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Admirables elecciones judiciales


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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La Paz - Bolivia, jueves, 16 de junio de 2011

Mientras mis cinco sentidos están concentrados en la zona de Chijini, ultimando detalles para que la fiesta del Gran Poder sea un éxito y que en ella pueda lucirse mi comadre Macacha y yo pueda protegerla actuando de su guardaespaldas, hay bolivianas despistadas que centran su preocupación en asuntos baladíes, o mejor dicho “boludíes”, como las elecciones judiciales que se realizarán en octubre.

—¿Podría comunicagme con mi sobrino Paulovich? Le llama su tía Clotilde von Karajan Quigoga desde Berlín.

—Él no está en la casa, señora, pues se halla en la zona del Gran Poder en compañía de su comadre la señora Macacha. Él volverá, posiblemente, después de la medianoche.

—¡Qué iguesponsable es mi sobrino, prepagándose paga bailag a sólo cuatro meses paga las primegas elecciones judiciales en el mundo. Le volvegué a llamar, o quizá él me llame.

—Tía Clotilde, sé que me llamaste, pero anduve muy ocupado, pues el sábado será la fiesta del Gran Poder y toda la ciudad de La Paz estará bailando devocionalmente, y yo también junto a mi comadre Macacha, a quien conociste en Cochabamba.

— No quiego sabeg nada de esa chola ni de los bailes del Gran Poder. He sabido que pog primega vez en el mundo un pueblo elegigá pog votación a sus autoridades de Justicia y que ese pueblo es Bolivia.

—¿Estás segura de que dijeron Bolivia…?

—Segugggguísima.

—¿No habrán dicho Libia o Tanzania…?

—No sobrino, se han guefeguido a Bolivia y en las imágenes apagueció la plaza Muguillo y la fotografía del presidente Evo.

—Entonces, no hay duda. Lo que sé, tía Clotilde, es que en días pasados la Asamblea Legislativa, en la que dominan los masistas que son dos tercios de legisladores, recibió a los postulantes a cargos judiciales, a los cuales examinará para seleccionar a los candidatos a magistrados.

—¿Y eso no te paguece muy hegmoso y democrático?

—Así debe parecer en Alemania, en toda Europa y hasta en China, pero yo te aseguro, tía Clotilde, que los candidatos oficialistas ya están en una lista que se encuentra en un cajón del escritorio del Presidente o del Vicepresidente. Y que los dóciles legisladores de la mayoría votarán por candidatos que pertenezcan a sus filas, o simpaticen con ellos, o que sean sus amigos o sus vecinos para así tener al Poder Judicial bajo su dominio.

—Entonces el Gobiegno está engañando a todo el mundo…

—Ése es mi parecer, tía Clotilde, y ése es mi análisis. Y es por ello que ahora prefiero ir a bailar, a rezar y a emborracharme en el Gran Poder con mi comadre Macacha y repetiré en la fiesta de la Virgen de Urkupiña y en la fiesta de la Virgen de Chaguaya. Y si no crees el fraude que se realizará en octubre, te cuento que magistrados actuales se han inscrito como postulantes para continuar ayudando al Gobierno desde el Poder Judicial. Chau tía, no me llames hasta dentro de un mes, porque estaré bailando y chupando para olvidar mis penas ciudadanas.

Promesas de los bailarines


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 15 de junio de 2011

Atendiendo a los ruegos y súplicas de mi esposa, hijos y nietos, este año no bailaré en honor de Jesús del Gran Poder pero asistiré a la famosa entrada paceña como guardaespaldas de mi comadre Macacha bailando a su alrededor para proteger sus joyas de oro (sus k’oris), que lucirá garbosa como buena chola cochabambina, integrante de la fraternidad “Los siempre simpáticos Morenos de Potopoto”.

Antes del último convite que se realizó el día domingo en la zona de Chijini y calles de La Paz, ella me designó su cuidador con la misión exclusiva y plenipotenciaria de protegerla de mozos atrevidos que podrían pretender despojarla de sus adornos áureos, para lo cual me vistió de bailarín, ocultando en mi bolsillo interior un trabuco ruso; para disimular un poco mi misión me prestó tres anillos de oro, una pulsera y un arete del dorado metal, y un diente postizo de oro que me lo encajó en medio de mis dientes de contacto y que pertenecieron a su difunto esposo (que en paz descansa). De esa manera: ella bailando y yo revoloteando a su alrededor llegamos al templo del Gran Poder para postrarnos ante la imagen milagrosa, pedirle salud, dinero y amor, y formularle nuestra promesa de baile y devoción.

