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Comienza la Semana Santa


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 17 de abril de 2011

Fatigados por la guerra callejera en la que nos vimos envueltos reclamando un mejor salario para los trabajadores, mi comadre Macacha y yo decidimos ingresar a una tregua por Semana Santa, pues ambos somos católicos militantes, y no como otros que no saben lo que son y en vez de jurar besando la Cruz levantan el puño izquierdo.

Fue la buena cochabambina quien me dijo:

“Mañana (hoy) es Domingo de Ramos y no le gustaría a Jesús vernos con uniforme de combatientes y nuestras armas en ristre, por lo que le sugiero, compadre, guardar nuestras armas y nuestros cachorros de dinamita bajo su lecho conyugal”.
Esta mañana muy temprano vino a buscarme mi comadre despojada ya de sus atuendos militares y vistiendo su pollera morada y su manta de seda negra sobre su blusa blanca, manifestándome que hoy lucía los colores litúrgicos correspondientes a la fecha e informándome, sin que yo se lo pidiera, de que su ropa interior también hacía juego con los colores litúrgicos, lo cual me pareció una exageración.

Cumplida nuestra obligación religiosa y luciendo nuestras palmas como manda la tradición, Macacha me explicó a su manera lo que fue el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén días antes de su crucifixión a manos del mismo pueblo que antes lo recibió alborozado diciendo a su paso “Hosanna en los cielos, bendito sea quien viene en nombre del Señor”.

Yo escuchaba complacido las palabras de la cholita nacida en Cochabamba y educada en Quillacollo, y para que continuara con sus comentarios le pregunté si alguna vez ella había sido recibida triunfalmente en Quillacollo, respondiendo Macacha:

“Claro que sí, compadre, una vez que ingresé al pueblo montada en su motocicleta Harley Davidson, mientras los cholos de mi pueblo me vitoreaban y echaban chicharrones a mi paso para después murmurar cosas terribles sobre mí. Por eso yo no tengo confianza en los cholos de mi pueblo porque son reveseros: un día te vitorean y otro día te abandonan…”.
Para consolarla le dije que los cholos de su pueblo son iguales a los cholos de Jerusalén, a los cholos rusos, alemanes e italianos y también a los cholos españoles, y eso parecería enseñarnos que es uno de los estigmas impresos en la condición humana. Por eso en los Santos Evangelios aprendemos verdades universales.

Al concluir nuestro coloquio, Macacha me propuso viajar en mi motocicleta a Cochabamba para cumplir allí nuestros deberes de Semana Santa, de la Semana Mayor de la Cristiandad, y yo le acepté, aunque le manifesté mi inquietud por lo que pudiera pasar al concluir los días santos. Macacha, iluminada, me respondió:

“A lo mejor se produce la paz entre el Gobierno y los trabajadores, y si no sucede tal cosa, volveremos a La Paz, porque bajo su lecho conyugal hemos guardado nuestros uniformes de campaña, nuestras armas y nuestros cachorros de dinamita que usted compró en la plaza de Huanuni”.

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