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La democracia en Quillacollo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Martes, 1 de junio de 2010

Cumplida mi promesa del Gran Poder, de bailar en su honor en la Entrada del último sábado, y cuando me aprestaba a continuar con los festejos para “curar el cuerpo”, mi comadre Macacha me dijo con la autoridad que inviste su hegemonía económica:

“Ya no más chicha, ya no más cholas, pues te ha llamado urgentemente a Cochabamba tu amigo don Aristóteles Giorgiadis Quiroga porque hay líos en Quillacollo donde peligra la democracia cochabambina”.
Ante un anuncio tan serio, nos dirigimos al aeropuerto para embarcarnos en un avión de AeroSur rumbo a la capital del valle donde se hallaba reunida de emergencia la Academia Pericles integrada por pensadores greco-cochabambinos bajo la dirección de mi mencionado amigo y colega.

Allí me enteré de los graves sucesos acaecidos en Quillacollo, sede de la Virgen de Urkupiña y recientemente proclamada “la capital del chicharrón cochabambino”, títulos que dan realce mundial, pues hay devotos de la Mamita de Urkupiña repartidos por todo el mundo, quienes al mismo tiempo son fanáticos consumidores de esa delicateze quillacolleña.

En la Academia Pericles de Cochabamba fui informado por su Presidente que el doctor Héctor Cartagena había triunfado en las elecciones del 4 de abril y debería ser posesionado como alcalde de Quillacollo el domingo pasado, como sucedió en todos los municipios del país. Sin embargo, los derrotados, que pertenecen casualmente al Movimiento Al Socialismo, no aceptaron el resultado electoral y comenzaron una guerra contra el doctor Cartagena para no ser desplazados de esa Alcaldía después de cinco años de manejos irregulares, según dijeron sus adversarios. Lo cierto es que el doctor Cartagena fue afectado por la campaña y sufrió una lesión coronaria que requirió de su internación en una clínica.

El día domingo fue traslado en una ambulancia ante la autoridad judicial para ser posesionado como Alcalde de Quillacollo, mientras sus partidarios y también sus adversarios confundían a la milagrosa Virgen de Urkupiña con plegarias contrapuestas y cruzaban miradas chuecas de bronca cuando se encontraban en algunas chicharronerías famosas del lugar. La autoridad judicial tomó el juramento de ley de Alcalde electo de Quillacollo, doctor Héctor Cartagena, quien asistió al acto sentado en una silla de ruedas o, como diría un cochabambino malo (que también los hay), “calzando aro 14”.

El nuevo Alcalde duró en su mandato dos horas, pues antes de estrenar su despacho de burgomaestre fue suspendido de sus funciones por concejales masistas, y la señora Carla Lorena Pinto, de filiación masista, fue designada alcaldesa interina.

Ésos son los hechos conocidos en la Academia Pericles, presidida por el pensador greco-cochabambino Aristóteles Giorgiadis Quiroga, quien sorprendido por estos atropellos me dijo en la oreja: “La democracia aristotélica, y anteriormente platónica, aún no ha sido comprendida en Quillacollo y deberíamos consultar con Minerva acerca de los efectos peligrosos de la chicha y el chicharrón”.

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