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Feliz Navidad, hermanito



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 26 de diciembre de 2010

Ayer salí por las calles de La Paz y El Alto con esta carita de gilipollas que Dios me ha dado y que engaña a muchos que me creen periodista y a veces caballero. En realidad no salí de paseo para felicitar a mis congéneres por la Pascua de Navidad sino para mostrar a mis conocidos la camisa y la corbata nueva que me obsequió el Niño Dios, guardando las otras para próximas oportunidades.

Para encender nuevas murmuraciones en el barrio de San Miguel inicié mi paseo luciendo a mi lado a mi comadre Macacha, que ayer estrenó unos pantalones vaqueros que yo le regalé en la Nochebuena y tuve que ayudarla para que pudiera meterse dentro de ellos, una hazaña que demandó varios calzadores y medio kilo de vaselina. Después de mucho afán ella entró en los pantalones vaqueros Made in USA o éstos le entraron.

Dejamos mi motocicleta Harley Davidson lejos del Ministerio de Transparencia para que ningún buen funcionario se aficionase de mi motorizado, y Macacha acompañada de este humilde profesor de música y canto nos lanzamos a desear una feliz pascua de Navidad a nuestras numerosas amistades.

La frase cabalística “feliz Navidad, hermanito” la dije a un hermoso cholo que conocí en el Bar Chuma. Me miró chueco y me contestó: “¡Qué feliz navidad ni qué narices si no tengo un solo peso para llegar al año nuevo!”.

Macacha me explicó que hay mucha gente en nuestro país que mira con terror los próximos días porque todo ha subido de precio y seguirá subiendo mientras algunos gobernantes creen que los bolivianos vivimos en el mejor de los mundos.

Al encontrarme con otro amigo a quien suponía rico le repetí mi feliz estribillo de “feliz Navidad, hermanito”, encontrándome con su mirada profunda y triste y estas palabras que deberían movernos a la reflexión:

“Gracias por tus buenos deseos, pero es muy difícil ser feliz cuando las autoridades van anotando en sus registros cuántas casas tienes, cuántos automóviles guardas en tu garaje y cuántas cuentas corrientes tienes en los bancos…
Macacha y yo seguimos abrazando a todo pinche que se nos cruzaba repitiéndoles nuestra muletilla de “feliz Navidad, hermanito”, porque ambos creemos en Dios y en su Iglesia y no nos atemoriza el porvenir que algunos ven amenazante.

Macacha le dijo a una señora que temblaba ante la reforma educativa porque ya veía a los bolchevique quemando los colegios católicos:

“No tenga miedo, señora, porque en esos colegios ya estarán inscritos los hijos de los actuales ministros y viceministros y también los hijos de quienes hoy dirigen los ayllus y las marcas del Kollasuyo y de todos los SS (Sectores Sociales)”.
Ante ese panorama, decidimos seguir deseando a todos nuestros conocidos y también a los desconocidos que encontrábamos:
“Feliz Navidad, hermanito; feliz Año Nuevo, hermanita, aunque pasen por tu puerta los farsantes bolcheviques montados en briosos corceles. Y es que Dios está con nosotros”.

Hablando con el Niño Dios



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 25 de diciembre de 2010

Mientras yo me estaba alistando para recibir a mis amigos y parientes que acudirían a festejar en mi casa la Nochebuena y fumigaba mis orejas y mi cuello con una loción riquísima apareció mi comadre Macacha y luego de decirme: ¡Qué bien huele usted, compadre!”, pasó a decirme con aire malicioso: “Le propongo escaparnos una hora, antes de que lleguen los invitados”. La miré sorprendido y estuve a punto de decirle que yo no me escapo con ninguna chola, y menos con una chola que es mi comadre y menos aún durante la Nochebuena. Pero la pícara cochabambina me aclaró todo a tiempo: “No piense mal de mí, compadre, no quiero escaparme con usted al motel Devórame Otra Vez (que sólo conozco de nombre), sino que quiero escaparme con usted al templo del Señor de la Exaltación, nuestra parroquia de Obrajes, para que asistamos a la Misa de Gallo que se oficiará a las nueve de la noche y de allí volvemos a la casa para alegrarnos en la fiesta de la Nochebuena”.

