no te cases ni te embarques… viernes no te cases ni te empiernes’”, frase que fastidió a mi comadre, quien me dijo: “¡Ay, compadre! Usted siempre pensando en ‘sonseras’. Hoy que comienza el mes de octubre he venido a su casa para cobrarle los intereses en dólares que usted me debe desde el mes de febrero, cuando le presté 3.000 dólares para que fuera a bailar a Oruro en los carnavales”.

Tuve ganas de decirle que ella me había ayudado a gastar ese dinero que me prestó, pero me pareció poco caballeroso y preferí callar, asegurándole que le pagaría los intereses con la remesa correspondiente a octubre que espero recibir en estos días de parte de nuestra comadre que está en España, pero la cochala puso cara de incredulidad.

Cuando se convenció de que no me podría sacar ni un dólar y ni un solo peso por estar franciscanamente yesca, optó por recurrir a las lágrimas que son el mejor artilugio al que suelen recurrir no sólo las cholitas cochabambinas, sino también las cholitas de otras ciudades, y sacando el pañuelo del bolso cargado de dólares, comenzó a gimotear diciendo: “Qué nomás me habrá entrado para prestarle plata a un periodista cuando todo el mundo sabe que los periodistas ganan poco y gastan mucho, y están acostumbrados a decir que ‘la mujer que no te da plata trae mala suerte’. Ay, ay, ay, Virgencita de Urkupiña, hazme el milagro de ablandar el corazón de este periodista malpagador, ay, ay, ay, ay…”. Verdaderamente conmovido abracé a mi comadre Macacha y le prometí que en los próximos días le pagaría los intereses desde febrero a octubre y que no se preocupara del capital, porque éste le sería pagado por mi esposa cuando retornara de España.

Mis palabras le llegaron al corazón y en medio de sollozos me contó que el 6 de octubre, fecha del Bicentenario de la gesta libertaria de Oruro, se realizaría un carnaval en dicha ciudad, al que podríamos asistir juntos, jurándole que así lo haríamos.

Aprendamos a vivir sin luz



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 30 de septiembre de 2010

Creo que fue un filósofo español el que alguna vez nos dijo: “Mundo sin noticias, mundo a oscuras”, acordándome de su sabiduría la otra tarde cuando me proponía escribir y no funcionaba nada, pues mis hermanos campesinos de Zongo habían decidido cortar la provisión de energía eléctrica a varias ciudades del país durante varias horas. Quise protestar contra mis hermanos de Zongo y reducirlos a la categoría de primos, pero mi comadre Macacha me tapó la boca con sus dos manitas y me dijo: “No proteste usted contra nuestros hermanos y más bien aprendamos a vivir en medio de las tinieblas”.

Aprovechando de la oscuridad, comencé a tantear su cuerpo para poder saber con quién hablaba, pero ella se hizo a un lado y me dijo que no me aprovechase de la falta de luz y que ella era mi comadre Macacha, y que ninguna parte de su cuerpo se parecía a un interruptor ni a un enchufe.

Aprovechando del tema eléctrico del que nos veíamos privados, pregunté a Macacha si ella funcionaba a 220 voltios o a 110, respondiendo la cochala que todo en su casa funcionaba a 220 menos una plancha que calentaba a 110, a lo que no tuve nada que objetar, pues yo sólo funciono con aparatos a pilas.

Mi comadre me ofreció su ayuda para buscar en medio de la oscuridad unas velas que la atenuaran buscando en los cajones de la cocina y el comedor, hasta que encontramos una que iluminó muy poco el comedor, mientras las tinieblas reinaban en todos los ambientes de mi casa.

Decidimos salir en busca de un almacén que seguramente vendería velas; tomados de la mano llegamos al lugar y adquirimos 20 velas instalándonos en el living para conversar un poco mientras reaparecía el servicio eléctrico. La comadre se puso en un sofá lejano al mío recordando un refrán que aprendió en Cochabamba y que decía: “Luces apagatus, manos tentatus” y era muy repetido cuando los jóvenes iban al cine.

Sonreí ante las inocentes diversiones de mi comadre y le conté que cuando yo era joven asistía por las noches a un local nocturno completamente oscuro donde uno podía bailar con su pareja sin que el resto del público los pudiera reconocer. El local se llamaba Moulin Rouge, igual a un famoso local que nació en el París bohemio de comienzos del siglo pasado.

El local paceño era conocido como el “Mulan Rush” por los paceños bohemios y su propietario y fundador fue don Pepe Naím, quien fue sucedido por su hijo Antuquito.

Le propuse a mi comadre Macacha convertir mi living en una sala de baile parecida a la que conocí, sólo para aprovechar la oscuridad con la que nos habían regalado nuestros hermanos (primos) de Zongo, pero Macacha se opuso y yo no insistí.

Al cabo de cuatro horas se encendieron las luces y pudimos hablar con mayor claridad y mayor clarividencia, recordándome Macacha nuestro viejo proyecto de instalar fábricas de velas en nuestras ciudades principales, pues los apagones podrían ser más frecuentes en épocas venideras. Avanti con las fábricas de velas.

La Caperucita y el Lobo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, miércoles, 29 de septiembre de 2010

El presidente de la República, señor Evo Morales, ha manifestado su decisión de no asistir a la Cumbre Hemisférica de Presidentes que se realizará en Buenos Aires el próximo mes de diciembre si en ella participa el señor Porfirio Lobo, presidente de Honduras.

Al leer en voz alta esta noticia a mi comadre Macacha para ampliar su horizonte noticioso, la buena cholita cochabambina me comentó con la sencillez que le caracteriza: “Bien tirado, compadre, cómo podría la Caperucita Roja ir a una reunión si en ésta va a estar el Lobo que se comió a su abuelita”.

