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¿Morales cambiaría de apellido?


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, jueves, 28 de abril de 2011

Macacha viuda de Racacha se entera de todo en los mercados de La Paz donde realiza su actividad financiera, mientras que yo, ejerciendo mi oficio de periodista desde hace 60 años, no me entero de nada, lo cual me obliga a reconocer su inteligencia y superioridad intelectual y económica.

Ayer me sorprendió con la noticia de que el presidente Evo había lanzado al aire su propósito de cambiar los nombres a las escuelas, calles y plazas, y también a las poblaciones que pudieran recordarnos nuestro pasado colonial, o nuestra historia republicana anterior al nuevo Estado.

“Me han dicho que Evo ha dicho y si Evo lo ha dicho —como me han dicho—, sus llunkus (léase aduladores) dirán que está bien dicho porque Evo lo ha dicho”.
Así me dijo Macacha, quien me anunció que mi apellido Prudencio, que viene de España, y mi nombre Alfonso, que recuerda a monarcas españoles, serían cambiados por nombres y apellidos originarios del Kollasuyo.

Orgullosa de ser conocida en nuestro mundo como Macacha viuda de Racacha, me anunció que ya se habla hace mucho tiempo de cambiar el nombre de nuestra plaza principal que lleva el nombre del protomártir Pedro Domingo Murillo por el de plaza Túpac Katari, el indígena rebelde a quien mataron los españoles en tiempos coloniales. De nada valió el sacrificio de don Pedro Domingo Murillo, pues su monumento sería trasladado a la plaza España por parecerse a la figura de un torero con capa y coleta.

Respondí a esas ideas descabelladas diciendo a mi comadre que yo me anticipé a esos propósitos descolonizadores, pues, al comprender la ola indigenista sobre la cual se había montado el presidente Evo, yo me había despojado de mi pseudónimo de Paulovich (de ascendencia eslava y rusa) y había anunciado a mis lectores que mi nuevo nombre literario sería el de Paulino Huanca, gesto que aplaudió mi pariente espiritual.

Siguiendo nuestro diálogo acerca de esa pintoresca idea de borrar nuestra Historia de Bolivia, mi comadre me dijo que nuestro gran presidente el Mariscal Santa Cruz se libraría por un pelo de ser ignominiosamente borrado de la memoria de los bolivianos por apellidar Calahumana, siendo una incógnita lo que podría suceder con nuestro actual Presidente que lleva el apellido español Morales y el nombre bíblico de Evo que lo convierte en el único hombre que no tiene un solo tocayo en el planeta.

Dije a la cochabambina que el actual Presidente no podría cambiar de apellido, porque con el que tiene suscribió convenios de préstamos con muchos países extranjeros, los cuales perderían validez si nuestro presidente Evo cambiara de apellido para convertirse en Evo Mamani, o en Evo Condori, o en Evo Choquetaxi.

Macacha, que es muy lista, se adelantó a lo que podría suceder dentro de cuatro años y me dijo:

“Evo Morales es muy astuto y podría suceder que en las próximas elecciones podría volver a candidatear para Presidente del Estado, porque antes había jurado como Evo Morales, pero hoy (mañana) ya se llama Evo Parihuancollo”.

¡No achaquen a la Achacollo!


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 27 de abril de 2011

Entre las fotografías de importantes personalidades del Gobierno que adornan la mesa central de mi living, se encuentra una a colores de la señora Nemesia Achacollo, una de las figuras femeninas más influyentes del Movimiento Al Socialismo (MAS), a quien siempre consideré una estrella.

Al leer en los periódicos que a mi estrella la pueden convertir en huevo estrellado, o como decimos los cholos ilustrados en una “kauna estrella”, recurrí a los hombres sabios que viven en Cochabamba, pero ellos me dijeron que este asunto debería ser dilucidado en tierras aymaras, aconsejándome que consultara el caso con algunos amautas, debiendo escogerlos muy bien porque el más famoso de todos, el amauta que entronizó al presidente Evo en Tiwanaku, fue acusado de narcotraficante, desprestigiando a gran parte de la estirpe aymara. Al saber estas cosas, recurrí a mi amigo yatiri llamado Wayruru, quien es muy conocido en Achacachi, donde también es muy conocida la Achacollo. Le digo la Achacollo no por falta de respeto hacia ella, sino por la costumbre de llamar de esa manera a las mujeres muy célebres, y por eso solemos decir: “la Tacher” o “la Hillary”.

Cuando encontré al yatiri Wayruru, le invité una cerveza en una tienda de El Alto, pues —como ustedes saben— en esa población hay drásticas ordenanzas municipales que prohíben el funcionamiento de bares y cantinas los lunes y los martes, y sin mayor dilación le manifesté mi pesar por lo que ahora le sucede a mi estrella Nemesia Achacollo, a quien le achacan nuevas irregulares en su desempeño como ministra de Desarrollo Rural y Tierras.

Lo primero que me dijo Wayruru es que ese afán de salpicar a la Achacollo con escándalos en la calificación y adjudicación de tierras es obra de un complot para desprestigiar a los buenos dirigentes indígenas, entre los que se encuentra la Achacollo, quien en años anteriores ya había sido diputada masista, para luego ser designada Ministra del presidente Evo, quien la confirmó en el cargo cuando se produjo la última crisis de gabinete, lo cual demuestra la confianza que tiene Evo en la Nemesia, concluyendo sus palabras con el grito épico de “¡No achaquen a la Achacollo!”.

No obstante de su fanatismo por la Nemesia, Wayruru me confesó que la Achacollo ya había sido acusada cuando era diputada, por uso y abuso de influencias y otros delitos que yo desconocía, o mejor dicho, los había olvidado. Lo cierto es que estamos ante un nuevo escándalo que ha originado el alejamiento del Presidente del INRA, poniendo en riesgo a mi estrella, quien puede ser echada a la sartén que la convertiría en un huevo estrellado.

Acerca de este asunto escandaloso, no sabe nada mi comadre Macacha, cholita cochabambina a quien nunca le conté la admiración que sentí por Nemesia, quien fue mi estrella durante muchos años. Macacha no me habría perdonado jamás el haber tenido otra estrella con polleras. Por favor, no le hablen jamás a Macacha de ninguna Nemesia ni de ninguna Achacollo.

Aumento para los jubilados


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 26 de abril de 2011

Mis contemporáneos jubilados anuncian marchas de protesta contra el Gobierno y contra la Central Obrera Boliviana por haber sido olvidados en un acuerdo de aumento salarial y me convocaron a una marcha kilometral hacia La Paz que se iniciará reclamando justicia para los k'aivitos.

Inmediatamente llamé por teléfono a mi comadre Macacha pidiéndole que se hiciera presente en mi domicilio para frotarme mis t'usus (léase pantorrillas), pues al haberse adelantado los fríos invernales no se hallaban en la mejor forma para responder a las mencionadas jornadas de protesta.

Para impresionar mejor a la cholita cochabambina, me despojé previamente de mis calzoncillos largos de lana inglesa (también llamados “matapasiones”) cambiándolos por unos calzoncillos de seda roja, aunque no recuerdo la marca, pero eran Christian Dior o Sacha Llorenti. Lo cierto es que mi comadre, al ver que la esperaba con ropa interior tan juvenil y elegante, no pudo menos que sorprenderse y exclamar: “¡Qué calzoncillos tan elegantes luce usted, compadre, aunque veo que sus pantorrillas están muy flacas y casi heladas!”.

Sacó de su maletín de masajista unas cremas y pomadas que ella misma había preparado a base de hierbas adquiridas en las cercanías de Chuma, donde viven muchos curanderos por su proximidad a Curva, que es tierra de los médicos naturistas, y procedió al frotamiento enérgico de mis t'usus, ante lo cual empecé a dar gritos de dolor y exclamaciones como: “No sea usted tan torpe, comadre, fróteme más suavecito”, pero ella continuó con su labor masajística de forma imperturbable.

Cuando me sentí más aliviado, la cholita se fue a lavar las manos no sin antes decirme sonriendo sarcásticamente: “Usted es muy ‘quejudo’, compadre”, corrigiéndole que estaba muy mal que me llamara “quejudo” porque lo correcto es “quejumbroso”. Mi pariente espiritual me autorizó para que me despojara de mis calzoncillos de seda roja y que me volviera a poner mis calzones matapasiones, y me dijo: “Ya está usted listo para asistir a las marchas de los jubilados exigiendo un aumento salarial al igual que los otros trabajadores, pues la crisis salarial afecta a todos por igual y la vida ha encarecido por igual para los jóvenes, los mayores y los ancianos como usted”.

Al escuchar sus palabras alentadoras, bendije a mi buena comadre cochabambina y, pensando en que no me cobraría por la sesión de masajes a mis t'usus, le pregunté a cuánto ascenderían sus honorarios, respondiéndome que éstos llegaban a 200 bolivianos, prometiéndole que le pagaría más tarde porque no llevaba dinero en mis calzones matapasiones.

Ahora me encuentro en buenas condiciones físicas para asistir a todas las convocatorias de mis dirigentes del sector de jubilados porque nuestra causa me parece muy justa, y aprovecharé de tales ocasiones para pedir la renuncia del ministro de Economía, señor Luis Arce Catacora, quien busca ahora dilapidar las reservas del Banco Central de Bolivia, que no son del banco ni del Estado, pues pertenecen al pueblo boliviano.

Parece que es hambre


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, domingo, 24 de abril de 2011

Al concluir la Semana Santa nos dirigimos a dar gracias a nuestro Dios por haber resucitado y también porque habíamos creído que la paz y la tranquilidad retornarían a nuestras ciudades luego del acuerdo suscrito entre el Gobierno y los dirigentes de la Central Obrera Boliviana, por el cual algunos trabajadores asalariados recibiremos un aumento del 12 por ciento.