Como sólo ella bailaría en honor al Señor del Gran Poder y yo cuidaría la vida y las joyas de mi comadre, fue ella quien habló con la imagen de la Divinidad, pues yo permanecí cuidando su retaguardia y sus joyas legítimas. Sin embargo, escuché su promesa de bailarina folclórica que dijo más o menos: “Jesusito del Gran Poder; aquí tienes a tus pies a la Macacha, nacida en Cochabamba, y vengo a agradecerte por todos los milagros que me has concedido en la vida, como las casas que poseo en Cochabamba, La Paz y El Alto, y que heredé de mi buen marido, a quien tú te lo recogiste hace varios años, quedando yo viuda, rica y desamparada en este altiplano de lágrimas. Yo te prometo bailar en tu fiesta todos los años que me quedan de vida. Lo hubiera hecho este año acompañada de mi compadre el periodista Paulovich, también conocido como Paulino Huanca, en esta época de cambios cuando no cambia nada, pero su familia le ha implorado que no siga bailando porque ya está muy k’aibito. Sin embargo, él ha venido conmigo y está aquí atrás apoyando mis bailes en tu honor y protegiéndome de los maleantes que nunca faltan en estas fiestas. Protégelo también porque bailó muchos años en tu fiesta con nuestra fraternidad. Amén Jesusito. Te quiere mucho: Macacha y el periodista Paulino”. Eso fue lo que dijo mi comadre Macacha en su promesa a Jesús del Gran Poder la mañana del domingo pasado.

Luego empezamos a bailar en el último convite y Macacha se olvidó de que yo me sentía muy viejito para tales ejercicios folclóricos y me hizo bailar todo el día y toda la noche, anunciándome que continuaríamos el próximo sábado y 15 días más, como manda la costumbre de esta festividad paceña de los cholos ricos y también de los cholos pobres que seguimos pidiendo milagros a Jesús del Gran Poder y Él nos los concede. Una prueba de ello es que hoy, entre baile y baile, y entre trago y trago, me di tiempo para escribir esta crónica.

Nueva moneda: la cocaína


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 14 de junio de 2011

Durante una semana tuve que dejar de escribir debido a un recrudecimiento en mis órganos visuales, pero felizmente fui atendido por mi comadre Macacha, quien luego de examinarme me dijo:

“No se preocupe, compadre, porque su verdadero mal está en los pies que se le entumecen con el frío y no le permiten continuar con su ejercicio diario de escritor y periodista…”.
Preocupado por su diagnóstico, le pregunté si creía que escribo con los pies, y ella me aseguró que ningún periodista puede escribir crónicas interesantes mientras sus pies están fríos.

Puso mis pies en agua muy caliente, procedió al pediluvio y luego los frotó con unas pomadas que ella fabrica en su casa y después los abrigó con unas medias de k’aitu y me condujo hasta mi escritorio para decirme:

“¡Hala! Póngase a escribir una crónica acerca de la necesidad de que el Estado plurinacional, multicolor y folklórico establezca un nuevo signo monetario para todas nuestras transacciones internas y externas: la cocaína”.

Con los pies calientes y la cabeza fría, recordé que cuando se anunció la amnistía al contrabando de vehículos que ingresaba en el país, contrabandistas poderosos aumentaron su actividad, denunciándose en el exterior que algunos de los vehículos llamados “chutos” fueron pagados no con dólares como antes se hacía, sino con kilos de cocaína fabricada y refinada en nuestro país.

Cuando comprobé la novísima transacción, pregunté a la única autoridad monetarista que conozco (que no es otra que mi comadre cochabambina) si el préstamo en dólares que me concedió para que nos divirtiéramos en dos carnavales de Oruro, yo se los tendría que pagar en cocaína, a lo cual mi pariente espiritual respondió:

“De ninguna manera, compadre, porque son contratos anteriores a la nueva moneda que regiría en el país y si usted no me paga en dólares, menos me pagaría en cocaína”.
Ignorando estas cuestiones monetarias, pregunté a la cochabambina si nuestras reservas en cocaína deberían ser depositadas previamente en las bóvedas del Banco Central de Bolivia, recibiendo una prudente respuesta:
“Me parece que al principio debería ser así, porque ¿dónde se guardan las muchas toneladas de cocaína incautada por las autoridades a quienes las fabrican, o a los que trafican con la droga? Recuerdo que antes eran incautadas y quemadas, pero hoy no se informa de sucesos similares. Yo creo que están en alguna parte y lo más justo sería que sean guardadas en las bóvedas del Banco Central de Bolivia, antes de que pudiera ser construido un nuevo Banco Central en la región del Chapare, con agencias en los Yungas (Coroico, Coripata, La Asunta, Caranavi y Apolo)”.