Montamos en mi motocicleta Harley Davidson conducida por ella, yo abrazado a su cintura, y cumplimos en pocos minutos el raid que esta noche excepcional se llamó “Polleras en la Nochebuena”.

Macacha me llevó a un banco cercano al Nacimiento que habían preparado los devotos en la nave derecha del templo. Seguimos con devoción las diferentes partes de la Eucaristía que se celebraba y en silencio Macacha y yo le pedimos al Niño Dios milagros diferentes y cruzados, pues mientras ella en su plegaria le pedía al Niño Dios que yo le pagase (a la comadre) los dineros que me prestó, yo le rogaba al mismo Niño Dios que le concediera conformidad a mi comadre en caso de no poder pagarle los dineros que ella me prestó. ¿Qué habría resuelto el Niño Dios ante estos milagros contrapuestos que le solicitaron dos de sus fieles devotos?

Como soy más confianzudo que mi comadre, me dirigí al hermoso Nacimiento que habían arreglado los padres de la Parroquia, las señoras de Obrajes y los jóvenes catequistas y hablé con el Niño Dios en forma reservada y cariñosa. En pocas palabras le conté que mi alma se hallaba muy preocupada por todas las leyes y decretos que había dictado el Gobierno este último tiempo y que todas ellas estaban destinadas a la construcción de un Estado Socialista como la Unión Soviética en Europa y Cuba en América Latina y algunos imitadores como Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

El Niño Dios sonrió ante mis temores y me dijo que no me preocupara porque el socialismo boliviano es un socialismo hualaycho y no llegará nunca a ninguna parte porque el verdadero socialismo es serio y fue conducido por filósofos, economistas y políticos muy importantes, mientras que los nuestros no han llegado siquiera a la secundaria, aunque hay una que otra excepción que ha leído mucho y ha entendido poco. Yo quería que el Niño Dios me continuara hablando, pero vino Macacha para contarle en una fecha tan solemne que hay caballeros tramposos que le deben plata.

Volvimos a la casa en mi motocicleta cuando mis parientes y amigos ya llegaban con muchas ganas de chupar y de comer.

Esta noche es Nochebuena



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 24 de diciembre de 2010

Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, saca la bota, María, que me voy a emborrachar, esta copla española me la enseñó mi esposa en nuestra primera Navidad que celebramos en Cochabamba luego de casarnos en Madrid para repetirla siempre en un día tan especial como éste. Sin embargo, las circunstancias especiales que hoy rodean mi vida me obligaron a cambiar un poco la copla y decir cantando a mi comadre que acudió a mi casa para preparar la fiesta navideña, teniéndole que cantar acompañado de mis castañuelas: Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, saca la chicha, Macacha, que me voy a emborrachar. Y una tinaja de chicha punateña llegó para ocupar un sitio fresco del jardín donde fue colocado el zumo del maíz cochabambino.

Para mantener la alegría y la paz en nuestra reunión familiar acordamos con mi pariente espiritual que sólo beberíamos una tutuma de chicha al iniciarse la fiesta de Nochebuena e igual cantidad de la punateña sería invitada a cada uno de los asistentes al llegar éstos a la reunión, como hacen los rusos cuando llegan sus convidados: te saludan afectuosamente y te invitan a beber un vodka puro servido en una pequeña copa helada.

Mi comadre me dijo en la oreja que se aprestaba a preparar una picana para esta noche, algo que me asustó porque también lleva el nombre de “picana eléctrica” un sistema de tortura tradicional en nuestra policía política desde hace varias décadas y que seguramente sigue funcionando para obtener declaraciones políticas, como sucedió en el caso célebre del señor Olorio, quien murió en una oficina policial por “infarto testicular”.

Vi la destreza de mi comadre Macacha para cortar magistralmente las carnes de res, de chancho y de pollo que luego echaría a cocer para darle sustancia y sabor a nuestra picana de Nochebuena y al advertir su pericia en el manejo de los cuchillos preferí retirarme del lugar sin decirle que, dada la cantidad de grasas y de aderezos picantes que lleva la picana boliviana, alguna vez me atreví a calificar a este manjar como “plato póstumo”; sin embargo hoy quiero prevenir a mis lectores que sufren de algunas deficiencias hepáticas.