Grande fue mi asombro cuando me enteré por un yatiri que me dijo en la oreja que las marchas de protesta y los bloqueos continuarán en los próximos días, lo que me llevó a decir: “Parece que a los bolivianos nos gustan los zafarranchos”.

¿Cómo saber lo que nos sucede…? Recurrir a mi amigos cochabambinos que saben mucho más que yo y Macacha juntos, para lo cual volvimos a Cochabamba, aprovechando que tengo una motocicleta Harley Davidson y una comadre chola que la maneja y me colabora en todo. En pocas horas arribamos a la ciudad del Rocha River y nos dirigimos al Bar Comercio (el barco) donde se realizaba un foro debate con el sugestivo título de “El hambre es una enfermedad que sólo se cura comiendo”.

Esta actuación cultural fue organizada por el Ateneo Pericles, que agrupa a varios pensadores grecocochabambinos dirigidos por mi amigo Aristóteles Giorgiadis Quiroga, descendiente de Dan Giorgiadis, quien fue director técnico del club Bolívar hace muchas décadas.

Cuando Macacha, yo y mi motocicleta llegamos al Bar Comercio, varios pensadores cochabambinos habían analizado ya las declaraciones públicas del cochabambino Vicepresidente del Estado Plurinacional Multicolor y Folklórico y habían destrozado su tesis de que la ola de marchas y bloqueos en todo el país había sido un intento fallido de derrocar al Gobierno de nuestro presidente Evo.

Un inteligente pensador de Quillacollo analizó también aquellos episodios y dijo que continuarían mientras los trabajadores bolivianos sigamos sintiendo hambre a pesar del aumento insuficiente del 12 por ciento. El quillacolleño fue muy aplaudido y nos invitó a comer chicharrones en Quillacollo en el mes de abril del año 2040.

Una guapa señora de Colcapirhua, pariente de la concejal cochabambina Ninoska Lazarte, intervino para explicar que no es verdad que a los bolivianos nos guste vivir permanentemente en emergencia, ejecutando marchas y bloqueos, y que nos agradaría vivir en paz y tranquilidad, asistiendo a nuestros empleos y negocios sin zozobra alguna, pero que ese tiempo está lejano, lo cual nos obliga a vivir en medio de sobresaltos.

El foro debate concluyó con una sesuda intervención de mi admirado amigo Aristóteles Giorgiadis Quiroga, quien afirmó que seguiremos viviendo tiempos de zozobra mientras muchísimos trabajadores bolivianos continuemos sintiendo hambre en medio de una crisis que nunca concluye.

Naturalmente no hubo ningún almuerzo, Macacha y yo nos resignamos a servirnos un refrigerio en Patacamaya durante el viaje de retorno.

Felices Pascuas, hermanoy


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, sábado, 23 de abril de 2011

Esta noche, en la Misa de Gloria volverán a repicar las campanas en nuestros templos luego de permanecer calladas durante los días en los que recordamos la Pasión y Muerte de nuestro Redentor, volviendo el gozo a nuestras almas ante el anuncio de la Resurrección del Señor.

Sin adentrarnos en los profundos misterios de nuestra fe católica, mi comadre Macacha y yo vivimos sencillamente, al igual que la mayoría del pueblo boliviano, los días de esta Semana Santa y fue mi pariente espiritual quien me propuso asistir juntos a la Misa de Gloria que se oficiaría en el templo alteño que regenta el padre Obermaier, famoso misionero alemán que evangeliza a los alteños con amor y energía germanas. Después de vivir la misa, mi comadre me invitó al naiclú “Malena” para felicitar a nuestros amigos alteños, porque llegó la Pascua Florida.

La buena cholita cochabambina, que no hizo cursos teológicos de ninguna clase, me dijo:

“De poco serviría haber comulgado en la hermosa misa del Jueves Santo, haber visitado siete templos para adorar la sagrada Eucaristía, haber asistido a la Procesión del Santo Sepulcro y de comulgar otra vez en la Misa de Gloria si no nos acercamos a nuestros hermanos para borrar viejas rencillas y diferencias sociales, políticas y económicas…”.
Sus sabias palabras me emocionaron y le di un abrazo para decirle en su oreja que su mensaje para acercarnos a todos nuestros hermanos me había conmovido y que así procederíamos en El Alto cuando visitemos más tarde a nuestros amigos alteños que concurren al “Malena”. Al concluir la Misa de Gloria, mi comadre Macacha encendió el bello y poderoso motor de mi motocicleta Harley Davidson y me condujo al mencionado local en un breve raid que bautizamos con el nombre de “Polleras al Viento y Felices Pascuas, hermanoy”.

Había mucha gente en los salones del “Malena” cuando Macacha y yo ingresamos sacudiendo nuestras campanillas y repitiendo mi viejo lema de “la paz sea siempre con vosotros, benedicamus dominus, saludos Rorro”, mientras repartíamos besos con nuestros dedos, que iban desde nuestros labios a cada uno de los concurrentes.

Vinieron a nuestro encuentro los yatiris Wayruru, Calimán y Titirico, y nos abrazaron efusivamente mientras yo movía acompasadamente mi incensario que me habían prestado en el templo, perfumando el local que antes olía a trago y cigarrillos.

Conversando con mis amigos yatiris, les pedí perdón porque nunca creí en sus brujerías andinas ni en sabidurías de sus consejos al presidente Evo ni a algunos de sus ministros y me burlé siempre de la Pachamama, las k’oas en su honor, prometiéndoles que a partir de esta Pascua Florida sería más fraternal con ellos. Mi comadre Macacha hacía lo mismo con otros amigos, aunque le recomendé que no les prometiera muchas cosas, porque hay cholos como yo muy aprovechadores: tú les das la mano y te agarran hasta el codo.

Repartimos amor cristianamente. Felices Pascuas, hermanoy.

Recuerdos de aquel Viernes


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, viernes, 22 de abril de 2011

El relato de mis recuerdos de aquella otra vida que viví en Jerusalén en tiempos de Jesús entristeció a mi comadre Macacha, quien derramó unas lágrimas al conocer la tristeza infinita y la angustia que se vivió en Getsemaní y que llevaron al Maestro a derramar lágrimas de sangre, mientras sus discípulos no pudieron orar y velar con él porque se durmieron.

Mi comadre, que no quería perderse un solo detalle de los hechos, me preguntó: “¿Y usted en qué lugar de Getsemaní se hallaba y qué hacía mientras Jesús lloraba sangre al saber todo lo que tendría que padecer para que se cumpliera el plan divino?”. Le respondí que yo me encontraba a prudente distancia de los apóstoles, anotando en mi libreta de periodista todo lo que sucedía, protegido detrás de unos olivares.

Mi respuesta no agradó a la valerosa cochabambina, quien me dijo: “Usted representaba en ese momento a todos los cristianos que cuando perciben el peligro de ser perseguidos por su fe, se ocultan detrás de unos olivares; menos mal que en su vida actual no le tiene miedo a nadie, y menos a los socialistas del siglo XV que no se atreven a declararse ateos y enemigos del cristianismo…”.

Sus palabras me sorprendieron, pero no le dije nada y continúe con mi relato de la Pasión y Muerte de Jesús: “Sentí la llegada de hombres armados y a la cabeza de ellos venía Judas, quien adelantándose a todos se acercó a Jesús, dándole un beso en la frente y diciéndole: ‘¡Salve Maestro!’, como siempre le saludaba a Jesús”. Macacha no se pudo contener y exclamó: “¡Qué maricón y traicionero este Judas, aunque todos los hombres son iguales, te besan y te están traicionando!”. Le pedí que se calmara si quería que continuara con mi relato noticioso.

Mientras Macacha lloraba al saber que los doctores de la ley se llevaban maniatado a Jesús a la casa de Caifás y luego a la casa de Pilatos, Macacha me dijo entre lágrimas y gritos: “Entonces ya en aquellos tiempos la Justicia y el Poder actuaban en contubernio”, pero preferí no hablar de ese asunto y continúe mi relato de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo hasta llegar al monte Calvario, donde Jesús fue crucificado entre dos ladrones.

A esta altura de mi relato, mi comadre Macacha me pidió que callara, porque se le habían acabado sus lágrimas y poniéndose de pie me dijo: “Ahora acompáñeme, compadre, porque a esta hora me han convocado a una Santa Manifestación en protesta por la muerte de Jesusito en la cruz”. Al escucharla me apresuré a aclararle que no se trataba de ninguna manifestación de protesta, sino de la Santa Procesión que se realizaría por las calles de la ciudad en la cual nuestro pueblo acompaña al Cristo yacente y a la Virgen Dolorosa, representados en imágenes que el pueblo venera.

Con la indómita Macacha nos integramos en la Procesión, pero ella, acostumbrada a las manifestaciones, repetía de rato en rato los acostumbrados gritos de “el pueblo unido jamás será vencido…” y otro muy popular que dice: “Fuerza, fuerza, fuerza; fuerza, compañeros, que la lucha es dura, pero venceremos…”.

Una cena inolvidable


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, jueves, 21 de abril de 2011

Cuando le conté a mi comadre Macacha que en una de mis vidas anteriores estuve en Jerusalén en las épocas de Jesús, ella no me creyó, pues nunca había escuchado hablar de reencarnación y transmigración, fenómeno espiritual mediante el cual cada uno de nosotros habría vivido varias veces en épocas diferentes.

Le expliqué como pude ésa mi extravagancia cultural y le aseguré a la cholita cochabambina que ella también pudo haber vivido en la época de los fenicios que fueron los precursores de los grandes comerciantes y banqueros y que de esa experiencia provienen su genio comercial y sus éxitos como prestamista, lo cual la hizo repensar en esa posibilidad.