Me interesó esta versión criolla de la fábula clásica y pedí con mucha dulzura a mi pariente espiritual que me contara su propia versión de la fábula de Perrault. Y ella no se hizo de rogar.

“Dicen, pues, que en tiempos pasados vivía en un pueblo del altiplano una niña muy buena que se llamaba Caperucita, quien tenía una abuelita bastante pícara que vivía en Achacachi, donde la enamoraban unos hombres calificados de feroces, siendo el más célebre de todos un bandido llamado el ‘Wila Saco’ porque siempre vestía una chaqueta roja y que un día mató a un señor que apellidaba Álvarez Plata, quien pertenecía a una familia muy conocida de movimientistas.

“Antes del famoso ‘Wila Saco’, los achacacheños eran hombres pacíficos que seguían mansamente a un famoso político como era Don Bauti, por lo que recibieron el cariñoso título de ‘las ovejas de Achacachi’, que no eran mansas ni lanudas, sino bravas y luchadoras.

“Después del suceso protagonizado por el ‘Wila Saco’, allá por los años 50, los hombres de Achacachi seguían siendo importantes y en vez de vestir con chaquetas rojas inventaron una nueva moda: los Ponchos Rojos, una vestimenta indígena que causó furor entre las chicas y señoritas de ese tiempo, entre las que se hallaba la abuelita de Caperucita y provocaba a los mozos del lugar y ayllus vecinos.

“Caperucita quería mucho a su abuelita, y como le gustaban mucho los Ponchos Rojos, iba desde su pueblito orureño hasta Achacachi con cualquier pretexto, siendo el mejor que iba a ver a su abuelita bailando con los Ponchos Rojos hasta que supo que un lobo se la comió”.

Hasta aquí la versión del cuento Caperucita Roja que le habían contado. Sorprendido ante su versión, pregunté a Macacha qué tenía que ver toda la historia que me contó con la decisión del presidente Evo de no asistir a la Cumbre Hemisférica que se realizará en Buenos Aires si asistía a ella el presidente de Honduras, señor Porfirio Lobo.

Macacha me respondió: “Es que para mí el presidente Evo es una Caperucita Roja que, al saber que su abuelita fue comida por un lobo feroz, no quiere estar en una misma reunión con Porfirio Lobo y yo también me voy de tu casa porque me estás mirando con ojo de lobo y estás a punto de preguntarme por qué tienes la boca tan grande, los dientes tan grandes y las orejas tan grandes...”. Qué le vamos a hacer, son cosas de Macacha y no hay que hacerles mucho caso.

Día Internacional del Turismo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, martes, 28 de septiembre de 2010

Ayer se celebró el Día Internacional del Turismo y me enteré de que, según la Cámara de Turismo, esa importante actividad había caído en nuestro país en un 30 por ciento, lo cual me llenó de tristeza porque en otros países, incluidos vecinos nuestros, incrementa la riqueza y proporciona trabajo a los naturales de un territorio.

Me hallaba sumido en esa preocupación cuando llegó a mi casa mi tío Huebastián, a quien abracé cariñosamente y le dije como siempre: “Querido tío Huebas…”, a lo que él repuso inmediata y enérgicamente: “No me llames Huebas porque mi nombre completo es Huebastián”, por lo que le pedí disculpas pues mi intención no fue ofenderlo.

Inmediatamente puse en su conocimiento el motivo de mi preocupación, y comenzó por decir: “Es que no sabemos aprovechar de nuestras riquezas naturales para mostrárselas a los viajeros del exterior y los llevamos a ver nuestros lagos y ríos teniendo cosas mejores y únicas en el mundo”. Me citó, por ejemplo, nuestra Asamblea Legislativa.

En principio me molestó la sugestión de mi pariente porque al fin y al cabo dicha asamblea está compuesta por ciudadanos respetables y elegidos por el voto ciudadano.

Al darse cuenta de mi rechazo inicial, mi tío Huebastián me aclaró su propuesta y dijo: “No me refiero a todos los legisladores, sobrino, sino a algunos que podrían despertar el interés de los turistas, siempre y cuando se los pueda aprovechar con un eslogan que podría decir: ‘Visite las Cámaras Legislativas y conozca a personajes que sólo saben levantar la mano’”. No me pareció muy interesante la moción de mi tío Huebastíán y hasta pensé por un instante que merecía llamarse Huebastián.

Me gustó más su proposición de convertir a nuestras cárceles en objetivos turísticos dignos de ser visitados por viajeros de otros continentes pues las de Américas Latina son muy parecidas.

Mi tío Huebastián alabó al régimen de vivienda que rige en los penales bolivianos y que se basa en un sistema de alquileres de acuerdo con la comodidad que ofrecen las celdas. También alabó el régimen de alimentación, pues allí algunos presos comen a la carta en sus propias celdas donde se sirven platos variados que son preparados por expertos cocineros que también cumplen prisión y se ganan la vida honradamente.

Los turistas quedarán maravillados al comprobar que en pleno encierro se realizan parrilladas, picanteadas, etc., cuando llegan los cumpleaños de los reclusos. El poder visitar nuestras cárceles podría ser motivo de atracción turística para tratar de remediar este bajón que ha sufrido Bolivia al ofrecer paisajes bolivianos.

Las visitas al Chapare también deberían ser promocionadas por las agencias del turismo a nuestro país, aunque mi tío Huebastián incluyó en su propuesta cursos breves de acercamiento a la coca y sus derivados. Moción que parecería interesante pero peligrosa en alto grado. Total: el nombre de mi tío Huebastián sigue pareciéndome muy largo y es mejor que la siga llamando Huevas, como siempre.

 
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