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REPARACIÓN A TERRORISTAS

© Paulovich

QUIENES FORMARON PARTE DEL EJÉRCITO GUERRILLERO Tupac Katari (EGTK) plantearon ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la OEA un resarcimiento de 2 millones de Dólares que debería pagarles el Estado Boliviano por haberlos detenido y encarcelado cuando fueron capturados allá por los años noventa del siglo pasado. Entre los demandantes está el actual Vicepresidente de la República y algunos de sus parientes, además de Felipe Quispe Huanca, pariente mío, más conocido como el Mallku.

Cuando me dirigía en mi motocicleta a Achacachi para felicitar al Mallku y recordarle nuestro parentesco porque ahora me llamo Paulino Huanca, me enteré de que el Vicepresidente Alvaro García Linera había declarado públicamente que él no recibiría ni un sólo centavo de esa indemnización que aún no ha sido determinada, lo cual me alegró, pero los otros demandantes aún no han dicho una palabra al respecto, lo cual posibilita que Felipe Quispe Huanca (primo querido) podría ser favorecido por la indemnización.

El Mallku no se encontraba en Achacachi pero pude hablar con uno de sus seguidores quien me dijo: “el viejo está celebrando la recepción de un buen dinero como resarcimiento de lo mucho que sufrió cuando fue capturado y encarcelado durante cinco años por ser revolucionario, y compartir la cárcel con Alvaro García Linera”.

Le dije al achacacheño que no me parecía una tortura compartir la celda carcelaria con Alvaro García Linera y me dijo el amigo del Mallku: “Cómo no va a ser torturante estar encarcelado con un tipo que no te haba ni de día ni de noche y que todo el tiempo está leyendo; ¿acaso no sabes que el leyó cinco mil libros mientras estuvo encarcelado por ser guerrillero Tupac Katari...?”

El achacacheño me preguntó si yo sabía de algunos actos terroristas que cometieron los del EGTK, respondiéndole que durante esos años yo viví fuera del país, pero que me enteré de que ellos hicieron volar varias torres de energía eléctrica y que la más importante se hallaba instalada en El Alto, y que también en esa temporada hicieron volar el monumento a John F. Kennedy en la avenida que lleva su nombre, y que si no capturaban a esos terroristas habrían hecho volar obras importantes.

Finalmente, dije a mi amigo de Achacachi que ojalá la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA ordene que nuestro gobierno indemnice a los terroristas del EGTK, y sino lo hace, ojalá nuestras autoridades establezcan un Bono Anual para Guerrilleros Retirados para que vivan tranquilos y felices y no vuelvan jamás a sus prácticas terroristas

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¡BIENVENIDOS LOS CHINOS!

PAULOVICH © Paulovich

LOS CHINOS SIEMPRE ME CAYERON SIMPÁTICOS Y TODAVÍA SIGO CREYENDO en que los primeros pobladores del continente americano vinieron de allí, o de tierras próximas, por el extraordinario parecido fisonómico que existe entre ellos y los pobladores indígenas de norte y Sudamérica. Los chinos pueden ser nuestros tatarabuelos y yo uno de sus tataranietos.

Es por ello que me duele profundamente el drama humano de los chinos que llegan a Bolivia sin documentación o con pasaportes bolivianos que compran en nuestras oficinas consulares, o en nuestras reparticiones de Migración, y que son perseguidos y expulsados cuando deberían ser bien recibidos por nuestras autoridades.

Tengo buen recuerdo de los chinos a los que conocí desde mi lejana infancia, aunque debo confesar que en esa edad no me hallaba capacitado para diferenciar a un chino de un japonés y para mí todos eran chinos porque tenían los ojos rasgados y una piel amarillenta. Nunca olvidaré a mi primer peluquero, al que creí chino, enterándome después de que era japonés, resultando al final que se trataba de un cholo de Achacachi.

Con mis amigos pequeños siempre íbamos a comer salteñas donde “el chino”, porque siempre hubo un chino que las vendía en las proximidades de los colegios. El chino era siempre un servidor serio que pocas veces sonreía y nunca reía, seguramente por temor a que sus ojos desapareciesen en medio de las arrugas que produce la mueca de la risa. Chinito siempre bueno, chinito siempre servicial, chinito siempre humilde.

En mis primeros años de lector de diarios supe alguna vez de una raterilla que solía aparecer en las crónicas policiales con el infamante alias de “la china ratera” que no había sido china, sino nacida en Tarata, que ella pronunciaba “Talata”, siendo “la china ratera” de ojos rasgados y pequeños.

¿Y cómo olvidar en este elogio de los chinos a ilustres bolivianos que llevaron y llevan con orgullo el mote de chinos? Fue célebre y muy apreciado el doctor “Chino Berríos”, fundador de la clínica Santa Isabel en La Paz. Y todavía muchos recordamos a un héroe deportivo que admiramos cuando niños y que fue el famoso “Chino Guerra”, gran pugilista de quien aprendí que un puñetazo bien dado deja callado al más inteligente de tus enemigos.

Merece un párrafo aparte el extraordinario hombre de letras y exquisito esteta cochabambino Armando Soriano Badani, a quien sus amigos llamamos “Chino Soriano”, académico de la Lengua de cuyo brazo me así para recibir la medalla de académico que ostento con orgullo.

Por todo lo dicho, no es posible que en un gobierno de aymaras y quechuas seamos inamistosos con los chinos, seguros antecesores de los indígenas bolivianos como el que escribe esta crónica.

Fuente: © 2002 LA PRENSA - EDITORES ASOCIADOS S.A. Derechos Reservados ®


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