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Importante visita iraní


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 4 de junio de 2011

No siempre es beneficioso para un periodista encerrarse en un círculo cultural y folclórico, como lo hago yo en el “Malena”, donde transcurren algunas de mis noches rodeado de intelectuales alteños que consideran a nuestro Vicepresidente un Robespierre cochabambino, o un Danton, o un Mirabeau que actualmente da conferencias en España dejando boquiabiertos a los socialistas españoles que acaban de ser derrotados electoralmente.

Mientras eso sucede, no me enteré de que se hallaba en nuestro país invitado oficialmente nada más ni nada menos que el ministro de Defensa de la República Islámica de Irán, señor Ahmad Vahidi, quien compartió muchos momentos con nuestro presidente Evo y la ministra de Defensa, la señora Chacón, quien aparenta que no matara una mosca y parece ser flytox.

Lo terrible del caso es que para los que hablaron con él y le agasajaron, Ahmad (Ahmadito para sus íntimos) había sido un terrorista conocido y perseguido por la Interpol y a quien acusan de haber intervenido en un famoso hecho terrorista ocurrido en Buenos Aires en 1994 donde murieron 85 personas que se hallaban en un Centro Judío.

Lo cierto es que Argentina protestó seriamente por la presencia oficial en Bolivia del célebre terrorista ascendido a Ministro de Defensa de Irán, un país muy querido por nuestro actual Gobierno por haber construido un hospital en El Alto donde las enfermeras tienen que vestir como musulmanas cubriendo sus cuerpos y sus caras con siete velos.

Comencé esta crónica lamentando el hecho de no haberme enterado oportunamente de la llegada del famoso terrorista iraní porque le habría ido a visitar a Santa Cruz en compañía —claro está— de mi comadre Macacha vestida de cholita cochabambina, aunque con su carita cubierta por un largo velo y, haciéndome el tonto (algo que no es difícil para mí), le habría pedido disculpas por la ausencia de nuestro vicepresidente García Linera, quien se encuentra en España dictando conferencias a los socialistas españoles.

Mi benefactora y protectora oficial, que es mucho más “fregada” que yo, me manifestó que si ella hubiera tenido la oportunidad de conversar con un hombre tan importante como el Ministro de Defensa de Irán, le habría hablado al personaje de la reciente advertencia que recibimos del Ministro de Defensa chileno cuando nos dijo que las Fuerzas Armadas de Chile harían respetar el tratado de paz con Bolivia suscrito en 1904 y que si él —Ahmad— amaba tanto a los bolivianos y al presidente Evo en especial, nada le costaría regalarnos unos cuantos misiles nucleares para defendernos de cualquier invasión extranjera y que Bolivia continuaría enviándoles uranio para que ellos pudieran enriquecerlo.

Las palabras de Macacha me horrorizaron, y dije a mi comadre que fue una buena suerte el que no supiéramos a tiempo de la llegada de Ahmad Vahidi, ministro de Defensa de Irán, afamado terrorista y buen amigo de nuestro presidente Evo y del pueblo boliviano.

El pacifismo boliviano


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, viernes, 3 de junio de 2011

Al conocer a través de la prensa que el ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand, advirtió a Bolivia de que sus Fuerzas Armadas harán respetar el Tratado de 1904, me puse a temblar, algo que siempre me sucede antes de marchar a una guerra. Sin embargo, me repuse inmediatamente y decidí ir a consultar previamente con la ministra de Defensa de Bolivia, la señora Chacón, para no incurrir en gastos innecesarios como nombramiento de una Madrina de Guerra, despedidas y confección de un uniforme a mi medida.

Pedí a mi transportadora oficial, mi comadre Macacha, que me condujera en mi motocicleta Harley Davidson hasta el Ministerio de Defensa, que está en la plaza Avaroa, tarea que cumplió con eficacia, aunque lamentó tener que quedarse en la puerta cuidando la moto, porque ella habría deseado acompañarme hasta el despacho de la Ministra.

Al ingresar al Ministerio, tres centinelas estaban jugando cartas y al verme dijo uno de ellos: “Quédese a jugar con nosotros porque justamente esperábamos a alguien para hacer un cuarteto y jugar un rummy canasta. Valientemente rechacé la invitación y el centinela llamó a un empleado para que me condujera hasta el despacho de la señora Chacón, ministra de Defensa de Bolivia.