Ella se dio cuenta de esa posibilidad y me dijo que alguna vez pensó en que también había vivido en los comienzos del siglo XIX, pues siempre se creyó una de las Heroínas de la Coronilla, una creencia que iba a favor de mi teoría. Ya vulnerada su resistencia, me pidió que le contara mi experiencia en Jerusalén durante la vida y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Mi comadre abrió sus orejas cuanto pudo y yo comencé diciéndole que había asistido a la última cena que reunió a Jesús con sus apóstoles, y que no figuro en los cuadros que pintaron los grandes maestros, porque yo me encontraba en la cocina que estaba al lado del comedor, en lo que hasta ahora se llama “la mesa del pellejo”, junto a María, la madre de Jesús, y las santas mujeres que jamás abandonaron al Maestro y le acompañaron hasta la cruz.

Macacha, que es vivísima, me dijo: “Entonces tú estuviste en la mesa del pellejo en calidad de ‘colador’, como hiciste muchas veces en tu vida actual de periodista…”. Teniendo que admitir como verdad lo que acababa de decir la comadre. Sin embargo, continuando con mis recuerdos de esa mi vida anterior, le expliqué a mi comadre que mi madre vivía conmigo en Jerusalén y que ella fue muy amiga de la Virgen María y fue ella quien le pidió a la Virgen que me dejara entrar en la cocina para ver desde allí lo que sucedía en el comedor y escuchar algunas cosas que se decía en la cena entre Jesús y sus apóstoles.

Macacha me preguntó si yo había visto cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos antes de la cena, respondiéndole que sí y que ésa era una vieja costumbre judía. Macacha volvió a interrumpirme para saciar algo de su habitual sensacionalismo, preguntándome: “¿Vio usted a Judas, el apóstol traidor…?”. Respondí que sí, pero que Judas salió de la cena antes que los otros y dijo que tenía que hablar de negocios con sus amigos ricos.

Macacha, para saber si lo que yo le contaba era verdad, me preguntó qué habían comido Jesús y sus amigos y si en la cocina, en la mesa del pellejo, habíamos comido lo mismo. Le respondí sin problemas que todos habíamos comido un corderito pascual y bebimos un vino rojo.

Al final, le conté a Macacha que Jesús invitó a sus amigos a compartir del mismo pan y del mismo vino, poniéndose muy triste al saber que muy pronto moriría.

Macacha se puso también muy triste y ambos quisimos llorar.

Fuimos a confesarnos


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 20 de abril de 2011

Gracias a Dios, llegamos a Cochabamba y, como le sucede a mucha gente, lo primero que sentimos al pisar la capital valluna fue hambre y eso que comimos varias veces durante el viaje. Mi transportadora oficial me dijo: “¿No quisiera usted, compadre, comer un silpanchu antes de conducirlo a su hotel…?”. Comprobé que me había adivinado el pensamiento y le acepté agradecido, no sin antes advertirle que yo no llevaba dinero en el bolsillo porque no había cambiado mis dólares que traje de La Paz.

Fuimos en mi motocicleta Harley Davidson hasta El Palacio del Silpanchu y devoramos ese manjar sin decir palabra hasta dar fin con esa porción reducida de carne, luego de lo cual pudo decirme mi comadre: “Sólo en el Palacio de Gobierno y en el Palacio del Silpanchu se come tan bien, con la diferencia de que aquí hay que pagar la cuenta, mientras que en el Palacio de La Paz todo es gratis, o como usted diría tisgra”.

Luego de ese pequeño anticipo gastronómico, ella me dijo que deberíamos confesarnos para comulgar el Jueves Santo; yo le dije que sí, que lo haríamos, porque yo sólo me acusaba de pocos pecados veniales y me gustaría prepararla para su confesión, para lo cual deberíamos conversar en mi hotel, gesto que me agradeció reconociendo mi regular preparación en materia religiosa.

Sentados frente a la barra del bar, pedí una copa de whisky para mí y una copa de San Mateo para ella, explicándole que San Mateo era para mí el primer evangelista.

Mi comadre me preguntó cuáles eran los principales requisitos para hacer una buena confesión, respondiéndole: “Lo primero que debes hacer es un examen de conciencia, luego, decir tus pecados al confesor, después sentir dolor de corazón por haberlos cometido, luego hacer un propósito de no volver a cometerlos, y luego cumplir la penitencia que te impondrá el confesor”.

La cholita cochabambina abrió los ojos admirando mis conocimientos teológicos, explicándole que sólo era parte del catecismo que aprendí de niño en el colegio San Calixto.

Me preguntó mi pariente espiritual qué era eso del “examen de conciencia”, explicándole que se trata sólo de preguntarse a sí misma acerca de los pecados que cometió de palabra, pensamiento, obra y omisión. “Para usted, comadre, le va a ser difícil este examen de conciencia porque usted es prestamista y casi no tiene conciencia con los que le debemos plata…”. Mis palabras la hicieron reflexionar y estuvo a punto de perdonarme las deudas que tengo con ella, pero prefirió pasar de este tema a otro.

Le sugerí astutamente que hiciera la prueba de confesión diciendome sus pecados cual si fuera el confesor, pero ella, que es vivísima, no cayó en la trampa y me dijo que yo estaba muy lejos de ser un santo confesor, acercándome más para ser considerado un pecador normalucho.

Fuimos juntos a la catedral para confesarnos y como yo estaba al otro lado de su ventanilla del confesionario, escuché sus pecadillos y confirmé mi opinión de que es una buena mujer.

Necesitamos turistas valientes


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 19 de abril de 2011

Directivos de la industria turística y de agencias de viajes empeñados en mostrar los atractivos naturales bolivianos a los viajeros extranjeros informaron que éstos desistieron de visitarnos a raíz de la convulsión que reina en todo el territorio boliviano. Al conocer esa triste noticia, hablé con mi compañera de viajes y transportadora oficial, la señora Margarita viuda de Racacha, para conversar acerca de nuestro destino turístico y espiritual durante los días de Semana Santa. La valerosa cochabambina me dijo que nada teníamos que hablar al respecto porque ella había decidido que pasaríamos los días santos en Cochabamba, donde yo había reservado una habitación en el hotel Cochabamba para mí y otra para ella en el alojamiento Calatayud, en la avenida Aroma.

Prudente como soy, le comuniqué que en estos últimos días se habían producido algunos choques entre bloqueadores de caminos y “valientes” policías que agredieron a colegas periodistas en la Apacheta, robándoles —además— sus equipos de filmación.

Mi valerosa comadre me contestó así:

“No tenga usted miedo, compadre, porque nada malo podrá sucederle en ningún camino de Bolivia, bloqueado o no, mientras su comadre Macacha lo transporte en su motocicleta Harley Davidson”.
Tímidamente puse en conocimiento de mi comadre que las fuerzas sindicales, cuando están en plan de guerra, no respetan ni a los periodistas ni a las mujeres. Me pidió valor y confianza en ella.

Le reiteré que es peligroso dirigirse a cualquier ciudad boliviana porque algunos mineros siguen apoyando a los maestros y otros huelguistas y que no me gustaría morir despachurrado por un cachorro de dinamita, temor que también debieron sentir los turistas extranjeros que pensaban visitar Bolivia.

Al mencionarle el nombre del explosivo, mi audaz transportadora oficial me dijo que cargaría en mi motocicleta la dinamita que guardamos bajo mi lecho conyugal, a lo que me opuse porque podríamos volar ambos por el aire. Ella me hizo caso, pero me avisó que llevaríamos con nosotros una ametralladora liviana para pasar tranquilos los días de Semana Santa.

Hablando de turistas mujeres que fueron secuestradas y asesinadas por delincuentes bolivianos, le conté a mi comadre los casos de una mujer israelí y otra suiza, hechos acaecidos hace varios años. La cochabambina no se inmutó y replicó diciendo:

“Necesitamos realizar nuestra propaganda turística en el exterior dando nuestra bienvenida a turistas valientes que no tengan miedo a los bloqueos de caminos ni a las manifestaciones callejeras, ni a los cachorros de dinamita que los machos mineros bolivianos arrojan a los pies de cualquier transeúnte."

Después de tanto charlar y sin hacer caso a mis prudentes observaciones, mi comadre Macacha me amarró a su cintura y me lanzó por los caminos de Bolivia para pasar unas tranquilas jornadas santas.

Sea valiente como mi comadre. Drop in Bolivia y welcome (Ven un momento y bienvenido).

Comienza la Semana Santa


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, domingo, 17 de abril de 2011

Fatigados por la guerra callejera en la que nos vimos envueltos reclamando un mejor salario para los trabajadores, mi comadre Macacha y yo decidimos ingresar a una tregua por Semana Santa, pues ambos somos católicos militantes, y no como otros que no saben lo que son y en vez de jurar besando la Cruz levantan el puño izquierdo.

Fue la buena cochabambina quien me dijo:

“Mañana (hoy) es Domingo de Ramos y no le gustaría a Jesús vernos con uniforme de combatientes y nuestras armas en ristre, por lo que le sugiero, compadre, guardar nuestras armas y nuestros cachorros de dinamita bajo su lecho conyugal”.
Esta mañana muy temprano vino a buscarme mi comadre despojada ya de sus atuendos militares y vistiendo su pollera morada y su manta de seda negra sobre su blusa blanca, manifestándome que hoy lucía los colores litúrgicos correspondientes a la fecha e informándome, sin que yo se lo pidiera, de que su ropa interior también hacía juego con los colores litúrgicos, lo cual me pareció una exageración.

