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Verde, verde verbenita


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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La Paz - Bolivia, jueves, 30 de junio de 2011

Pareciera que el presidente Evo domina el arte teatral y desde cualquier escenario interpreta diversos papeles, unas veces para entretenernos, otras para amenazarnos y otras para emocionarnos, como sucedió el otro día conmigo que apreciaba su espectáculo desde la galería, también llamada popularmente “gallinero”.

Espectábamos la obra que esta vez se trataba de un monólogo, cuando de pronto mi comadre Macacha se estremeció agarrándome de una pierna, y pudimos escuchar al celebrado actor que decía: “…estoy para prohibir las verbenas populares que se realizan en las vísperas de los aniversarios cívicos de nuestras ciudades y pueblos, porque cuando llego para solemnizar el acto cívico, los pobladores ya no asisten o llegan borrachos, ignorando que el alcohol hace daño a nuestro pueblo…”.

Así recitó una parte de su monólogo nuestro presidente Evo, y cuando concluyó su actuación, mi comadre cochabambina me dijo: “Creo que el Presidente está desvariando al pensar que un decreto suyo podría terminar con las verbenas populares que se realizan en nuestros pueblos y ciudades…”.

A continuación, nos fuimos a bailar unas cumbias en el naiclú Malena, alternadas con rock andino y amazónico, pues no sería nada raro que cualquier día de estos nuestro gobernante y sus ministros aprobaran un proyecto de ley suprimiendo las verbenas populares y éste fuera a parar a la Cámara de Diputados, donde sería aprobado sin siquiera ser leído por los dóciles parlamentarios masistas que aprueban todo lo que les envía el presidente Evo sin modificar ni una coma ni un punto. Felizmente apareció en nuestra mesa el yatiri Huayruru, llamado así porque siendo muy moreno lleva siempre camisa roja, rouge et noir como diría un tal Sthendal. Huayruru fue recibido cordialmente y le preguntamos qué le sucede al presidente Evo que anuncia estar dispuesto a prohibir las verbenas populares en nuestros pueblos y ciudades.

Huayruru, que estaba de buen talante, al escuchar tal despropósito, comenzó a cantar para nosotros, acompañado de su guitarra, el aire nativo cuya letra dice: Verde, verde verbenita, por qué no has venido a verme, como los primeros días, no hallabas modo de verme…, un huayño contagioso que levantó de sus mesas a todos los concurrentes al “Malena”.

Después de un buen ejercicio rítmico, volvimos a nuestras mesas y allí Huayruru, que dice conocer mucho a nuestro presidente Evo, nos contó que en una de sus últimas visitas a cierta población, el Mandatario constató que había asistido poca gente a rendirle honores y a recibir sus cheques venezolanos por culpa de la verbena popular que se realizó la víspera, hecho que le molestó muchísimo, anunciando que podría prohibir las verbenas. Es por ello que el yatiri nos cantó esa noche eso de: Verde, verde verbenita, por qué no viniste a verme, como los primeros días no hallabas modo de verme…

Así me lo explicó Huayruru y algunas veces creo en lo que dicen los yatiris.

Día de San Pedro y San Pablo


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, miércoles, 29 de junio de 2011

Hoy es un día de mucha significación para los católicos de todo el mundo, pues está dedicado a honrar a San Pedro, quien fue primer pontífice de la Iglesia, y a San Pablo, el genial converso que dio universalidad a la doctrina predicada por nuestro Señor Jesucristo, muriendo los tres crucificados, como enseña la historia de la Iglesia.

Cuando le hablé de Pietro et Paulus a mi comadre cochabambina, ella se mostró sorprendida y me preguntó si yo sabía latín y si había un curita en mi lejana juventud, respondiéndole que ni lo uno ni lo otro, pues todo el latín que conozco es el que aprendí asistiendo a misa, que durante mi niñez se rezaba en esa lengua que parecía universal y misteriosa, y que nunca fui curita ni en La Paz ni en Cochabamba. Sin embargo, mi comadre Macacha continuó escuchando reverencialmente mis pocos conocimientos acerca de la fiesta de Pietro et Paulus.