Me acerqué para saludarla, cuadrándome ante ella y diciéndole en voz alta como gritan ahora los soldados ante su capitán general, Evo: “¡Patria o Muerte, venceremos!”, ella me miró suavemente y me contestó: “Buenos días, señor periodista, hágame el favor de sentarse y espéreme unos instantes, porque en este momento estoy concluyendo de tejer estos polkitos para obsequiarlos a un bebé recién nacido y es el primer hijito de una amiga mía…”. Sorprendido, tuve que esperar dos minutos hasta que la Ministra absolviera mis preguntas ante la inminencia de una guerra con Chile, lo cual me tenía angustiado. Al fin, la Ministra dejó a un lado los palillos y la lana, preguntándome en qué podría servirme.

Con vehemencia le respondí que había acudido a su despacho al conocer la advertencia de su colega chileno de utilizar a sus Fuerzas Armadas para hacer respetar el Tratado de Paz de 1904, a lo cual la Ministra sonrío y me pidió que no me preocupara, porque “guerra avisada no mata moros”, como reza el refrán.

Esta tranquilidad de la Ministra me inquietó y en tono algo áspero le pregunté si el presidente Evo le impartió instrucciones para la defensa de nuestro territorio, respondiendo la señora Chacón que no había recibido ninguna instrucción al respecto, tal vez por hallarse muy preocupado con la elección de candidatos a magistrados para la votación de octubre, pero del litigio con Chile acerca de nuestro derecho a retornar al mar, ni una palabra, tal vez porque nuestra Constitución dice que Bolivia es un país pacifista.

Al escuchar de que somos un país pacifista y, sin embargo, hemos perdido mitad del territorio en guerras, tranquilizó mi angustia y me despedí de la señora Ministra, enviando saludos al presidente Evo y a su canciller Choquehuanca, que anda comprando aviones, helicópteros, tanques y armas de fuego con un préstamo de la Santa Madre Rusia.

Autos “chutos” y ropa usada


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, jueves, 2 de junio de 2011

Nunca quise revelar a mis parientes que viven en Europa que tengo un auto “chuto” que circula en La Paz hace diez años con placas clonadas funcionando como taxi y que siempre voy vestido con ropa norteamericana que antes fue usada por algún gringo de estatura breve, pero la indiscreción de nuestros legisladores que aprobaron una ley amnistiando a los contrabandistas hizo que tuviera que confesarles mis pequeñas miserias a las que me condujo mi pobreza.

—Buenas noches, gutentag, habla la tía Clotilde von Karajan Quiroga. Quisiega hablag con mi pobrecito sobrino Von Paulus que ahoga se hace llamag Paulino Huanca.

—Está hablando con una chola que es su comadre y ha dado órdenes de que no se lo interrumpa.

—Pog favog, llámalo nomás, dile que le llama su tía teutona.

—¡Querida tía Clotilde! ¡Siento mucha alegría al escuchar tu voz germánica y poderosa!

—He sabido, sobrino, pog la televisión eugopea que los legisladogues de nuestro país han decidido amnistiag a los contrabandistas de automóviles y que también lo hagán con los contrabandistas de gopa usada. ¿Así de grave es la situación boliviana…?

—Eso lo han decidido, tía, para favorecer a los ayllus que han resuelto cambiar las llamas por autos “chutos” y la ropa autóctona que vestían por prendas norteamericanas usadas que también son contrabandeadas.

—Cuánta tristeza siento pog la pobreza de nuestra gente; menos mal que tú egues periodista y no sufres tal pobreza.

—Te equivocas, tía Clotilde, porque yo también tengo hace diez años un auto contrabandeado que funciona como taxi en La Paz y me rinde algunos pesos cada día, que ayudan a mantener a mi familia y también a mí, que soy muy gustoso y derrochador.

—Bueno, eso no impogta, sobrino, pogque me paguece que en Bolivia no es delito seg contrabandista y que lo hacen muchas pegsonas de buena familia, como nosotros que somos gente venida a menos.