Cumplida nuestra obligación religiosa y luciendo nuestras palmas como manda la tradición, Macacha me explicó a su manera lo que fue el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén días antes de su crucifixión a manos del mismo pueblo que antes lo recibió alborozado diciendo a su paso “Hosanna en los cielos, bendito sea quien viene en nombre del Señor”.

Yo escuchaba complacido las palabras de la cholita nacida en Cochabamba y educada en Quillacollo, y para que continuara con sus comentarios le pregunté si alguna vez ella había sido recibida triunfalmente en Quillacollo, respondiendo Macacha:

“Claro que sí, compadre, una vez que ingresé al pueblo montada en su motocicleta Harley Davidson, mientras los cholos de mi pueblo me vitoreaban y echaban chicharrones a mi paso para después murmurar cosas terribles sobre mí. Por eso yo no tengo confianza en los cholos de mi pueblo porque son reveseros: un día te vitorean y otro día te abandonan…”.
Para consolarla le dije que los cholos de su pueblo son iguales a los cholos de Jerusalén, a los cholos rusos, alemanes e italianos y también a los cholos españoles, y eso parecería enseñarnos que es uno de los estigmas impresos en la condición humana. Por eso en los Santos Evangelios aprendemos verdades universales.

Al concluir nuestro coloquio, Macacha me propuso viajar en mi motocicleta a Cochabamba para cumplir allí nuestros deberes de Semana Santa, de la Semana Mayor de la Cristiandad, y yo le acepté, aunque le manifesté mi inquietud por lo que pudiera pasar al concluir los días santos. Macacha, iluminada, me respondió:

“A lo mejor se produce la paz entre el Gobierno y los trabajadores, y si no sucede tal cosa, volveremos a La Paz, porque bajo su lecho conyugal hemos guardado nuestros uniformes de campaña, nuestras armas y nuestros cachorros de dinamita que usted compró en la plaza de Huanuni”.

Yatiris derrochadores


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, sábado, 16 de abril de 2011

Cuando me enteré por labios de algunas autoridades de que el Estado entraría en déficit si accediera a aumentar salarios a los trabajadores más allá del 10 por ciento, acudí a mi asesora financiera para preguntar “qué es déficit” y mi comadre Macacha, que sabe tanto, me dijo: “Déficit es lo que le pasa a una persona o una empresa cuando ha gastado más de lo que tiene, que es lo que te pasa a ti todos los meses…”.

Sin saber si avergonzarme o enorgullecerme, dije a la economista cochabambina, doctora oloris causa de la Universidad de Quillacollo, que su respuesta me pareció muy metafísica, pidiéndole que me pusiera ejemplos de gastos excesivos en los que incurrió el Gobierno para llegar a ser deficitario.

En ese momento llegó a nuestra mesa del Malena el yatiri Wayruru, quien pidió una botella de champú francaise para invitarnos con motivo de la efemérides tarijeña, gesto que agradecimos al yatiri derrochador, quien nos dijo confidencialmente que sólo bebe champú desde que trabaja como asesor ocasional del Gobierno.

La espumante bebida nos regocijó y Macacha preguntó al yatiri acerca de las misiones que cumplió por órdenes superiores, declarando Wayruru que su buena suerte comenzó hace algunos años cuando recibió instrucciones para conducir a Sucre legiones de campesinos, llamados “movimientos sociales”, para que se aprobara la nueva Constitución Política. “Eso costó muchos millones, porque yo tuve que pagar alojamiento y comidas a esos mis fervorosos compañeros. ¿De dónde salía la plata…? No lo sé, pero no fue de mis bolsillos, les juro por Dios”.

Siguió contándonos Wayruru que una de las misiones más simpáticas que cumplió fue cuando le ordenaron k'oar, o sea bendecir en nombre de la Pachamama, al nuevo avión presidencial, por el que Bolivia tuvo que pagar algo así como 40 millones de dólares al cash. Fuimos —dijo Wayruru— varios delegados que no sabíamos de aviones y nos alojamos en un regio hotel y allí conocí a los pilotos venezolanos que condujeron el avión hasta Bolivia.

A esta altura de la charla ya habíamos terminado de beber la botella de champú y Wayruru pidió otra, ante nuestra sorpresa al saber cómo Bolivia había derrochado la plata en centenares de viajes a congresos como a Noruega y Cancún, donde nuestros planteamientos planetarios no fueron tomados en cuenta.

Entre los gastos millonarios que más impresionaron a mi comadre estuvo la organización y realización de la Reunión de Tiquipaya, a la cual invitamos a millares de delegados que vinieron desde todas partes del mundo. Fueron tantos los invitados que pudieron llenar un campo de fútbol en Cochabamba. ¿Cuánto se derrochó en pasajes, alojamiento y alimentación de nuestros invitados? Nadie lo sabe.

Macacha me dijo: “¿Ahora entiendes cómo llega el déficit a un país después de haber derrochado tanta plata que fue orgullo del Tesoro Nacional…?”. Wayruru pagó la cuenta y yo me vi obligado a regalarle una propina al mozo que no excedió del 10 por ciento para no entrar en déficit.

Los tarijeños trabajan


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, viernes, 15 de abril de 2011

Mis discípulas de la Academia Carlos Gardel, a quienes doy clases de tango, me preguntaron cuándo reanudaría mi labor suspendida hace dos semanas a raíz del Paro General e Indefinido dispuesto por la Central Obrera Boliviana que acaté disciplinadamente; les respondí que no volvería al trabajo hasta conseguir un aumento salarial del 20 por ciento, porque me va gustando el Bolivian way of life que consiste en trabajar lo menos posible.

Al conocer mi decisión, las señoras y señoritas de la alta sociedad alteña, la más alta de Bolivia, me invitaron a un acto folklórico y literario que se realizaría anoche en los salones del naiclú Malena y que se denominaría Serenata a Tarija que hoy recuerda su efemérides. Pregunté a mis alumnas si podía asistir con una señora de pollera, respondiendo las damas alteñas que algunas de ellas vestirían de la misma manera.

El Malena rebosaba de público, o como diría mi comadre Macacha, “lleno estaba la gente”, y me agradó ver en una mesa a mis amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico que festejaban con vino tarijeño las declaraciones que hizo al programa televisivo No mentirás el expresidente Jaime Paz Zamora, quien junto a los otros presidentes conformará un Consejo Consultivo que sugerirá los mejores pasos para plantear nuestro retorno al mar en tribunales internacionales.

Mientras todos cantaban a Tarija en el día de su fiesta, mi comadre Macacha me preguntó en la oreja si no me gustaría irme a vivir a Tarija, convertido en el departamento más rico de Bolivia, donde ella me acompañaría en pos de hacer buenos negocios. Para hacerme de rogar, le dije que no, porque he sabido que en Tarija los tarijeños trabajan mucho y que por eso prefiero vivir en La Paz, donde vivimos del cuento y de promesas gubernamentales con huelgas, paros y bloqueos que duran semanas. Antes se trabajaba en La Paz y en Tarija se cantaba al amor y a las amancayas. Ahora es al revés: En La Paz son muy pocos los que trabajan y somos muchos los que marchamos y bloqueamos.

Cuando mi sabia comadre ya planeaba invertir su dinero en la bella Tarija, adonde me llevaría como su asesor financiero, reparé que en una mesa alejada se hallaban festejando el 15 de abril algunos amigos tarijeños. Le dije a mi comadre que había visto a mi amigo Édgar Castellanos Mealla, a mi amigo Chafallo Ruiz, a mi amigo Vito Blacut, a mi amigo recién casado Jaime Arellano Castañeda, rodeando a mi amigo guitarrista y cantor el ingeniero Pilulo Zamora, aprestándome a dirigirme a su mesa para abrazarlos en su día. Mi comadre Macacha, que tiene mejor vista que yo y había bebido menos vino que yo, me dijo que esa mesa estaba vacía y que todo era producto de mi imaginación.

Comprendí que había llegado la hora de volver a nuestras casas, pero antes de pagar yo la cuenta, preferí que lo hiciera ella para que la gente no hablara mal de mí y le dije agradecido a mi comadre: “Vámonos a Tarija, comadritay, donde los tarijeños trabajan para vivir y no viven para trabajar como usted y yo, aunque usted trabaja algo más que yo. Y viva Tarija, hermosa tierra del Guadalquivir”.

La Paz sigue en guerra


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, jueves, 14 de abril de 2011

Esta mañana se presentó en mi casa una señora vistiendo un uniforme de campaña igual al que usan los soldados en las películas de guerra y que se ha popularizado en el comercio paceño y que puede ser adquirido sin dificultad alguna, al igual que los uniformes que utilizan los policías y los militares.

Mi empleada, la Winonna, no reconoció a mi visitante y vino a pedir mi autorización para abrirle la puerta:

“Cawallero darling, te busca una señora con uniforme de camuflada y lleva su cara pintada de negro…”.

Como soy intrépido y valiente, salí hasta la puerta y dije a la visitante:
“¡Ponga sus manos en la nuca e ingrese!”.
Miré de cerca su cara pintada de negro y reconocí a mi comadre Macacha, uniformada de combatiente y armada hasta los dientes, y le pregunté cuál era su objetivo bélico.

La buena cochabambina me explicó que la ciudad de La Paz está en guerra desde hace varios años y permanentemente llegan a sus calles centrales legiones de ciudadanos descontentos del Gobierno central, manifestando sus protestas mediante marchas, bloqueos y destrozando parques, calles, avenidas y destruyendo edificios públicos y privados con piedras y estallidos de cartuchos de dinamita.

