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Año Nuevo Aymara



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Miércoles, 9 de junio de 2010

Con inmensa alegría me enteré de que la Ministra del Trabajo anunció que el próximo 21 de junio será feriado nacional con suspensión de actividades públicas y privadas por ser el Año Nuevo Aymara, acontecimiento que coincide con el solsticio de invierno.

Me fue difícil encontrar a mi comadre Macacha para comunicarle la regocijante noticia, pues su oficina de préstamos funciona en todos los mercados de La Paz y algunos de Oruro, Cochabamba y Santa Cruz, hasta que la hallé en el mercado de El Tejar apretando el cuello con un bufanda a una de sus clientes pobres que no le había cancelado aún los intereses en dólares correspondientes al pasado mes de abril.

La abracé con más fuerza de la que acostumbro y ella tuvo que decirme “me estás apechugando, compadre”, mientras yo le decía alborozado: “happy new year, comadre, que festejaremos el próximo lunes 21 de junio!!!”.

La cholita cochabambina quedó perpleja y me dijo: “Creo que estas tojpi compadre, porque para el año nuevo faltan más de seis meses. Nos fuimos caminando hasta un restaurante que según ella quedaba cerca de San Pedro y que tiene un nombre aymara Mank"a Siñani. En ese ambiente propicio le conté lo que sabía acerca del Año Nuevo Aymara que deberemos celebrarlo todos, hasta los cruceños, los benianos mojeños, los cochabambinos que descendemos de quechuas, los sobrevivientes de la Embajada de Estados Unidos y mis parientes que viven en España, Suecia y Alemania, incluidos el cardenal Terrazas y el Nuncio Apostólico de su Santidad porque se trata de un decreto suscrito por el presidente Evo y todos sus ministros, hasta el ministro ítalo-aymara Sacha Llorenti.

Mi comadre Macacha y yo, que no tenemos un pelo de aymaras, festejaremos el advenimiento del año nuevo aymara Nº 5.518, o sea tres mil quinientos años más que los crudos occidentales y cristianos.

Mientras saboreábamos algunos manjares aymaras como el cuasi extinguido “chalón china”, que es una merienda, un aptapi servido sobre un aguayo sin platos ni cubiertos, sirviendo con las manos trozos de chalona, papas y chuños cocidos, huevos duros con llajua, Macacha me preguntó inocentemente: “Qué habrán hecho los aymaras en 5.518 años que celebraremos con entusiasmo, éste y los próximos 21 de junio”.

Me atraganté con la chalona–china y casi me ahogo con el huevo duro, y cuando me alivié le dije: “No lo sé porque no hay una historia escrita acerca de la civilización aymara por la sencilla razón de que ellos nunca tuvieron escritura”.

No quisimos ingresar al terreno de la importancia de los aymaras hace más de cinco mil quinientos años, pero decidimos adherirnos a los festejos del Año Nuevo Aymara bailando el rock y el regeatón, bebiendo champaña francesa, whisky escocés, vinos de España, cerveza alemana y Gin inglés, aunque nos critiquen los nuevos adherentes a la civilización aymara.

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