—Así es, tía Clotilde, y como dice un tango famoso, los inmorales nos han igualao y a nadie le importa si naciste honrao…

—¿Y cómo andas de ropa, sobrino…? Pogque antes te vestías en “Romec Hegmanos” y en “Reyes Calvo” y en Muguillo Bros.

—No, tía Clotilde, esos tiempos pasaron. Ahora adquiero mi vestimenta en la Feria 16 de Julio de El Alto, donde puedo comprar ropa norteamericana, pero de segunda mano, de la famosa marca Usadi, que no es de ninguna agencia del Gobierno norteamericano, sino que es “usadi”, usadita.

—¡Pobre sobrino mío, con auto “chuto” que trabaja de taxi en La Paz y con ropa de second hand! Pero me imagino que no harás lo mismo con tu ropa interiog…

—Al principio de mi pobreza sentía un poco de asquito, pero cuando escuché que el actual Gobierno nos había devuelto la dignidad, desaparecieron mis escrúpulos.

—¡Bien tigao, sobrino Paulino! Y que sigan amnistiando a los autos de contrabando y también a la gopa usada, que paga eso somos pobres.

Con o sin uniforme


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 1 de junio de 2011

Para terminar con la corrupción que existía en la concesión de brevets y licencias para conducir vehículos y los trámites para obtener o renovar cédulas de identidad, el Gobierno ha resuelto la creación de dos reparticiones administrativas manejadas por funcionarios civiles, basado —posiblemente— en la creencia de que el uniforme policial es el culpable de la corrupción.

Cuando comentaba estos hechos con mis amigos alteños, observé que mi comadre cochabambina, que es enemiga de la corrupción, escribía en una libreta que nunca abandona, algunas cosas que nosotros decíamos o que se le ocurrían, porque de algún tiempo a esta parte veo que ella tiene el afán de colaborarme en mi oficio de periodista.

Grande fue mi sorpresa cuando a los pocos días sacó su libreta de apuntes y me pidió que escribiéramos juntos una crónica titulada “Con calzón o sin calzón, es la misma corrupción”, explicándome que, a su modesto pensar, el ministro de Gobierno, señor Sacha Llorenti, estaba equivocado al pensar que terminaría con la corrupción en nuestro país entregando las oficinas policiales que se ocupan de los brevets y los carnets de identidad a elementos que no visten el uniforme verde oliva.

Con todo el respeto que siento por mi comadre, me atreví a preguntarle qué tenían que ver los calzones o la prescindencia de ellos en la moral de los funcionarios públicos, respondiéndome: “Es que entre mis deudoras, cuya gran mayoría son cholitas de los mercados paceños, hay muchas que no llevan calzones, aunque hay otras que siempre los usan; debo decirle a usted, compadre, que las que no llevan calzones son las más honradas que las que vi con esa prenda, de acuerdo con mis estadísticas. Por eso creo que tal prenda íntima nada tiene que ver con la moralidad funcionaria. Y es por eso que le digo: No porque el Gobierno designe a civiles pertenecientes al MAS en reemplazo de los cabos y sargentos de la Policía se concluirá con la corrupción en nuestras instituciones de todo el país”.

Las palabras de la moralista nacida en Cochabamba tuvieron que ser aceptadas por contener verdades y por estar de acuerdo con mi convicción de que la corrupción es un mal mundial que corroe las entrañas de todas las sociedades humanas, aunque duele más en los países pobres y pequeños como el nuestro y duele menos en las naciones ricas y poderosas.

Stefan Baciú, pensador rumano, catedrático de la Universidad de Hawai y que conoció a muchos bolivianos, escribió una vez diciendo que “Paulovich era un moralista boliviano”, reconociendo mi comadre que Baciú dijo la verdad, aunque yo nunca presumí de serlo. Macacha y yo somos moralistas y sabemos de las virtudes y de la corrupción que forman parte del ser boliviano.

Es por ello que no creemos en que la corrupción dependa de vestir uniforme verde oliva o de no llevarlo. Y, como diría Macacha, se puede ser corrupto o virtuoso con calzón o sin calzón, con pollera o con vestido, con estrellas o sin estrellas, con toga o sin toga.

 
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