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Mi secreto bancario



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 10 de diciembre de 2009

La otra mañana, mi esposa y yo nos encontrábamos leyendo los periódicos en nuestro lecho conyugal cuando ella dio un grito y me dijo sobresaltada: “¡Una de las primeras medidas que dictará el nuevo gobierno del Evo será la de abolir el secreto bancario!", preguntándole de qué se alarmaba si estábamos echados sobre nuestro banco, o encima de nuestro colchón, hoy conocido mundialmente como el Bolivian Colchón Bank.

Mis palabras no la tranquilizaron pues quiso saber si los investigadores financieros del Movimiento Al Socialismo podrían ingresar en nuestra alcoba matrimonial y proceder a despanzurrar nuestro colchón en busca de nuestros ahorros. Le negué tal posibilidad pues tendrían que hacer lo mismo y con mayor razón con las cholas de todo el país que guardan su dinero en sus colchones. La española me dio un casto beso en la oreja y alabó mi sabiduría financiera, agradeciéndole con una venia cortés aprendida de una cortesana muy adinerada que conocí en mi juventud.

Meditando sobre el secreto bancario, mi esposa dedujo que los genios políticos y financieros del MAS parece que quisieran saber los nombres de las personas que tienen plata en nuestro país, pero olvidan que esos recursos no se encuentran en los bancos, sino en sus k’epis escondidos bajo sus camas o en sus roperos, o en sus bacinicas forradas en plástico y enterradas en sus propiedades urbanas, semiurbanas o rurales, o metidas en grandes tinajas que un día fueron de chicha.

Ella que es muy perspicaz me preguntó: “¿Dónde guardan su plata las contrabandistas millonarias?”. En ningún banco del país, pues posiblemente se encuentren depositados en bancos de Chile, Perú, Argentina y Estados Unidos. Me preguntó mi opinión al respecto y le dije cual si fuera un Chicago Boy: “Hacen bien, sobre todo ahora que sabemos que el gobernante de Venezuela, Chávez, acaba de arremeter contra varias entidades bancarias en su país, lo que me obliga a parafrasear un refrán viejo y decir ahora: ‘Si las barbas de los venezolanos las ves cortar pon tu barba boliviana a remojar’”.

Poniéndonos más leves en nuestro tema del secreto bancario, mi esposa me preguntó: “¿No has escuchado hablar de la creación de un banco que podría llamarse Banco Cocalero de Bolivia?”. Le respondí negativamente, pero me pareció una gran idea porque tendría un capital inicial muy superior al actual capital de varios bancos locales. ¿Por qué no fundar un Banco Cocalero de Bolivia, si antes tuvimos un Banco Minero que lamentablemente desapareció? Un buen Banco Cocalero podría adquirir por lo menos una parte de la producción de cocaína para luego comercializarla. Y allí, a sus bóvedas blancas, podría ser depositada toda la cocaína que es descubierta por las autoridades de la FELCN.

Cansados de debatir sobre asuntos tan serios, volvimos a echar otro sueñito hasta el mediodía.

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