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Las empleadas del hogar


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 2 de abril de 2011

En días pasados se celebró el Día de las Empleadas del Hogar y el Ministro de Trabajo les concedió día libre como si él las hubiera contratado y les pagara sueldo, lo cual me molestó porque me pareció una intromisión en mis asuntos domésticos, en los que yo ejerzo la máxima autoridad.

Felizmente, en medio de mi enfado por esa intromisión autoritaria en mis asuntos hogareños por un servidor público con título ministerial, llegó una invitación del Directorio del naiclú Malena para un baile en honor de las empleadas del hogar que celebraban su día; lo extraño de la invitación era que yo debería asistir con la Winonna, que así se llama mi empleada en honor de una célebre artista de cine, aunque ella fue bautizada por el cura de Quillacollo con el nombre de Rosenda.

Vino mi comadre Macacha para acompañarme al baile como lo hace normalmente desde que mi esposa viajó a España y le encomendó mi protección física, espiritual y financiera y tuve que decirle a la cochabambina que ella no estaba invitada al baile, pues yo debía asistir con Winonna que celebraba su día.

La pariente espiritual me manifestó en voz muy alta que ella era y es mi pareja oficial, mostrándome la carta–poder que le había dejado mi esposa antes de viajar a Zaragoza, argumentando además que ella es socia del naiclú Malena y paga sus cuotas puntualmente cada mes y también las mías, porque siempre me hago el olvidadizo; para concluir me dijo: “Yo la llevaré a Winonna en tu motocicleta Harley Davidson y tú irás hasta El Alto en minibús”. Para no discutir por tonterías, acepté la decisión de mi comadre cochabambina y cuando llegué al Malena dos horas después, encontré a Macacha y a Winonna ocupando la mesa que estaba destinada con una tarjeta que decía “Reservada para el señor Paulino Huanca y su empleada la señorita Winonna”.

Atraídos por la juventud y belleza natural de mi imilla, perdón de la chota, perdón, de la señorita Winonna, llegaron muchos socios del Malena a mi mesa y la empleadita bailó con entusiasmo mientras yo les contaba a los espontáneos “coladores” que el primer Embajador de Bolivia y de Evo en los EEUU organizó una recepción diplomática en nuestra Embajada de Washington, festejando un día similar a éste, invitó a muchos embajadores y diplomáticos rogándoles que asistieran acompañados por sus empleadas domésticas. La fiesta del Embajador boliviano tuvo poco éxito, pues casi nadie acudió al convite.

Felizmente, los cholos bolivianos —como yo— somos diferentes y la fiesta en el Malena fue todo un éxito, aunque mi comadre Macacha no me permitió bailar ni una sola vez con mi empleadita la Winonna, cuya fiesta resultó muy alegre. Al llegar la medianoche, la generosa Macacha descoronó una botella de champaña en honor de la Winonna, y ésta al saborear la extraña bebida preguntó a mi comadre qué se llamaba esta agua con agujeritos y también quiso saber si esa exótica bebida no era “afroasiática”, queriendo decir afrodisiaca.

¡Que viva la Winonna y que vivan todas las empleadas de hogar!

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