Con desesperación, me preguntó la cochabambina avecindada en La Paz:

“¿Acaso hemos tenido en los últimos años un alcalde o un prefecto (gobernador) que nos defienda y se oponga a estas permanentes invasiones que perjudican nuestro progreso y el natural desarrollo de nuestras actividades…? Todos se hicieron y se hacen los giles y ha habido veces que hasta han proporcionado alimentos y alojamiento a esos invasores de nuestra ciudad cuyo único pecado es ser la sede del Gobierno”.
Vi que mi comadre tenía razón y pasé a preguntarle por qué se había vestido de combatiente, respondiendo mi valiente pariente espiritual:
“Es que debo ir al mercado Lanza a cobrar a mis clientes los intereses diarios que me pagan por los préstamos que les hice y no puedo llegar hasta allí, porque todo el centro de la ciudad está ocupado por maestros rurales, profesores urbanos de todo el país y mineros que han venido de Potosí y Oruro para hacer estallar cartuchos de dinamita, porque dicen que es ‘su costumbre’, no habiendo autoridad que pueda prohibir sus prácticas bárbaras”.
Me vistió de combatiente al igual que ella, me puso un cuchillo en la boca como si yo fuera Rambo, cargamos en nuestros hombros dos modernos fusiles que ella había comprado en la Feria de El Alto y envolvió nuestros cuerpos con cartuchos de dinamita que siempre guardo bajo mi cama, y salimos al mercado Lanza. Así evadimos a los sindicalistas de todo el país que han invadido la ciudad de La Paz, la cual no goza de paz hace muchos años, sin preocupar tal situación ni a alcaldes, gobernadores, ni legisladores paceños.

“¡Tenderse, levantarse!”, así me ordenaba mi comadre Macacha hasta que llegamos al mercado Lanza y ella pudo cobrar su dinerito que no había sido tan poco, por lo que le dije:

“Deme ese dinero, comadre, yo que soy muy hombre se lo guardaré”.

Expresidentes en el Palacio


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 13 de abril de 2011

¿Qué desea usted, señor?

—Tengo audiencia con el Presidente de la República.

—Aquí no hay ningún Presidente de la República, sólo hay el Presidente del Estado Plurinacional Multicolor y Folklórico.

—Pues he sido invitado para hablar con ese señor.

—No es ningún señor, aquí lo conocemos como el hermano Evo, y si no tiene confianza con él, podría llamarlo compañero Evo o camarada Evo. ¿Quién le ha invitado a usted a conversar con Evo?

—He recibido una invitación del canciller de la República, el señor David Choquehuanca.

—Ah, entonces lo ha debido invitar al Ministerio de Relaciones Exteriores que queda en la otra esquina, en la calle Ingavi esquina Junín.

—No señor, me ha invitado al Palacio de Gobierno, en la plaza Murillo, esquina Ayacucho, al lado de la Santa Catedral de La Paz.

—¿Cuál es su nombre, señor?

—Soy un expresidente de la República de Bolivia, ¿es que usted no conoce la Historia Patria? ¿Es que usted no me reconoce? Cuando yo era Presidente, la guardia se formaba para saludar mi llegada y me rendía honores un escuadrón de los Colorados de Bolivia y una banda interpretaba los compases del Himno Nacional y luego la marcha presidencial.

—La verdad es que no lo reconozco, caballero, porque nunca he estudiado la Historia de Bolivia y en los cinco años que trabajo como jefe y director de esta “prevención”, mis compañeros me han enseñado que la Historia de Bolivia comienza con nuestro hermano Evo y que los anteriores presidentes que ocuparon este histórico palacio fueron neoliberales, corruptos y sirvientes del imperialismo norteamericano.

—Eso le habrán enseñado a usted, pero yo he sido Presidente Constitucional de la República de Bolivia y poco me importa que usted no conozca la Historia de Bolivia y no me hubiera conocido nunca, ni sepa quién soy. Lo único que puedo decirle es que fui invitado a dialogar con el señor Evo Morales, presidente del Estado Plurinacional, y si sigue demorando mi ingreso, me iré porque usted es un empleado impertinente e ignorante.

—No se caliente, caballerito, yo autorizaré su ingreso siempre que me entregue su carnet de identidad y un certificado de la Policía en el que conste la legalidad del carnet.

—No le entregaré mi cédula de identidad, ni mi fotografía en colores en la que aparezco luciendo la medalla del Libertador, ni la banda presidencial.

—No se vaya, caballerito, porque en este momento me comunicaré con mi hermano Evo para preguntarle si es válida la invitación que tiene del canciller Choquehuanca para entrevistarse con él.

(Habla con el presidente Evo y luego le dice al visitante):

—Pase nomás, caballerito, un ordenanza le acompañará a la reunión presidencial. ¡Qué tipo tan parador!

Los niños ya saben mucho


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 12 de abril de 2011

Al saber que hoy es el Día del Niño, mi comadre Macacha me llevó a pasear por uno de los parques de la ciudad porque ella sostiene que los niños y los ancianos nos parecemos mucho, no sólo en ciertas dietas alimenticias, como la ingestión de la leche y los purés, sino por nuestra preferencia por las golosinas como ser caramelos, tortas, pasteles y sándwiches de chola.

Vi en el parque a varios niños entretenidos en juegos propios de su edad, saludando afectuosamente a todos, aunque algunos desconfiaron de mis años y los de Macacha, lo cual me pareció muy inteligente porque en este tiempo hay muchos raptores de niños que practican el secuestro–exprés. Vimos en uno de los bancos del parque a un chiquilín de diez años fumando un cigarrillo, y al verse sorprendido apagó el pucho y me dijo si yo había dejado de fumar debido a mi avanzada edad, contestándole que no, lo cual me abrió las puertas de su confianza para iniciar una conversación.

Le pregunté tontamente por qué fumaba a tan corta edad y el chiquillo me respondió: “El hombre es un cigarrillo, la ceniza que cae es su pasado y el humo que se eleva es su futuro”, respuesta que encantó a mi comadre, quien acarició la cabecita del niño que sonrió ante la chola cochabambina y le preguntó: “¿Usted es la chola de este viejito...?”. Mi comadre se puso roja de vergüenza y le explicó amablemente: “No, chiquito, yo no soy la chola de este viejito, soy solamente su comadre, y lo he invitado a pasear por este parque porque hoy es el Día del Niño…”.

El pequeño le manifestó a mi comadre que él no sabía que hoy era su fiesta porque nadie se lo había dicho, pero mi comadre, que es muy comunicativa, informó al niño que seguramente las autoridades del país y de nuestra ciudad ya se encargarían de enviarle mensajes de salutación, noticia que le importó un rábano al chaval, aunque se expresó de manera más grosera.

Mi comadre, que es muy moderada al hablar, dijo al chiquillo que a ella no le gustaban los niños procaces, saliendo yo en defensa del chiquillo, diciendo a mi comadre: “Pues yo prefiero mil veces a un niño procaz que a un niño precoz”. El rapaz entendió mis palabras y me agradeció, y volvió a preguntar si la chola cochabambina era mi chola o sólo mi comadre. Macacha se encargó de explicarle nuestra relación que la convierte en mi pariente espiritual, pero el crío le dijo: “No le creo porque este viejito tiene cara de piola y, a pesar de tener yo sólo diez años, sé leer en los ojos de los mayores y este abuelito no tiene buenas intenciones”. Mi comadre Macacha trató de defenderme, pero no pudo, pues el niño se despidió de nosotros diciéndole a ella que estaba muy buena y reafirmando que yo soy un viejito piola.

Al concluir nuestro paseo por el parque celebrando el Día del Niño, tuve que decirle a mi comadre: “Los niños de hoy saben mucho y ya no es posible engañarlos con mensajes y salutaciones porque la mayoría de ellos viven en la pobreza y el hambre, y podrían enseñarle al Director Nacional de Estadística cuál es la verdadera inflación que existe en el país”.

Una mujer nos defenderá


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia,domingo, 10 de abril de 2011

Por primera vez en nuestra historia, una mujer fue designada Ministra de Defensa, en reemplazo del señor Rubén Saavedra, quien ocupa la Dirección de Estrategia de Recuperación Marítima. El hecho impactó en la opinión pública, aunque personalmente no me sorprendió, pues hace cerca de dos años es una señora la encargada de mi defensa en esta dura guerra que libro contra la crisis. ¿Sabían ustedes que la Ministra de Defensa en España también apellida Chacón…?

Así también lo entendió mi comadre la señora Margarita viuda de Racacha, quien se presentó en mi domicilio muy ufana para comunicarme la posesión de la señora María Cecilia Chacón Rendón como ministra de Defensa y la obligación nuestra de ir a congratularla en su despacho de la plaza Avaroa.

Esta vez Macacha se había vestido con pollera de terciopelo rojo, blusa blanca de seda y un hermoso mantón negro sobre el cual lucía varias medallas y condecoraciones que nunca me las había mostrado. Al contemplar esas distinciones, le pregunté qué eran esos chullu-chullus que brillaban en su busto, lo cual indignó a mi comadre, quien me contestó indignada:

“¡No son chullu-chullus, carajo, son las condecoraciones que ganó en el Chaco mi heroico marido (que en paz descanse) y que las lucirás tú cuando vayamos a felicitar a la nueva ministra de Defensa, María Cecilia Chacón!”.
Me prendió en el pecho las condecoraciones de su difunto marido (que de Dios goce) y me llevó a pie hasta el Ministerio de Defensa, pues las calles estaban bloqueadas por manifestantes que habían acudido de todo el país. En el largo trayecto, mi comadre me habló de la excelente decisión presidencial por la cual se encargará de la defensa de nuestro país una mujer, como lo hicieran las heroínas de la Coronilla en 1810. Con unción cívica, me preguntó:
“¿Qué hacían los hombres cochabambinos cuando las heroínas defendíamos la colina de San Sebastián…?”.
Respondiéndole en nombre de mis antepasados:
“Estábamos estudiando”.
En el largo camino hacia el Ministerio de Defensa, las personas que reparaban en nosotros se preguntaban:
“¿Quién será esta cholita guapa y garbosa a la que acompaña ese viejito con tantas condecoraciones…?”.
También escuché la respuesta:
“El viejito debe ser un benemérito de la Guerra del Chaco y la cholita debe haberse casado con él con la esperanza de que él muera pronto y cobrar la pensión como viuda del benemérito”.
No pude menos que sonreír ante tales comentarios.