Alisté música navideña con villancicos españoles que ya cantaron mis hijos en otras noches buenas y que ahora lo cantan mis nietos, algunos de los cuales ya son “k’aspotes” y tienen gruesas sus voces.

También he invitado para esta Nochebuena a algunos niños que viven en las cercanías de mi casa para que con sus instrumentos navideños vengan también a adorar a “mi Niño Dios” que traje de Madrid y que renace cada año en el pesebre de Belén que armamos en su honor.

Vendrán mis tíos Pelópidas, Huevastián Empédocles y también estarán mis tías Encarna y Purita, y también estará mi tía Semáforo, llamada así porque nadie la respeta después de las diez de la noche.

No hablaremos de política porque no se debe hablar de cochinadas en una noche tan limpia y tan pura.

La Navidad engorda



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 23 de diciembre de 2010

Después del ataque surtido que sufrí cuando perdí la razón por algunas horas y se produjo un cortocircuito en mi sistema nervioso, fui condenado por mi psiquiatra de cabecera a 24 horas de incomunicación y encierro en mi santa alcoba conyugal, impedido de movimiento por una camisa de fuerza donada por la Asociación de Chuquisaqueños Residentes en La Paz, presidida por el Dr. Julio Zamora.

La única persona autorizada para ingresar en mi alcoba fue mi comadre cochabambina Macacha viuda de Racacha, quien recibió desde Zaragoza (España) un permiso telefónico que en su parte principal decía: “Autorizo exclusivamente a mi comadre a ingresar en mi alcoba conyugal sólo con el fin de cuidar la salud deteriorada de mi esposo a causa de sus excesivas preocupaciones navideñas”.

Con mis ojos chaskañawis mirando al techo de mi habitación, escuché de mi comadre que en mi ataque de locura navideña me hice pis en el árbol navideño, lo cual produjo un cortocircuito en todo el sistema eléctrico de la casa, y arremetí a trompadas con un tal Papá Noel que adquirí en Francia hace muchos años. Dice mi comadre que en medio de mi insania emprendí a patadas con los pequeños pastores que cuidaban la imagen del Niño Dios que nacerá en mi pesebre navideño mandando a los pastorcillos de Belén que se fueran a Achacachi, célebre centro ovejuno, o a Orinoca, donde nació el presidente Evo, quien acababa de promulgar la nueva Ley Educativa, que destierra a Dios de todas las escuelas fiscales. Realmente estuve loco de atar.

Mientras mi comadre me colocaba unas compresas de vinagre en mi afiebrada frente, aprecié por vez primera unos rollos en su región torácica y con mucho respeto me atreví a decirle: “Comadre, acabo de apreciar por vez primera unos rollos en su región ombliguera, y con todo respeto le pregunto si son rollos que siempre los tuvo o son rollos que aparecen en la época navideña…”.

La cochala se calentó y me dijo: “Y a usted qué le importa, viejo libidinoso que siempre se fija en los rollos de las mujeres casadas o viudas como yo. Acaba usted de salvar la vida después de un ataque surtido navideño que lo enloqueció, y lo primero que hace es fijarse en mis rollos abdominales. Sí, son de verdad y me aparecen todos los años en estas fechas porque todos los ciudadanos del mundo comemos más para olvidarnos de los hambrientos que hay en el mundo. ¿Es que no ha visto a esas pobres mujeres del Norte de Potosí cargadas de sus wawachas?

“Mientras tanto, usted ya me ha regalado tres panetones riquísimos y hemos comido pollos Copacabana y hamburguesas Doria Medina, y hemos ido a cenar al restaurante italiano Bravísimo y también me ha llevado a almorzar al restaurante Chabuca. Es que la Navidad enloquece a algunos como usted y nos engorda a todos. Ahora mismo estoy pesando 70 kilos sin polleras y 85 con polleras”.

De manera tan casual llegué a enterarme de que los excesos navideños enloquecen a algunas personas como yo y engordan a las cholitas cochabambinas como Macacha.

 
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