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¿Cerco indígena a La Paz?



© by Paulovich



La Paz - Bolivia,martes, 24 de agosto de 2010

Cuando conocí la amenaza de un cerco a la ciudad de La Paz lanzada por una importante organización sindical de originarios, planifiqué inteligentemente la lucha por mi supervivencia, para lo cual llamé de urgencia a mi comadre Macacha, quien le había jurado a mi esposa, antes de que ésta viajara a España, defenderme ante cualquier peligro y asegurándole “que nada me faltaría durante su ausencia temporal”.

A los pocos minutos, la cholita cochabambina llegó a mi casa y lo primero que advirtió fue su mala ubicación urbana, pues hubiera sido preferible que se encontrase en la punta de un cerro para defenderla desde arriba echando orines y piedras a los cercadores, pero ya no había tiempo para mudarme.

Elegimos un santo y seña para ingresar a mi domicilio, que no lo puedo comunicar por la prensa porque es secreto, pero que más o menos dice: “¡Por Fernando e Isabel, nuevo mundo halló Colón! Arriba España, Campeón Mundial de Fútbol”. Macacha me sugirió que cambiáramos la decoración de mi living sacando las fotografías de los reyes de España y los príncipes Felipe y Letizia para colocar en su lugar las fotografías del presidente Evo y del canciller Choquehuanca y, por si acaso, la del vicepresidente García Linera.

Mi comadre me dijo que ella había estudiado en el libro de María Eugenia del Valle sobre el cerco a La Paz que lo primero que harían los indios es tratar de cortar nuestro aprovisionamiento de agua, algo que me asustó porque yo bebo whisky con agua y un cubito de hielo, Pedimos a una empresa que nos enviara un galón de agua purificada y solucionamos el posible problema. Cuando le sugerí que los indígenas podrían cortarnos la energía eléctrica y que necesitaríamos unas cien velas, ella sonrió y me dijo que no creía en esa posibilidad porque muchos indígenas que antes vivían en las laderas ahora habían adquirido chalets y apartamentos en la zona sur y también son ministros, viceministros, legisladores y jueces. Además, la electricidad era necesaria para las emisoras estatales y los periódicos gubernamentales.

Cuando ingresamos al tema del aprovisionamiento de pan y otros productos necesarios para la alimentación de nuestras wawachas, y le sugerí comprar harina, porotos, garbanzos y lentejas, mi comadre, que es muy inteligente, me dijo: “Esta amenaza de cercar La Paz me parece una mamarrachada porque se cerca una ciudad para tomarla y cambiar un gobierno por otro mejor, pero esta ciudad ya está tomada por los indígenas hace mucho rato; esta ciudad de La Paz está indigenizada por donde usted la vea, compadre; hay indios en el Palacio de Gobierno, en el Legislativo y en todos los ministerios, escuelas y hospitales; por si fuera poco, los indígenas de El Alto son enterrados en el Cementerio General de La Paz, a tal punto que éste colapsó. ¿Para qué cercarían La Paz los indígenas si La Paz ya es una ciudad tomada por ellos?”.

Así habló mi comadre Macacha y desde ese momento me río de tales amenazas. Ahora sé que con mi comadre Macacha nada me pasará ni nada me faltará.

Espías hasta en la sopa



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 22 de agosto de 2010

Un proyecto de ley que seguramente será aprobado en menos de lo que canta un gallo porque está apadrinado por el Vicepresidente García Linera crea una institución que estará por encima de todos los Poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, y también sobre las Fuerzas Armadas y la Policía, vigilando y controlando a todo bicho viviente en el país. O sea que tendremos espías hasta en la sopa.

Se llamará Control Social para diferenciarse del tristemente célebre Control Político que funcionó durante el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en su primera época.

¿Dónde nos enteramos de esta maravillosa entidad tal vez nacida en el cerebro extraordinario de ese empedernido lector que es Álvaro? Sólo en el naiclú “Malena”, donde delibera la intelectualidad alteña, los brujos más influyentes, como Calimán y Titirico, y algunos asesores del alcalde alteño, señor Patana.