Fatigado por la caminata, pregunté a mi comadre Macacha ¿qué pensarán los militares al tener a una mujer como Ministra de Defensa y tener que cuadrarse ante ella…? La cholita cochabambina me respondió diciendo que no le preguntara sonseras, pues el más valeroso de los militares sabe que la mujer ordena mejor que el hombre, aunque éste grite más y que el más fiero de los generales sabe que el soldado siempre sale derrotado ante los encantos de cualquier mujer.

Cuando llegué al Ministerio de Defensa, un centinela me arrancó las condecoraciones que yo llevaba en el pecho y me dijo que éstas habían sido compradas en la Feria 16 de Julio de El Alto.

Yatiris ofrecen cooperación


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia,sábado, 9 de abril de 2011

Al cabo de tres días de asistir a marchas y bloqueos organizados por la Central Obrera Boliviana, exigiendo mejoras salariales, mi comadre Macacha y yo nos sentimos fatigados y roncos de tanto gritar sin conseguir resultado alguno. Haciendo un alto en el camino, la cholita cochabambina completamente ch'aja (léase afónica) me dijo:

“Esta COB ya no es la de antes y las dinamitas de los mineros asustan sólo a las wawas y no al Gobierno, y a ratos hasta pienso en que ésta fue una ‘marcha charlada’, por lo cual te pido que me invites esta noche al Malena y yo pagaré la cuenta”.
De esa manera, la noche del viernes nos dirigimos al famoso naiclú alteño en busca de brebajes fuertes que aliviaran nuestra fatiga.

Allí encontramos a nuestros amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico que comenzaron por burlarse de nosotros al vernos “descangallados” después de haber hecho caso a las convocatorias de la Central Obrera Boliviana. En cambio, ellos lucían fresquitos y ágiles, pues los últimos días habían pasado conversando con el presidente Evo, el canciller Choquehuanca y el flamante embajador Extraordinario y Plenipotenciario Rubén Saavedra Soto que organizará la Dirección de Recuperación Marítima.

Mi comadre Macacha no pudo disimular su envidia a los yatiris cuando les escuchó contar que habían conocido y habían conversado con ese ciudadano privilegiado que nos conducirá a la recuperación marítima y preguntó a los brujos si para estrechar sus manos había dejado de levantar su cerrado puño izquierdo, cual aparece en las fotografías periodísticas; los yatiris le respondieron que era un masista muy inteligente y que por algo el presidente Evo había puesto sus ojos en él para que representara a Bolivia ante el Tribunal de La Haya y cualesquiera otro tribunal.

Al calor de unos tragos, los yatiris nos contaron que también habían conversado con el canciller David Choquehuanca para que el Estado Plurinacional, Multicolor y Folklórico enviase a los tres yatiris al Tribunal de La Haya, no como embajadores, sino para que éstos pudieran conocer al Presidente de este tribunal como Sumos Sacerdotes Aymaras y Consejeros Espirituales del Canciller boliviano, ocasión que los yatiris aprovecharían para embrujarlo y enamorarlo apasionadamente de Bolivia, manifestándonos el yatiri Wayruru que cuenta con materiales nativos muy secretos para hacerlo sin que nadie se diera cuenta.

Los yatiris Calimán y Titirico cumplirían la misión sagrada de embrujar a los principales miembros de ese alto tribunal, asegurando la eficiencia de sus conocimientos andinos adquiridos tras muchos años de experiencia con cholitas y cholitos desavenidos.

En cuanto a otros sistemas que pudieran favorecer nuestra causa marítima, los yatiris señalaron que también podríamos usar en la ciudad holandesa marchas de apoyo al cargo de movimientos sociales holandeses y bloqueos de caminos y puertos, pues se hallaban convencidos de que deberíamos luchar en esta contienda jurídica con todas las armas bolivianas a nuestro alcance.

Sacrificios truculentos


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, viernes, 8 de abril de 2011

Si quien fue rector de la Universidad de Salamanca hubiera nacido en Cochabamba, don Miguel de Unamuno, habría escrito acerca del sentimiento trágico de la vida de los bolivianos al saber de las permanentes medidas de presión que adoptan muchos paisanos nuestros que reclaman justicia.

Reflexionaba acerca de las características peculiares del hombre boliviano, cuando fui interrumpido por los gritos de mi comadre cochabambina, quien irrumpió en el templo de mis cavilaciones:

“¡Compadre, dicen que hay crucificados en Chonchocoro y otras cárceles de La Paz y que se puede ir a contemplarlos!"
Tranquilicé a mi pariente espiritual invitándole un matecito de toronjil y le expliqué que esas crucifixiones no se habían producido para ofrecer un espectáculo público, sino para obligar a las autoridades a proceder con mayor justicia y para que reconozcan públicamente que con siete bolivianos diarios nadie puede alimentarse.

Ella aceptó mi razonamiento, aunque insistió en lo emocionante y conmovedor que debe ser el contemplar a unos crucificados en pleno siglo XXI, a más de 2.000 años de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén y posteriormente en Roma, donde muchos cristianos sufrieron muerte de cruz en la Roma imperial. Volvió a insistir y dijo:

“¡Vamos a Chonchocoro, compadre, o vamos a la cárcel de mujeres en Obrajes, donde hay reclusas que han anunciado huelgas de hambre, acompañadas de sus wawachas, y hasta las últimas consecuencias!”.
Su insistencia casi morbosa me fastidió y le dije mi rotunda negativa, porque no quería recordar que yo también alguna vez tuve que recurrir a medidas de presión parecidas a las actuales.

La sorprendida cochabambina abrió sus chaskañawis desmesuradamente y me dijo con incredulidad:

“¿Acaso usted, compadre, se autocrucificó alguna vez reclamando por alguna injusticia? Muéstreme sus manos para ver si aún tienen las huellas de los clavos”.
Entonces, dulcemente le expliqué que en nuestro país no nos clavan a una cruz, sino que nos sujetan al madero atando nuestras manos con unos trapos, haciendo lo mismo con nuestros pies y luego nos muestran al público que justamente se conmueve porque se trata de un sacrificio incruento pero conmovedor.

Macacha se desilusionó y continuó escuchando mis palabras, pero sin interés. También le conté que una vez me enterré en señal de protesta contra otra injusticia, explicándole que tal sacrificio es verdadero, pero no es mortal, porque cubrieron mi cuerpecito con tierra, dejando mi cabecita fuera para que pudiera respirar. Tal sacrificio vale, porque la tierra te produce escozores y no puedes rascarte y algunas veces uno que otro gusanillo te recorre el cuerpo impunemente. No quiero disminuir con esta descripción el sacrificio de quienes así se castigan, pero mis palabras desilusionaron a mi comadre Macacha que en su simplicidad había creído en la autenticidad de esos sacrificios, destinados a sensibilizar a las autoridades que en el goce del poder no perciben las injusticias que sufren muchos bolivianos.

Temporada de marchas y bloqueos


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, jueves, 7 de abril de 2011

Ayer le dije a mi empleada la Winonna:

“No estoy para nadie y si alguna persona viene a buscarme, le dices que estoy muy ocupado trabajando de manifestante y que vuelva después de la Semana Santa y si alguien me llamara por teléfono, le dices que no estoy en casa y que he salido a las calles del centro con mi comadre la señora Macacha”.
La Winonna bajó la cabeza en señal de asentimiento y me dijo:
“Okey darling querido, digo, cawallero”.
A los pocos minutos, interrumpiendo mi labor de fabricación de pancartas exigiendo la renuncia del ministro de Economía, señor Luis Arce Catacora, y el aumento de salarios para todos los trabajadores por encima de la verdadera inflación que se empeña en negar el referido Ministro, la Winonna me dijo:
“Cawallero darling, tu tía del Carajo ti está llamando desde las Europas…”.
—Hola, sobrino Von Paulus, hablas con tu tía Clotilde von Karajan Quigoga desde la hegmosa ciudad de Beglín.

—Hola tía teutona, sé que me estás llamando desde ayer, pero ando ocupadísimo porque comenzó la época de marchas y bloqueos y eso me obliga a trabajar sin descanso, porque mi verdadera vocación es la de manifestante, marchista y bloqueador, siendo muy feliz cuando llegan épocas como ésta.

—¡Pobre sobrino mío! ¿Y no considegas peligroso ese trabajo?

—No, tía Clotilde, nunca me ha pasado nada en mis 60 años de manifestante–marchista y bloqueador, porque siempre me pongo al lado de los principales dirigentes, a quienes nunca les sucede nada y por eso duran tanto.

—¿Hay alguien que te acompaña en esas magchas, alguien que pudiega protegegte en caso de peligro?

—Antes me acompañaba mi tía Encarna que es tu hermana, pero ya está muy viejecita; ahora voy a las marchas con mi comadre Macacha que cuando hay represión me oculta bajo sus polleras.