Aprovechando de la humildad con que me escuchaba, le dije que hoy es también la fiesta del Papado y del Estado Vaticano y que, por ese motivo, hoy izaríamos en mi pequeño jardín la bandera amarilla y blanca que es el emblema internacional del Estado Vaticano, esta enseña la izaremos junto a nuestra tricolor rojo, amarillo y verde. Macacha me preguntó si no izaríamos también la wiphala, respondiéndole sin enfadarme que es muy colorinche y no me gusta porque me han dicho que es un invento reciente de los socialistas kataristas.

Luego, ingresamos en mi living y colocamos en la mesilla central una fotografía del papa Benedicto XVI en lugar de la fotografía de Álvaro García Linera, que estaba allí para advertir a mis visitantes que se abstengan de expresiones racistas contra el Gobierno, cual manda la ley.

Enviamos un ramo de flores al Nuncio Apostólico por ser el día de la Iglesia y del pontificado, y dije a mi comadre Macacha: “Como eres cochabambina, ahora te haré conocer el barrio de San Pedro, donde hay fiesta y donde tengo muchos amigos, no sólo en la cárcel, que también lleva el simpático nombre de San Peter, sino en otros lugares de imborrables recuerdos paceñistas.

Mi transportadora oficial condujo mi motocicleta Harley Davidson hasta la plaza de San Pedro y nuestra primera visita fue al templo, donde, luego de rezar al patrono del barrio, conté a mi comadre que mis amigos monseñor Armando Gutiérrez Granier y monseñor Jorge Manrique regentaron la parroquia. Al salir le mostré dónde funcionaba la secretaría del club Atlético La Paz, en el que brillaron muchos futbolistas sampedreños, llevando luego a Macacha al sitio inolvidable donde sorbí inolvidables helados de canela.

Luego la llevé a la cancha del Olimpic, donde también funcionó la plaza de toros, propiedad de la familia Palazuelos, contando a mi comadre las proezas deportivas de algunos de ellos, como el recordado Paco Palazuelos. El paseo se nos hizo corto y no pudimos ingresar en el panóptico, aunque desde la puerta Macacha envió un beso a nuestro amigo Guillermo Fortún.

Así fue el día de Pietro et Paulus, per sécula seculorumun. Amén.

La coca quita el hambre


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, martes, 28 de junio de 2011

Después de mucho tiempo, mi tía Conchita, que vive en Torrelodones, España, y que es la única pariente que se opuso al matrimonio de su sobrina Pilar con un indiano periodista que aseguraba poseer varias “minas” en Bolivia, me llamó por teléfono pues se encontraba algo alarmada por ciertas noticias producidas en Bolivia.

—Hola, sobrino, hablas con tu tía Conchita, la de Torrelodones…

—Tía Conchita, me alegra saber de ti después de muchos meses de silencio.

—Es que es muy difícil hablar contigo porque unas veces estás en Cochabamba, otras en El Alto, otras veces bailando en honor de tus dioses, y también porque has cambiado de nombre, pues me dicen que ahora te llamas Paulino Huanca. ¡Qué costumbres tan extrañas tenéis en ese país tan folklórico!

—España también es folklórica, tía Conchita, ¡mira que tener un presidente Zapatero hace tantos años!

—Bueno, te llamo porque la televisión informó que tu país desconocerá temporalmente los acuerdos con la Convención de Viena porque éstos mantienen que la coca es un estupefaciente, mientras vuestro Gobierno por un cacique de apellido Choquehuanca sostiene que es una hoja sagrada y que la mayoría de los bolivianos la mastica.

—En primer lugar, tía Conchita, el canciller Choquehuanca no es ningún cacique, y luego, no es verdad que la mayoría de los bolivianos acullica coca. Yo te juro por Dios que nos mira que jamás he acullicado coca y millones de mis paisanos tampoco lo han hecho.

—¿Cómo es eso de a-cu-lli-car, un verbo que no figura en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua…?

—Es un verbo muy difícil de pronunciar para los españoles de Torrelodones y mucho peor para los delegados de las Naciones Unidas que trabajan en Viena.

—Pero dime, ¿en qué consiste eso de a-cu-lli-car?

—Por lo que he observado alguna vez, los campesinos y mineros bolivianos, éstos se llevan a la boca una buena porción de hojas de coca y la mastican hasta formar un bolo que guardan dentro del paladar, y luego introducen en la misma cavidad bucal un preparado duro que contiene carbonato de sodio y algunas sustancias más, que al mezclarse con la coca les adormece la región bucal y les quita el hambre.

