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Salvajismo comparado



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 17 de diciembre de 2009

Mi tía Conchita me llamó desde Torrelodones (España), donde reside, y acudí presuroso a su llamada prenavideña con la ilusión de escuchar el anuncio de un regalo en moneda fuerte. La tía Conchita fue la única pariente de mi esposa que se opuso al matrimonio de su sobrina con un “indiano” que la llevaría a vivir a un remoto país de América del Sur donde —según ella— vestíamos plumas. Éste fue el diálogo entre la tía Conchita y el plumífero que soy yo.

—Hablas con tu tía Conchita y no se cómo nombrarte pues cuando te casaste en Madrid te llamabas Alfonso, luego te convertirse en Paulovich y supe que ahora te haces llamar Paulino Huanca para estar a tono con la realidad indígena de tu país.

—Hola, tía Conchita, gracias por llamarme en estos días prenavideños.

—Tengo un giro bancario para vosotros pero está a nombre de tu mujer, ¿podría hablar con ella…?

—No, tía Conchita, ahora está en Tarija, cerca de la frontera con Argentina donde actuará de contrabandista para adquirir regalos navideños mucho más baratos.

—¡Así que has convertido a mi sobrina en contrabandista! Eres un indiano desalmado y cruel.

—No, tía Conchita, aquí en Bolivia todos hacemos contrabando, hasta los ministros y sus esposas, algunas de las cuales viajan hasta Salta. una hermosa ciudad argentina. Todas las ciudades bolivianas están abarrotadas de prendas extranjeras llegadas al país vía contrabando.

—¡A qué país llevaste a mi sobrina! Acabo de saber por la televisión europea que en la región del Chapare lincharon a tres presuntos ladrones y los quemaron vivos luego de rociarlos con gasolina.

—Es verdad, tía Conchita, pero hechos parecidos o peores suceden en Irak o Afganistán, donde todos los días cargas explosivos terminan con las vidas de centenares de ciudadanos, mujeres y niños que acuden a mezquitas y mercados públicos.

—No desconozco la realidad cotidiana de los países que mencionaste, pero aquí en Europa, en España, vivimos en paz, como personas civilizadas, no linchamos a los presuntos ladrones, ni los quemamos vivos como ustedes.

—Pero hacen volar trenes como en Madrid y hacen volar parte de un aeropuerto como en Barajas.

—Bueno, sobrino Paulino Huanca, convengamos en que la humanidad está enferma, aunque nunca te perdonaré que convirtieras en contrabandista a mi sobrina y la enviaras a la frontera sur de tu folclórico país. ¡Pobrecita ella tan buena y tan dulce!

—Ella no es contrabandista y sólo adquiere juguetes y ropa de los contrabandistas, como hacemos casi todos los bolivianos.

—Es lo mismo, sobrino. Cuando ella retorne a La Paz dile que le envié una remesa importante en euros y que el cheque está girado a su nombre y que es intransferible, o sea que nadie podrá cobrarlo sino ella.

—Gracias, tía Conchita, porque toda su plata es también mía y todas mis deudas son también suyas.

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