—Con gazón te gusta asistig a las magchas y bloqueos…

—No, tía Von Karajan Quiroga, es que las marchas de protesta me encantan y te repito que hace 60 años he asistido a todas, sin importarme mucho el motivo, y te cuento que algunas veces marché junto al compañero Evo cuando sólo era dirigente de los cocaleros y después diputado. Ahora igual voy a estas marchas para exigirle al presidente Evo mayores aumentos de salarios, porque la plata no me alcanza para vivir dignamente.

—Pego ya me contaste que esa chola pícaga de la Macacha te ayuda con algunos dineguillos en esta época de crisis.

—No, tía Clotilde, Macacha no me ayuda con algunos dinerillos, sino que ella me concede préstamos en dólares que alguna vez tendré que pagarlos, porque me los ha entregado delante de la Virgen del Socavón y me ha hecho jurar ante ella que se los pagaré honrada y cumplidamente.

—Bueno, sobrino, a quien antes llamaba Von Paulus y ahoga debo llamarle Paulino Huanca, cuídate en esta época de magchas y bloqueos que te hacen tan feliz.

Rechazo a un impuestazo


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 6 de abril de 2011

Cuando escucho el anuncio de nuevas medidas económicas que podría adoptar el ministro de Economía, señor Luis Arce Catacora, me pongo a temblar y acudo a mi ministra particular de Finanzas, la señora Margarita de Racacha, más conocida como la señora Macacha en el Wall Street paceño que es el mercado Rodríguez.

Después de que ella hubo cumplido su ímproba tarea de cobrar diariamente los intereses que le deben las cholitas que “se venden” en ese populoso centro comercial por pequeños préstamos de dinero, me acerqué respetuosamente a la prestigiosa prestamista y le solicité una audiencia para consultarle acerca de un grave problema de índole económico, la cual fue concedida en un comedor popular conocido con el nombre de restaurante Mank’a Siñani.

Me pidió que fuese breve, pues luego tendría que dirigirse a un banco para depositar el dinero que había cobrado, a lo que respondí: “Escuché que el Ministro de Economía tiene la idea de dictar un impuesto a los ingresos de ciudadanos como usted y como yo, y como muchos bolivianos”. Mi comadre caviló unos instantes y luego me dijo: “Ese Ministro seguramente está loco y quiere causar nuevos problemas a Evo porque no puede cargar más impuestos a un pueblo que sufre de hambre y carestías, y en estos momentos le exige aumento de sueldos y salarios para poder subsistir…”.

Le pregunté respetuosamente si podría oponerme a tal medida en el caso de que ésta fuera aprobada y me dio su aprobación, adelantándome que ella me acompañaría a todas las manifestaciones, paros y bloqueos que hoy comienzan exigiendo al Gobierno del presidente Evo mejoras salariales superiores a la verdadera inflación que sufre el pueblo y que el Gobierno trata de ocultar. Cuando llegó la hora de pagar, se hizo la loca y se despidió para ir corriendo al banco a depositar los intereses que le habían pagado las pobrecitas vendedoras del mencionado mercado.

Cuando ella salió del banco, yo la esperaba en la puerta y fuimos juntos a incorporarnos a manifestaciones de trabajadores que protestan por nuestros bajos salarios, por el alza de precios en el costo de la vida y también en contra del posible impuestazo, mientras que los cocaleros no pagan ninguno y en Bolivia sólo florece el narcotráfico.

Recordando mis tiempos cuando yo asistía a todas las manifestaciones y bloqueos que organizaba el diputado Evo Morales, me convertí en uno de los más entusiastas manifestantes, contagiando mi fervor protestador (para no decir “protestante”) a mi comadre cochabambina, quien empezó a dar gritos con mejor voz que la mía, exigiendo mejoras salariales para el pueblo trabajador.

Después de cumplir nuestro deber de trabajadores, fuimos a descansar en nuestros respectivos domicilios, prometiendo retornar en horas de la tarde a la manifestación vespertina que protagonizarían los maestros urbanos, como yo le había prometido a la profesora Vilma Plata, mi compañera manifestante desde las épocas del neoliberalismo, junto al entonces diputado Evo Morales.

El Día del Peatón


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 05 de abril de 2011

Cuando me encontraba en Cochabamba escuchando las opiniones de los cochabambinos más inteligentes sobre la decisión del presidente Evo de llevar nuestro problema marítimo con Chile a tribunales internacionales de justicia, vino a buscarme al hotel Colón, donde siempre me hospedo, mi comadre Macacha para comunicarme que el domingo se celebraba el Día del Peatón.

Como no me gusta que nadie me llame peatón porque es una palabra que me suena feo, siendo más chocante que a las mujeres las llamen peatonas, le manifesté a mi comadre que no pensaba celebrar tal día, y la cholita me sorprendió con la noticia de que ya había alquilado dos bicicletas porque las autoridades habían prohibido por 24 horas la circulación de vehículos motorizados para disminuir la emisión de gases tóxicos en la atmósfera cochabambina.

De mala gana comuniqué a mi pariente espiritual que no había llevado a Cochabamba mis atuendos deportivos porque la misión que cumplí el sábado en el Bar Comercio (el Barco) era de carácter intelectual y patriótico, pues comprendí que la decisión de demandar a Chile ante tribunales internacionales había sido súbita y que era menester salir urgentemente en la búsqueda de cochabambinos expertos en Derecho Internacional e Historia de Bolivia y Chile, sin hacer a un lado a expertos que existen en otros departamentos de nuestro país.

Macacha hizo a un lado mi excusa de no contar con adecuados atuendos deportivos para montar en bicicleta todo el día y me dijo: “No se preocupe, compadre, porque le he traído la ropa deportiva que usaba mi marido (que en paz descanse) y que está lavadita y planchadita desde que se fue para siempre; creo también que le quedará un poco grande porque el difunto era más alto y gordo que usted, pero con la velocidad de la bici nadie lo advertirá…”.

Vestí la ropa deportiva del señor Trifón Racacha y monté en la bicicleta que su viuda había alquilado en el Día del Peatón, vistiendo ella un pollerín corto que seguramente usó en su viaje de bodas a Tiraque, que lo hicieron en bicicleta desde Cochabamba.

Después de unos minutos de pedaleo, en el Día del Peatón, ella me comunicó que formaríamos parte de la caravana presidencial que cumpliría el recorrido Cochabamba–Sacaba, ida y vuelta, o sea 24 kilómetros en total, sorprendiéndome que un centenar de ciclistas rodeaban al presidente Evo para protegerlo. El pequeño pollerín que lucía la ciclista Macacha fue aplaudido por algunos espectadores, preguntándose algunos quién era el viejito que protegía a la ciclista.

Gran parte del recorrido fui felicitándome como boliviano de tener a un presidente tan deportista, pues la radio me había informado antes que “el presidente de Chile, señor Piñera, había declarado a los chilenos que defendería la integridad del territorio chileno con valor y prudencia”.

La doble Sacaba fue cumplida con éxito por Macacha y este viejito que lució los atuendos deportivos del que fuera el marido de una viuda guapa y con mucha plata.

Mar para Cochabamba


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, domingo, 3 de abril de 2011

Mientras nuestro canciller Choquehuanca pide a instituciones y personajes bolivianos mucha prudencia al emitir sus opiniones acerca de nuestra marcha hacia el mar para no proporcionar argumentos que podría utilizar Chile en su favor, los cochabambinos opinan lo contrario y todo quisque viviente y agrupación llajtamasi sostiene que es precisamente ahora cuando todos deberíamos contribuir con nuestras opiniones y pronunciamientos para que Bolivia no “meta la pata” en La Haya, cuyo fallo es inapelable.

Para ordenar esas contribuciones personales y colectivas, el Ateneo Pericles, dirigido por mi amigo el pensador greco–cochabambino Aristóteles Giorgiadis Quiroga, se declaró en sesión permanente en los salones del afamado Bar Comercio (El Barco), a la cual fueron invitados los hombres inteligentes de Cochabamba y este humilde periodista paceño que fue designado “Amigo de Cochabamba” mediante ordenanza emitida en septiembre del pasado año por el Concejo Municipal.

Tuve que asistir acompañado de mi comadre la señora Margarita viuda de Racacha, más conocida por la afición política y deportiva del país como Macacha, no porque me gusta ir siempre prendido a sus polleras, sino porque fue designada como mi transportadora oficial.

Un eminente ciudadano cochabambino me preguntó acerca de la persona que sería designada por el presidente Evo como director o capo de la Comisión de Recuperación Marítima, respondiendo que se hablaba con mucha insistencia del señor Héctor Arce Zaconeta, presidente de la Cámara de Diputados y hombre prominente del MAS. El nombre de tal ciudadano pasó a la Comisión de Genealogía y Heráldica para averiguar si entre sus ascendientes hubo algún cochabambino, lo que se sabría si su primer apellido se escribe con “c” o con “z”.

Un cochabambino procedente de Tarata se opuso a tal designación señalando que Héctor Arce antes de ser presidente de Diputados fue representante ante Comisiones de Arbitraje que funcionaron a raíz de la nacionalización o estatización de empresas extranjeras que operaban en el país, preguntando:

“¿Cuánto tuvo que pagar Bolivia a Entel y otras empresas? De ser así, el señor Arce no serviría mucho a Bolivia en caso de tener que defender nuestra causa en La Haya u otro tribunal dirimidor”.
Me gustaron las palabras del tarateño, sobre todo cuando dijo:
“No es suficiente ser masista ni amigo del presidente Evo para garantizar el triunfo de la causa marítima ante La Haya u otro tribunal”.
En el asunto de fondo, mi amigo Aristóteles Giorgiadis Quiroga sostuvo que Bolivia es un país mediterráneo desde 1879, pero que Cochabamba es más mediterránea todavía, porque está en el centro de un país mediterráneo y que ya es hora de pensar en solucionar esa mediterraneidad duplicada, por lo que los gobernantes deberían pensar en crear un corredor con soberanía propia entre Cochabamba y el océano Pacífico, pasando por territorios que fueron nuestros.

