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La cocaína nos está cambiando


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 21-Jul-2011

Hemos despertado a la realidad: Bolivia está cambiando pero está peor y eso se debe a la cocaína y al narcotráfico que han transformado a nuestro país en una nación violenta donde todo quiere resolverse a balazos para mantener la hegemonía de un cártel sobre sus rivales. Esta percepción me estremeció cuando supe del atentado que sufrió un abogado cruceño cuando se aprestaba a ingresar al edificio de la Corte Superior de Distrito para atender asuntos normales inherentes a su profesión y recibió varios balazos de algunos sicarios que aún no han sido capturados mientras la víctima lucha por salvar su vida en un centro médico.

Hechos análogos suceden con frecuencia y su denominador común es matar a quien se considere rival o competidor en la lucha por la hegemonía de bandas, como sucede en México y Colombia, principalmente.

Iba meditando en esta dolorosa realidad que no sólo es cruceña sino boliviana porque la cocaína es producida y comercializada en todo el territorio nacional, cuando apareció en mi casa mi abnegada protectora la cholita cochabambina quien aprovecha las horas de la mañana para leerme la prensa de todo el país porque mis cansados ojos ya no pueden hacerlo, coincidiendo ambos en que verdaderamente "Bolivia cambia" pero no para su bien sino para su mal y que si en épocas anteriores nuestras diferencias eran definidas a flechazos hoy utilizamos pistolas, ametralladoras y también dinamitazos, mientras voces colombianas u otras con acento caribeño ordenan la defensa de sus laboratorios, depósitos, arsenales y hangares, cuando son descubiertos.

Mi comadre cochabambina al percibir mi preocupación por este cambio que va sufriendo nuestro país por el crecimiento de las áreas cultivadas de la hoja de coca y la eclosión de fábricas que producen la cocaína, me dijo: "no se angustie, compadre, porque nada malo le podrá suceder a usted mientras yo esté a su lado" enseñándome a continuación un chaleco antibalas especial para mujeres, o sea, una combinación de sujetador y coraza metálica, una verdadera obra de arte producida por las lencerías y los talleres de mecánica que protegen el busto de una mujer sin que éste pierda sus encantos femeninos de su "pechonalidad".

Ante mi convencimiento de que Bolivia cambia y también cambiarán algunas de nuestras costumbres, confié a la valerosa heroína cochabambina mi protección y mi defensa en caso de que algunos de lo cárteles extranjeros que operan en el país y que el astuto ministro de Gobierno señor Llorenti dice desconocer su presencia en el país.

Macacha me entregó un artefacto corporal que podría protegerme de algunos atentados explicándome ella que se trataba de un chaleco "antibolas" que me protegería de todos los ciudadanos que niegan que la cocaína, o los dineros que ésta produce favorece a la economía de un gran número de cocaleros en el Chapare, en los Yungas de La Paz y en el resto del país.

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