Aunque existen pocas probabilidades de que la cocaína pudiera sustituir al peso boliviano en pequeñas transacciones de orden doméstico, parece que, al menos informalmente, la cocaína como moneda nacional podrá servir para la adquisición de vehículos regulares y de lujo, y también para la adquisición de chalets y pisos de lujo en todas nuestra ciudades, porque la cosa está que arde y hay orden de no aflojar.

Chapare, paraíso fiscal


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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La Paz - Bolivia, domingo, 5 de junio de 2011

Dos invitaciones para eventos culturales que se realizarían este fin de semana llamaron mi atención, una me convocaba al “Penúltimo Convite de la Entrada de Jesús del Gran Poder”, que es un ensayo de los bailarines devotos que recorreremos la zona de Chijini hasta concluir en el lujoso Salón Ualdor Astoria, y la otra a un foro-debate sobre el tema “Chapare, paraíso fiscal” en el Bar Comercio (El Barco) de Cochabamba, auspiciado por el Ateneo Pericles que agrupa a eminentes pensadores cochabambinos.

Sabiendo que no puedo ir solo a ninguna parte por mi escasa visión, mi comadre Macacha me preguntó dónde iríamos, diciéndome:

“Yo creo, compadre, que no le conviene ir al penúltimo ensayo de la Entrada del Gran Poder, porque, como usted ve poco, cuando aparecen las bailarinas con sus falditas tan cortas, usted quiere aproximarse mucho para ver si llevan faldita o no. Y sus novios se enfadan y dicen que usted es un ciego pícaro”.
Por las palabras de mi comadre cochabambina, deduje que ella prefería acompañarme al foro-debate que se realizaría el sábado (ayer) en la ciudad del Rocha River y del Negro Guardia, quien fue de Cochabamba su Prefecto, de acuerdo con la sintaxis de los quechuas.

Nos dirigimos a la Llajta en avión, porque mi motocicleta Harley Davidson lleva placa clonada, título de propiedad falsificado, roseta de inspección adquirida de un policía que enamoraba con la Winonna y roseta del Seguro de 1996. O sea, un vehículo legalizado “a la boliviana”.

Como supondrán mis lectores, demoramos en llegar a Cochabamba cuatro horas más que si hubiéramos viajado en mi motocicleta, por demoras en la hora de salida del avión que tuvo que postergar dos horas su salida porque un ministro de Estado se había atrasado y el Presidente no quiso prestarle su avión que por algo se llamaba presidencial.

Llegamos muy tarde al foro-debate, aunque alcanzamos a escuchar al doctor Aristóteles Giorgiadis Quiroga, pensador greco-cochabambino, decir:

“¿A cuál de nosotros no nos gustaría vivir en la zona cocalera del Chapare? Todos los vehículos, desde las vagonetas de lujo hasta los karkanchos, están eximidos de impuestos… Macacha anotaba en su libreta todo lo que oía, diciéndome de rato en rato: “Eso es verdad, compadre, porque a mí me consta”.
Un ilustre tarateño que no apellidaba Rojas nos describió la realidad chapareña, donde todos viven felices, porque mientras Evo siga de presidente, nada ni nadie podrá inquietarlos, porque él es el máximo dirigente de las Seis Federaciones de Cocaleros del Chapare. También nos dijo el ilustre tarateño que en el Chapare no existen bancos y que sus ciudadanos trabajan sólo con bancos del exterior, donde son depositadas sus utilidades. Y como no hay bancos, no hay policías, y lo más bello: no hay impuestos sobre utilidades.

Nos alegramos de que en nuestro país hubiera al menos una zona donde los hombres son felices. Y al salir me dijo Macacha:

“Menos mal, compadre, que yo tengo seis catos de coca cerca de Ivirgarzama, de los cuales tres están inscritos a su nombre, y están actualmente alquilados”.
Agradecí el noble gesto de mi comadre cochabambina.
 
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