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Los balances son necesarios




© by Paulovich




La Paz - Bolivia, Martes, 29 de diciembre de 2009


En mi quiosco La Macacha, situado en la Buenos Aires Avenue (cerca de la Huyustus), hoy pende un letrero que dice: “Cerrado por balance”, pues durante dos días nos dedicaremos a “balancearnos” como hacen los bancos y todas las empresas serias de nuestro país que antes se llamaba República de Bolivia y ahora lo han rebautizado como Estado Plurinacional, multicolor y folklórico.

Mi esposa me sugirió que contratáramos a la Price Waterhouse o a otra empresa de auditores o contable experimentada en estos ejercicios anuales, pero como buen cholo le recordé que estamos en un typical país y que nuestro balance anual lo podríamos hacer solitos o con la colaboración de dos yatiris, brujos aymaras que lo saben todo y asesoran a nuestros gobernantes en los asuntos más importantes del Estado.

Como los yatiris se encuentran durante estos días muy ocupados, consultando en coca los mejores hombres y mujeres que serán candidatos del Movimiento Al Socialismo en las elecciones de abril, decidimos tirar nuestro balance solos, prometiendo los yatiris una supervisión de nuestras cuentas y garantizando nuestra cifra.

Tuve que revelarle a mi esposa que durante su última estadía en España, nuestra buena e inteligente comadre Macacha había logrado mi inscripción en una de las federaciones de Cocaleros del Chapare, lo cual le sirvió para conseguir la adjudicación de dos “catos” de tierra cultivable apta para sembrar la hoja sagrada de la coca.

Como mi esposa es una europea ilustrada, se indignó por esa operación, aduciendo además que el “cato” es una medida de tierra que no figura en ningún sistema internacional de medidas, tranquilizándola que se trataba de una superficie de tierras de 40 metros por 40.

Como muchos de ustedes saben, yo me dedico al periodismo sobre todo durante las noches y en nada me perjudicaba poseer dos “catos” si algunos lugareños trabajaran y se encargaran de comercializar la coca producida. Pero que el valor de esas tierras debería figurar en nuestro balance correspondiente a 2009.

Otros valores para nuestro balance resultaban pinuts, pigricias, como la ayuda externa que recibimos durante el año de parientes míos o de ella, mi magro salario periodístico, mis ocasionales contrabandos de mercadería en la época prenavideña, mis clases de tango en mi academia Malena de la ciudad de El Alto, mi cuota en las donaciones del presidente Chávez de Venezuela y mi labor comercial que realizo durante el Carnaval de Oruro y en la festividad de la Virgen de Urkupiña.

En mi balance de este año, mis ingresos más notables provienen de los dos “catos” que me concedieron en el Chapare y que los alquilo a honrados ciudadanos chapareños que saben hacer negocios. Evitar su inscripción en un balance honesto de nuestra actividad económica sería engañar a mi mujer, al pueblo boliviano y a mis amigos cholos. Mañana me ocuparé del capítulo Egresos y del resultado final para saber si he tenido pérdidas o ganancias.

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