Sigue aún la sesión permanente en el Bar Comercio, donde la cerveza Taquiña será consumida por tiempo y materia.

Las empleadas del hogar


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, sábado, 2 de abril de 2011

En días pasados se celebró el Día de las Empleadas del Hogar y el Ministro de Trabajo les concedió día libre como si él las hubiera contratado y les pagara sueldo, lo cual me molestó porque me pareció una intromisión en mis asuntos domésticos, en los que yo ejerzo la máxima autoridad.

Felizmente, en medio de mi enfado por esa intromisión autoritaria en mis asuntos hogareños por un servidor público con título ministerial, llegó una invitación del Directorio del naiclú Malena para un baile en honor de las empleadas del hogar que celebraban su día; lo extraño de la invitación era que yo debería asistir con la Winonna, que así se llama mi empleada en honor de una célebre artista de cine, aunque ella fue bautizada por el cura de Quillacollo con el nombre de Rosenda.

Vino mi comadre Macacha para acompañarme al baile como lo hace normalmente desde que mi esposa viajó a España y le encomendó mi protección física, espiritual y financiera y tuve que decirle a la cochabambina que ella no estaba invitada al baile, pues yo debía asistir con Winonna que celebraba su día.

La pariente espiritual me manifestó en voz muy alta que ella era y es mi pareja oficial, mostrándome la carta–poder que le había dejado mi esposa antes de viajar a Zaragoza, argumentando además que ella es socia del naiclú Malena y paga sus cuotas puntualmente cada mes y también las mías, porque siempre me hago el olvidadizo; para concluir me dijo: “Yo la llevaré a Winonna en tu motocicleta Harley Davidson y tú irás hasta El Alto en minibús”. Para no discutir por tonterías, acepté la decisión de mi comadre cochabambina y cuando llegué al Malena dos horas después, encontré a Macacha y a Winonna ocupando la mesa que estaba destinada con una tarjeta que decía “Reservada para el señor Paulino Huanca y su empleada la señorita Winonna”.

Atraídos por la juventud y belleza natural de mi imilla, perdón de la chota, perdón, de la señorita Winonna, llegaron muchos socios del Malena a mi mesa y la empleadita bailó con entusiasmo mientras yo les contaba a los espontáneos “coladores” que el primer Embajador de Bolivia y de Evo en los EEUU organizó una recepción diplomática en nuestra Embajada de Washington, festejando un día similar a éste, invitó a muchos embajadores y diplomáticos rogándoles que asistieran acompañados por sus empleadas domésticas. La fiesta del Embajador boliviano tuvo poco éxito, pues casi nadie acudió al convite.

Felizmente, los cholos bolivianos —como yo— somos diferentes y la fiesta en el Malena fue todo un éxito, aunque mi comadre Macacha no me permitió bailar ni una sola vez con mi empleadita la Winonna, cuya fiesta resultó muy alegre. Al llegar la medianoche, la generosa Macacha descoronó una botella de champaña en honor de la Winonna, y ésta al saborear la extraña bebida preguntó a mi comadre qué se llamaba esta agua con agujeritos y también quiso saber si esa exótica bebida no era “afroasiática”, queriendo decir afrodisiaca.

¡Que viva la Winonna y que vivan todas las empleadas de hogar!

Proliferación de yatiris


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, viernes, 1 de abril de 2011

Como lo hacen muchos ciudadanos, acudo semanalmente a la Feria 16 de Julio a comprar para mi uso algunas prendas de vestir que provienen de Estados Unidos, como ser chamarritas que seguramente vistieron sabios estudiantes de la Universidad de Harvard o la de Stamford, sin haber pisado esas famosas universidades, adquiriendo además finas camisas, corbatas y también calzoncillos poco usados e higienizados, a precios increíbles.

Cuando tengo suerte, también suelo comprar repuestos para mi motocicleta y para los automóviles de algunos amigos míos, y no falto a la verdad cuando les cuento que he comprado armas que pertenecieron a militares y policías para mi uso personal en defensa propia. En resumen: en la mencionada feria alteña hay de todo y a precios bajísimos.

Sin embargo, el último sábado que estuve allí me contaron que en los alrededores de la Feria 16 de Julio, los alteños habían expulsado a cerca de 200 falsos yatiris que hacían su agosto haciéndose pasar cual si fueran yatiris auténticos que dominaban las artes de la adivinación y el brujerío, engañando a un público inocente que anda preocupado al no saber qué le pasará mañana y qué comerá pasado mañana.

Al saber de esta eclosión de falsos yatiris, lo primero que me dije fue: estos falsos yatiris son una competencia desleal a mis amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico, que son verdaderos profesionales, graduados en centros especializados de Achacachi, Patacamaya y Ayo Ayo, yendo en busca de ellos para que todos juntos pidamos al Gobierno garantías para el trabajador profesional.

Los encontré chupando en el Naiclú Malena, como de costumbre. Cuando les comuniqué la noticia periodística, uno de ellos me respondió que los yatiris proliferan en épocas de crisis, porque nuestra gente no sabe lo que podrá suceder mañana.

Wayruru, que es más inteligente que los otros dos, me dijo con tono de profeta: “Ahora, ante el anuncio presidencial de que Bolivia acudirá a tribunales internacionales de justicia para recuperar nuestra condición marítima, aparecerán centenares de yatiris ante el presidente Evo, ofreciendo sus servicios como ‘asesores marítimos’”. Al escuchar la profecía de Wayruru, dije a mis amigos yatiris: “Entonces, ahora es el momento para prevenir al Presidente sobre esos falsos yatiris que llegarán hasta el Palacio, sólo para ganar notoriedad”.

Los yatiris Wayruru, Calimán y Titirico, brujos andinos profesionales y que actúan —según ellos dicen— al servicio eventual de nuestro actual canciller David Choquehuanca, no se mostraron preocupados por la proliferación de yatiris en la Feria 16 de Julio en la querida ciudad de El Alto y me dijeron muy sueltos de cuerpo que en nuestro país hay sitio para millares de yatiris que tratarán de resolver, a su manera, los muchos problemas que afronta nuestro atribulado país, lo cual me puso un poco optimista al pensar que yo también podría convertirme en yatiri después de 60 años de ejercer el oficio de periodista.

Chávez, nuestro tío rico


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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La Paz - Bolivia, jueves, 31 de marzo de 2011

Los personajes mundiales que visitan Bolivia ya no llegan a La Paz: Shakira llegó a Santa Cruz y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, llega a Cochabamba para entrevistarse con el presidente Evo Morales, ciudad a la que me condujo mi comadre Macacha en retribución al viaje que le pagué para que fuera conmigo a admirar las caderas y el arte de la colombiana.

Es que mi comadre vive la vida con entusiasmo y le gusta estar en los grandes acontecimientos y por eso el martes pasado me arrancó de mi rutina cuando llegó a mi casa dando gritos: “¡Compadre, deje de pensar en el retorno al mar porque acaba de hablar el presidente Evo por la radio Panamericana y ha dicho que mañana llegará a Cochabamba nuestro tío rico!”.

Al saber que teníamos un tío rico, salí del cuarto de baño donde estaba meditando sobre el problema marítimo y pregunté a mi comadre quién era nuestro tío rico y dónde podríamos declararle nuestro cariño, respondiendo: “Es el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien el miércoles llegará a Cochabamba procedente de Buenos Aires”. Me quedé mirándola a mi parienta espiritual para que me explicara el parentesco con un personaje tan famoso, contestando ella con su lógica de Ayopaya: “Si el presidente Chávez es el hermano de Evo Morales y nuestro Presidente es el padre de todos los bolivianos, luego: Hugo Chávez Frías es nuestro tío rico”.

Quise explicarle que el presidente Evo sólo era padre putativo de todos los bolivianos, pero temí meterme en líos mayores y me quedé convencido de que Evo era nuestro padre y Hugo nuestro tío rico, al cual debíamos ir a saludar afectuosamente en Cochabamba.

Tomada la decisión de trasladarnos al valle cochabambino y tal vez al Chapare, busqué mis atuendos de cocalero y pregunté a mi comadre si sabía los motivos del viaje del tío rico, perdón, del presidente Chávez, por varios países de América del Sur y especialmente por Argentina y Bolivia. Como Macacha se entera de todo en el mercado Rodríguez que es el Wall Street de las cholitas, me dijo: “Supe que el tío rico salió de compras por Argentina y Bolivia porque la crisis alimentaria golpea duramente al pueblo venezolano que sufre la carestía de productos esenciales para la nutrición y la salud de ese pueblo. Me han dicho que fue a la Argentina para adquirir carne, sabiendo que la señora Cristina Fernández le debe favores al tío rico, quien en épocas electorales le mandaba dólares para su campaña… Ahora el tío rico le está cobrando de alguna manera…”.

Como dicen que yo soy periodista, dije a la cholita cochabambina: “Algo supe de ese asunto leyendo en los periódicos”. Mientras hacía mi valija pregunté a Macacha si el tío rico también venía de compras, respondiéndome: “Evo también le debe muchas cosas y nuestra deuda con Venezuela es cuantiosa y misteriosa. A lo mejor el tío rico viene a cobrar a su hermano Evo, o quiere cobrar algo en alimentos”.

Dije a mi comadre Macacha: “Mejor no iremos porque nosotros tampoco tenemos muchos alimentos y plata”, pero ella insistió y me dijo: “Vamos a saludar al tío rico y punto”. Ahora estamos en Cochabamba.

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