El proyecto de ley que crea el Control Social como máxima entidad que vigilará al presidente Evo, al vice Álvaro, a los ministros de Estado, a los legisladores y a los militares y policías, y a casi todos los ciudadanos bolivianos, ya se debatía y celebraba en el “Malena” bajo la dirección de los yatiris, que se atribuyeron su paternidad. Calimán nos explicaba: “Hace falta el Control Social para controlarnos entre todos y no permitir desviaciones ideológicas y desviaciones de dineros que van a los bolsillos de compañeros corruptos; porque si nos miramos entre todos, nadie se atreverá a meter la mano en la lata”.

Otro intelectual propuso que el Control Social también funcione en clubes nocturnos, karaokes, bares y cantinas, chicherías, salas de baile, lenocinios y alojamientos y moteles para controlar tales establecimientos anotándonos los unos a los otros para hacer los seguimientos correspondientes, moción que nos hizo ver los riesgos que sufriríamos muchos ciudadanos casi honestos que nada tenemos que ver con organismos estatales.

Un conocido abogado nos hizo ver que el Control Social perjudicará el funcionamiento del aparato estatal, pues todos los asuntos que se tramitan en los ministerios y reparticiones públicas sufrirían grandes demoras, pues cada funcionario se sentiría espiado por un agente vecino y éste, a su vez, sospecharía de sus compañeros pensando muchas veces antes de resolver cualquier asunto. Seguí conociendo opiniones acerca del Control Social sin convencerme tal proyecto de ley que, en caso de ser aprobado, nos llevaría a un Estado policiaco y totalitario donde todos los ciudadanos nos sentiríamos vigilados y espiados y denunciados, para luego ser encarcelados, deportados o metidos a cámaras de gas, como sucedió en algunos países nazíferos y gasíferos como el nuestro.

Sin embargo, la Ley del Control Social comenzó a tomar fuerza en Achocalla y eligieron a sus jefes, que encabeza Clemente Gutiérrez. Y como me siento espiado por el Control Social, trataré de defenderme como pueda y en casos de fuerza mayor llamaré a mi comadre Macacha para que ella sea “mi control social”.

El mejor termómetro del país



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 21 de agosto de 2010

La gente ilustrada busca a los hombres sabios para consultarles acerca de la salud financiera y política de nuestro país y procede de acuerdo con el diagnóstico que aquéllos le formulan. En cambio, este periodista y profesor de música y canto llama a una chola amiga y le dice: “Comadre, acompáñeme al mercado Rodríguez para enterarme cómo está nuestro país y si el Gobierno de nuestro presidente Evo lo está haciendo bien, mal o regular”.

Así sucedió esta mañana de sábado cuando llegó a mi casa mi comadre Macacha, quien llegó con un termómetro y me dijo: “Estoy lista para acompañarle al mercado Rodríguez”.

Como soy bastante ingenuo, puse ante sus ojos dos saquillos vacíos, cuatro canastas de diferente tamaño y tres cajas de cartón para meter latas de conservas, pero ella tomó sólo dos canastas que le parecieron suficientes para la alimentación semanal de mi pequeña familia. Desilusionado la seguí y montados en un minibús llegamos al mercado paceño que ocupa varias calles del barrio de San Pedro y se acerca al barrio de Chijini.

En un almacén de abarrotes escuché parcialmente el diálogo de dos cholitas muy bien vestidas que coincidían en afirmar que jamás habían visto en el Rodríguez a los ministros del Evo ni tampoco al García Linera, y que mal podría enterarse el Gobierno de lo que habían subido los precios de los artículos alimenticios. “Seguramente, pues, sólo se alimentan en los almuerzos trabajo o en los banquetes que se dan a orillas del lago Titicaca, o en la Casa de Campo en Cochabamba, o en el restaurante Nayjama de Oruro”. Mi comadre y yo pasamos con nuestras canastitas por un puesto donde vendían marraquetas de muy buen aspecto; nos cobraron un boliviano por cada una porque pesaban el doble que las corrientes.

