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Los tarijeños trabajan


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 15 de abril de 2011

Mis discípulas de la Academia Carlos Gardel, a quienes doy clases de tango, me preguntaron cuándo reanudaría mi labor suspendida hace dos semanas a raíz del Paro General e Indefinido dispuesto por la Central Obrera Boliviana que acaté disciplinadamente; les respondí que no volvería al trabajo hasta conseguir un aumento salarial del 20 por ciento, porque me va gustando el Bolivian way of life que consiste en trabajar lo menos posible.

Al conocer mi decisión, las señoras y señoritas de la alta sociedad alteña, la más alta de Bolivia, me invitaron a un acto folklórico y literario que se realizaría anoche en los salones del naiclú Malena y que se denominaría Serenata a Tarija que hoy recuerda su efemérides. Pregunté a mis alumnas si podía asistir con una señora de pollera, respondiendo las damas alteñas que algunas de ellas vestirían de la misma manera.

El Malena rebosaba de público, o como diría mi comadre Macacha, “lleno estaba la gente”, y me agradó ver en una mesa a mis amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico que festejaban con vino tarijeño las declaraciones que hizo al programa televisivo No mentirás el expresidente Jaime Paz Zamora, quien junto a los otros presidentes conformará un Consejo Consultivo que sugerirá los mejores pasos para plantear nuestro retorno al mar en tribunales internacionales.

Mientras todos cantaban a Tarija en el día de su fiesta, mi comadre Macacha me preguntó en la oreja si no me gustaría irme a vivir a Tarija, convertido en el departamento más rico de Bolivia, donde ella me acompañaría en pos de hacer buenos negocios. Para hacerme de rogar, le dije que no, porque he sabido que en Tarija los tarijeños trabajan mucho y que por eso prefiero vivir en La Paz, donde vivimos del cuento y de promesas gubernamentales con huelgas, paros y bloqueos que duran semanas. Antes se trabajaba en La Paz y en Tarija se cantaba al amor y a las amancayas. Ahora es al revés: En La Paz son muy pocos los que trabajan y somos muchos los que marchamos y bloqueamos.

Cuando mi sabia comadre ya planeaba invertir su dinero en la bella Tarija, adonde me llevaría como su asesor financiero, reparé que en una mesa alejada se hallaban festejando el 15 de abril algunos amigos tarijeños. Le dije a mi comadre que había visto a mi amigo Édgar Castellanos Mealla, a mi amigo Chafallo Ruiz, a mi amigo Vito Blacut, a mi amigo recién casado Jaime Arellano Castañeda, rodeando a mi amigo guitarrista y cantor el ingeniero Pilulo Zamora, aprestándome a dirigirme a su mesa para abrazarlos en su día. Mi comadre Macacha, que tiene mejor vista que yo y había bebido menos vino que yo, me dijo que esa mesa estaba vacía y que todo era producto de mi imaginación.

Comprendí que había llegado la hora de volver a nuestras casas, pero antes de pagar yo la cuenta, preferí que lo hiciera ella para que la gente no hablara mal de mí y le dije agradecido a mi comadre: “Vámonos a Tarija, comadritay, donde los tarijeños trabajan para vivir y no viven para trabajar como usted y yo, aunque usted trabaja algo más que yo. Y viva Tarija, hermosa tierra del Guadalquivir”.

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