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Yatiris derrochadores


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 16 de abril de 2011

Cuando me enteré por labios de algunas autoridades de que el Estado entraría en déficit si accediera a aumentar salarios a los trabajadores más allá del 10 por ciento, acudí a mi asesora financiera para preguntar “qué es déficit” y mi comadre Macacha, que sabe tanto, me dijo: “Déficit es lo que le pasa a una persona o una empresa cuando ha gastado más de lo que tiene, que es lo que te pasa a ti todos los meses…”.

Sin saber si avergonzarme o enorgullecerme, dije a la economista cochabambina, doctora oloris causa de la Universidad de Quillacollo, que su respuesta me pareció muy metafísica, pidiéndole que me pusiera ejemplos de gastos excesivos en los que incurrió el Gobierno para llegar a ser deficitario.

En ese momento llegó a nuestra mesa del Malena el yatiri Wayruru, quien pidió una botella de champú francaise para invitarnos con motivo de la efemérides tarijeña, gesto que agradecimos al yatiri derrochador, quien nos dijo confidencialmente que sólo bebe champú desde que trabaja como asesor ocasional del Gobierno.

La espumante bebida nos regocijó y Macacha preguntó al yatiri acerca de las misiones que cumplió por órdenes superiores, declarando Wayruru que su buena suerte comenzó hace algunos años cuando recibió instrucciones para conducir a Sucre legiones de campesinos, llamados “movimientos sociales”, para que se aprobara la nueva Constitución Política. “Eso costó muchos millones, porque yo tuve que pagar alojamiento y comidas a esos mis fervorosos compañeros. ¿De dónde salía la plata…? No lo sé, pero no fue de mis bolsillos, les juro por Dios”.

Siguió contándonos Wayruru que una de las misiones más simpáticas que cumplió fue cuando le ordenaron k'oar, o sea bendecir en nombre de la Pachamama, al nuevo avión presidencial, por el que Bolivia tuvo que pagar algo así como 40 millones de dólares al cash. Fuimos —dijo Wayruru— varios delegados que no sabíamos de aviones y nos alojamos en un regio hotel y allí conocí a los pilotos venezolanos que condujeron el avión hasta Bolivia.

A esta altura de la charla ya habíamos terminado de beber la botella de champú y Wayruru pidió otra, ante nuestra sorpresa al saber cómo Bolivia había derrochado la plata en centenares de viajes a congresos como a Noruega y Cancún, donde nuestros planteamientos planetarios no fueron tomados en cuenta.

Entre los gastos millonarios que más impresionaron a mi comadre estuvo la organización y realización de la Reunión de Tiquipaya, a la cual invitamos a millares de delegados que vinieron desde todas partes del mundo. Fueron tantos los invitados que pudieron llenar un campo de fútbol en Cochabamba. ¿Cuánto se derrochó en pasajes, alojamiento y alimentación de nuestros invitados? Nadie lo sabe.

Macacha me dijo: “¿Ahora entiendes cómo llega el déficit a un país después de haber derrochado tanta plata que fue orgullo del Tesoro Nacional…?”. Wayruru pagó la cuenta y yo me vi obligado a regalarle una propina al mozo que no excedió del 10 por ciento para no entrar en déficit.

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