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Felices Pascuas, hermanoy


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 23 de abril de 2011

Esta noche, en la Misa de Gloria volverán a repicar las campanas en nuestros templos luego de permanecer calladas durante los días en los que recordamos la Pasión y Muerte de nuestro Redentor, volviendo el gozo a nuestras almas ante el anuncio de la Resurrección del Señor.

Sin adentrarnos en los profundos misterios de nuestra fe católica, mi comadre Macacha y yo vivimos sencillamente, al igual que la mayoría del pueblo boliviano, los días de esta Semana Santa y fue mi pariente espiritual quien me propuso asistir juntos a la Misa de Gloria que se oficiaría en el templo alteño que regenta el padre Obermaier, famoso misionero alemán que evangeliza a los alteños con amor y energía germanas. Después de vivir la misa, mi comadre me invitó al naiclú “Malena” para felicitar a nuestros amigos alteños, porque llegó la Pascua Florida.

La buena cholita cochabambina, que no hizo cursos teológicos de ninguna clase, me dijo:

“De poco serviría haber comulgado en la hermosa misa del Jueves Santo, haber visitado siete templos para adorar la sagrada Eucaristía, haber asistido a la Procesión del Santo Sepulcro y de comulgar otra vez en la Misa de Gloria si no nos acercamos a nuestros hermanos para borrar viejas rencillas y diferencias sociales, políticas y económicas…”.
Sus sabias palabras me emocionaron y le di un abrazo para decirle en su oreja que su mensaje para acercarnos a todos nuestros hermanos me había conmovido y que así procederíamos en El Alto cuando visitemos más tarde a nuestros amigos alteños que concurren al “Malena”. Al concluir la Misa de Gloria, mi comadre Macacha encendió el bello y poderoso motor de mi motocicleta Harley Davidson y me condujo al mencionado local en un breve raid que bautizamos con el nombre de “Polleras al Viento y Felices Pascuas, hermanoy”.

Había mucha gente en los salones del “Malena” cuando Macacha y yo ingresamos sacudiendo nuestras campanillas y repitiendo mi viejo lema de “la paz sea siempre con vosotros, benedicamus dominus, saludos Rorro”, mientras repartíamos besos con nuestros dedos, que iban desde nuestros labios a cada uno de los concurrentes.

Vinieron a nuestro encuentro los yatiris Wayruru, Calimán y Titirico, y nos abrazaron efusivamente mientras yo movía acompasadamente mi incensario que me habían prestado en el templo, perfumando el local que antes olía a trago y cigarrillos.

Conversando con mis amigos yatiris, les pedí perdón porque nunca creí en sus brujerías andinas ni en sabidurías de sus consejos al presidente Evo ni a algunos de sus ministros y me burlé siempre de la Pachamama, las k’oas en su honor, prometiéndoles que a partir de esta Pascua Florida sería más fraternal con ellos. Mi comadre Macacha hacía lo mismo con otros amigos, aunque le recomendé que no les prometiera muchas cosas, porque hay cholos como yo muy aprovechadores: tú les das la mano y te agarran hasta el codo.

Repartimos amor cristianamente. Felices Pascuas, hermanoy.

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