—Basta, no me cuentes más, porque eso significa drogarse permanentemente para no sentir dolores, ni fatigas, ni hambre.

—Te lo cuento a ti, tía Conchita, porque eres mi pariente, pero no lo cuentes a tus amigos de NNUU en Viena porque a mi Gobierno le conviene que sigan creyendo que el a-cu-lli-car es algo inocente y que lo practicamos todos los bolivianos o la inmensa mayoría, lo cual no es cierto. ¿Algo más deseabas decirme, tía Conchita…?

—Bueno, querido sobrino indiano, saludos al cacique Choquehuanca, que menudos problemas tendrá que resolver explicando que el a-cu-lli-co es inocente, que la coca no es estupefaciente y además es sagrada para todos los bolivianos.

La cultura en retro


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
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La Paz - Bolivia, domingo, 26 de junio de 2011

No repuestos de tales emociones, recibimos una invitación del Ateneo Pericles de selectos pensadores greco–cochabambinos dirigidos por Aristóteles Giorgiadis Quiroga, comunicándonos la realización de un foro–debate con el título de “Atahuallpa ha muerto, ¿quién vive ahora…?”, que emocionó a mi protectora number one, la señora Margarita viuda de Racacha, más conocida como la señora Macacha, de profesión prestamista al por menor.

Mi pariente espiritual se mostró desconcertada al saber que los sabios cochabambinos nos ilustrarían mejor que nadies acerca de un viaje en retro al plácido mundo del Tawantinsuyo, donde imperaba un socialismo plagiado muchos siglos después por tipos como Marx, Engels, Lenín, Trotsky y Stalin, quienes no soñaron tener un seguidor tan inteligente como Álvaro García Linera.

Dije que Macacha estaba desconcertada al iniciar un viaje en retro a Cochabamba en mi motocicleta Harley Davidson cuya caja de cambios no tiene retro. Sin embargo de esa duda metafísica, llegamos, dirigiéndonos ansiosos al Bar Comercio, cuyos habituales clientes son las personas más inquietas e inteligentes de Cochabamba y todas sus provincias.

A manera de saludo, Aristóteles Giorgiadis Quiroga dijo al vernos ingresar en el Bar Comercio: “He aquí un periodista de sangre cochabambina que estudió periodismo en España, vivió algunos años cerca de la Sorbona en París, ascendió en Grecia hasta el Partenón, y sin embargo estuvo hace unos días en Tiwanaku para recibir los primeros rayos del sol en el amanecer del primer día del año 5519. Viene acompañado de una paisana nuestra que protege al periodista y le conduce en motocicleta por los caminos del mundo.

Hubo algunos aplausos para mí, mientras los pensadores greco-cochabambinos se preguntaban: “¿Y quién es esa chola tan macanuda que acompaña al periodista…?”.

Varios oradores intervinieron en el foro-debate y coincidieron en que nuestros gobernantes están empeñados en retroceder las agujas del reloj de la Historia y nos llevan a adorar al dios Inti, pidiéndole energía cósmica cuando sabemos que el sol produce el cáncer de piel. Un quillacolleño ilustrado comunicó que él había visto por televisión cómo hombres del siglo XXI inmolaban llamas y vicuñas, ofreciendo al dios Inti los corazones de estos animalitos, como si viviéramos en tiempos del incario.

Un pensador tarateño reveló que en el diálogo entre Ollanta y Evo no se había tratado acerca de la nueva Confederación Perú–Boliviana, y que él había escuchado que uno de los dos gritó: “Atahuallpa ha muerto, ¿quién vive ahora…?”, sin poder precisar cuál de los dos dio la respuesta.

Un orador capinoteño nos pidió luchar para no volver a las épocas del incario, recordándonos que América fue descubierta en 1492 después de Cristo y la Divina Comedia ya había sido escrita por Dante.

Fue una sesión muy ilustrativa que concluyó con mueras al dios Inti y vítores a Laboratorios Inti.

No cabe duda de que en días pasados vivimos intensamente la insólita experiencia de haber realizado un viaje en retro a los tiempos del incario, cuando nuestros antepasados adoraban al dios Sol, al igual que otros hombres primitivos.

 
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