Al ingresar en una tienda de pollos, mientras Macacha buscaba un raquítico pollo que no hubiera sido alimentado con granos transgénicos, una elegante cholita decía a su amiga: “Nos tienen que dar amnistía porque tenemos mercadería de contrabando para cinco años y ahora nos la quieren incautar como si nosotras la hubiéramos robado. ¿Contrabando cero? Huevo. Antes vamos a exigir cocaína cero”. Sin saber quiénes eran, las felicité y estreché sus manos porque su razonamiento me pareció justo y equilibrado. Macacha metió el pollo raquítico en una de nuestras bolsas y seguimos recorriendo el mercado.

Mientras mi comadre pedía rebaja de diez platanitos, escuché que una señora le decía a otra: “No sé si ahora estará en el Paraguay, pero la verdad es que no quiso viajar a Potosí para que los orureños no se enfadaran con él, pero ahora está preparando un viaje a Corea, no sé si del Norte o del Sur...”. Y no pude saber de quién hablaban porque Macacha se acercó a un puesto donde compraría una lata de sardinas porque el doctor Huerta nos ha aconsejado comer mucho pescado.

Al retornar a casa me saqué el termómetro y se lo devolví a mi ex comadre diciéndole: “La vida encarece cada día más, estamos fregados con jota, comadre, mientras otros están gordos y lustrosos”.

Nos “mamaron” otra vez



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 20 de agosto de 2010

Después de varios días volví a mi refugio nocturnal de la ciudad de El Alto para reiniciar mis clases de tango a las señoras y señoritas de la sociedad alteña y a ciudadanos recién llegados al folklore citadino de Buenos Aires, algo deseosos de incorporar al tango en sus danzas como la llamerada y los wacatokoris.

Cuando ingresé en la pista principal del naiclú Malena, fui saludado con cariño y respeto por los yatiris que dicen ser asesores del presidente Evo y de sus ministros Choquehuanca, Sacha Llorenti, Coca y Romero; junto a los brujos andinos, se encontraban algunas chicas del “estriptís al revés”, que sigue teniendo mucho éxito en esta fría ciudad.

Al sorprenderme por su temprano entusiasmo, pregunté a una de las danzarinas qué se festejaba esa noche, respondiendo una de las más entusiasta: “Hoy celebremos el acuerdo entre el Gobierno del presidente Evo con representantes de Potosí que pusieron en vilo a gran parte de la población boliviana”.

Al conocer el motivo de este festejo espontáneo me adherí a la fiesta, recordándome un “metiche” que la adhesión no era gratuita sino “poniendo” 100 bolivianos, elevada cantidad de dinero para un pobre periodista y profesor de tango.

Con el calor de unos warisñakis se aguzó mi entendimiento y me llamó la atención oír decir a Calimán, célebre yatiri: “Quiero que entiendan, ladies and gentlemen, que los potosinos no han conseguido nada después de tres semanas de bloqueo total, huelga general y huelgas de hambre, pues en el acuerdo con el Gobierno, para suspender sus medidas de presión, no figuran plazos de cumplimiento ni la cantidad de aportes financieros del Gobierno”. Las palabras de un ciudadano tan importante y que nos asegura ser asesor de ministros cayeron cual un balde de agua fría en nuestras pequeñas cabezas, de tal manera que todos permanecimos callarus y no volaba ni un taparacu (léase mariposa nocturna).

Caliente ante las palabras del yatiri Calimán reaccioné en favor del pueblo potosino y de sus dirigentes diciéndole: “Debe usted saber que la voz y la acción de los potosinos que se alzaron durante tres semanas lograron la unión entre los potosinos de todo el país y lograron que ahora nadie les faltará el respeto”, como dicen los periódicos, la radio y la televisión.

El yatiri Calimán, bajando un poco el tono de su voz, reconoció que mis palabras eran correctas y veraces, pero que los brujos andinos tenían la capacidad de ver más allá de sus narices y que Calimán entra al fuego y no se quema, entra al agua y no se moja, y entra al Malena y no paga.

Como conozco el poder de los yatiris en éste y en gobiernos anteriores, preferí callar por el miedo a quedarme con la boca chueca por obra de un maleficio brujeril, oportunidad que aprovechó Calimán para decir a toda la concurrencia del naiclú Malena:

“Este Gobierno es de brujos que leemos bajo el agua, y es por ellos que el final del conflicto potosino es otra ‘mamada más’”. Como no tengo cara de teta, salí del local cubriéndome “mis pechos”.
 
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