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La ilusión del aguinaldo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Martes, 15 de diciembre de 2009

Mi tía Restituta viuda de Batistuta, noble viuda de un guerrero, es una cochabambina de corazón tierno que abandonó la Llajta hace 40 años cuando una chola de Quillacollo le dijo que no podía haber mujer decente cuyo nombre terminara en “uta”. Ofendida se marchó a Suecia, se casó con un valiente militar italiano de apellido Batistuta. Como les he relatado alguna vez, al morir Batistuta ella estableció en Estocolmo un empresa comercializadora de nabos con la razón social de Nabos Escandinavos con la que ganó mucho dinero, aunque no retornó jamás a Bolivia, una gran nación, y que por ella doy mi vida, también mi corazón, como dice la célebre cueca.

Al ver que todavía no había cobrado mi aguinaldo en el periódico, mi esposa tuvo que viajar a Tarija y luego a la frontera sur para adquirir alguna mecadería de contrabando para que yo pueda revenderla en las calles de La Paz como lo hacemos los gremiales de tradición.

Mientras tanto, recibí una llamada de mi tía Restituta, quien me anunció una excelente remesa de coronas suecas aprovechando el viaje de unos cochabambinos que retornaban a la ciudad del Rocha River para festejar la Navidad y el Año Nuevo. Fui a buscar a estos cochalas en el hotel Radisson y me entregaron honradamente el dinerito que me había enviado mi santa pariente cuyo nombre termina en “uta”.

El alma volvió a mi cuerpo y fui a cambiar las coronas suecas en pesos del Estado Plurinacional y Folclórico, antes República de Bolivia y comencé a gastarlos adquiriendo de mis colegas gremiales los motivos navideños para levantar un árbol de navidad en mi living y un pesebre para que naciera el Niño Jesús en mi propia casa, además de unos regalitos para mis nietos, uno de los cuales al ver mis obsequios dijo: “¡Uta, éste es un regalo que viene de la tía Restituta!”.

Fui a anunciar a mis amigos la llegada del remesa navideña de mi tía Restituta y para calmar su envidia hicimos unos brindis prenavideños. Al día siguiente comprobé que el aguinaldo navideño que con tanto sacrificio envió mi virtuosa tía casi se había esfumado, como todos los aguinaldos que recibimos los trabajadores en estos días. Como el ingenio de los bolivianos es inagotable para financiar estos fondos en épocas navideñas me dirigí a mi quiosco, donde vendí a buen precio unos cuantos “atados” de coca prensada a unos caseros que viven en el altiplano y pude recobrar el dinerillo gastado.

Menos mal que tengo mucha suerte y tengo muchas más tías no sólo en Europa sino dentro del territorio nacional que me enviarán obsequios muy parecidos al que me hizo mi tía Restituta y con ellos pasaré una buena Navidad y celebraré la llegada de un nuevo año.

Para que mis tías no se hagan los k’asas llamaré oportunamente a mis tías Conchitay Quiteria en España, a mi tía Von Karajan en Berlín, a mi tía Encarna en Cochabamba y a mi tía Semáforo en La Paz. Es que Dios no se olvida de sus ovejitas.

1 comentario:

  1. PINOCHOVICH, HIJO DE LAS MIL LEHCES PODRIDAS, SABES SI TE ENCUENTRO EN LA CALLE, JURO POR LA POLLA DE JESUCRISTO QUE TE HARÉ COMER MIS HECES CON UNA CUCHARILLA, LUEGO TE HARÉ ESCUCHAR TODOS LOS DISCOS DE BELINDA Y DE MODERATTO JUNTOS, DESPUES VERÁS TODOS LOS PROGRAMAS DEL PU TO VALVERDE, PARA QUE ESCARMIENTES.

    SUPLICARÁS QUE TE MATE , PERO TE REMATARÉ CON TRES DÍAS INEXTENSOS VIENDO UNITEL, JAJAJ QUE PEN DEJO.

    ME OLVIDABA, TAMBIÉN HARÉ QUE LEAS TUS ARTÍCULOS PARA QUE EMPIECES A VOMITAR SOBRE LA CARA DE TU TÍA RESTITUTA HIJA DE PU TA

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