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Ley corta para la fiesta



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Viernes, 28 de mayo de 2010

Anoche estuve en la ciudad de El Alto, adonde acudí para despedirme por tiempo indefinido de mis alumnas tangueras, de mis amigos yatiris y de los clientes habituales del naiclú Malena, y también de las heroínas del estriptís porque a partir de mañana estaré entregado totalmente al cumplimiento de mis deberes religiosos y folklóricos en la fiesta del Gran Poder.

Muchos envidiaron mi suerte y acudirán a la Entrada del Gran Poder para vernos bailar desde las graderías o apostados en las calles; les agradecí la solidaridad, pero les demostré con números que en la fiesta no baila cualquier pobre diablo sino las personas con un respaldo económico como yo, que cuento con la ayuda financiera de mis parientes mujeres y de mi comadre Macacha. Entre los envidiosos que no podrán bailar a partir de mañana estuvieron mis amigos yatiris Titirico y Calimán, a quienes escuché decir entre dientes: “Mujer que no te da plata trae mala suerte”, repitiendo una máxima mía que me ayudó mucho en la vida, pero no les hice caso.

Haciéndose los moralistas, los yatiris criticaron a todos los bailarines del Gran Poder porque —según ellos— gastamos mucho dinero con el pretexto de que bailamos en honor de Jesús para pedirle milagros económicos en vez de donar nuestra plata a los “movimientos sociales” que luchan por el cambio liderado por su jefe, el presidente Evo. Al escuchar semejante barbaridad nos reímos todos y una chica del elenco estable les dijo a los brujos andinos que estaban hablando yemadas.

Los yatiris quedaron unos instantes callarus, pero Calimán contó que ellos habían sugerido a algunos de nuestros gobernantes que el presidente Evo debería dictar una ley corta, como las que están de moda para “jodernos” (así lo dijo) a los bailarines que creemos en Jesús del Gran Poder y que gastamos tanta plata para honrarlo en su festividad.

Alarmado, le pregunté al yatiri en qué consistiría ese proyecto de ley corta que propusieron los yatiris, explicando Titirico que el texto de las leyes no se publica por anticipado sino después de haber sido aprobado, pero que la ley contaría con pocos artículos, siendo su espíritu registrar individualmente a todos los bailarines, investigar cuánto gastaron en disfraces, cuánto pusieron por cabeza para pagar a la banda de música que los acompañó; cuantificar el gasto personal de los bailarines en cerveza, pisco, ron, whisky y otras bebidas alcohólicas, calcular el gasto en comidas durante toda la festividad y también investigar los gastos económico-sexuales y si éstos fueron a parar a sus parejas de baile o a pelanduscas extrañas a la fiesta.

Semejante disparate nos produjo risa y alguien, que no fui yo, dijo a la concurrencia del Malena: “La fiesta del Gran Poder es la auténtica fiesta del cholerío paceño y boliviano, de aquellos que trabajamos y producimos en áreas muy diversas gracias a nuestro esfuerzo bendecido por Jesús del Gran Poder; quien quiera meterse contra esta fiesta estará perdido”. Los yatiris callaron.

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