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Produciremos más coca



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La Paz - Bolivia, Jueves, 10 de junio de 2010

Esperé con ansias locas el retorno de mis amigos yatiris de la zona chapareña donde asistieron a las deliberaciones del Décimo Congreso de las Seis Federaciones de Cocaleros, cuyo jefe máximo es y seguirá siendo el Presidente del Estado Plurinacional, Multicolor y Folclórico, ex República de Bolivia.

Mi ansiedad fue mayor porque también esperaba el retorno de mi comadre Macacha, quien afortunadamente posee dos catos de coca, uno a su nombre y otro al de su ex marido que falleció hace seis años y cuyo deceso no comunicó a los dirigentes sindicales del Chapare, por lo cual sus catos siguen produciendo.

Cuando me encontré con los mencionados en el Consultorio de Adivinación Política y Problemas Sentimentales se produjeron tiernas escenas propias de un reencuentro amistoso y mi inocente pregunta a los recién llegados: “¿Y cómo está el presidente Evo?, ¿hablaron con él?, ¿a qué dedica el tiempo libre...?”. Enterándome por ellos de que se encuentra bien, aunque le afectaron mucho los crímenes de los ayllus en Uncía y la pedrea contra la casa de su hermana Esther en Oruro.

Un poco aturdido por la emoción de verlos nuevamente, pregunté a mis amigos brujos si me habían traído un poquito de coca del Chapare, respondiéndome Calimán que no me habían traído ni una poquita porque toda la producción de hojas de coca del Chapare es utilizada en su “industrialización” en modernos laboratorios agroquímicos importados a Bolivia por capitalistas colombianos y de otros países amigos. Esa respuesta tan inteligente y sofisticada a la vez me conmovió.

Pregunté a Macacha por los catos que le fueron concedidos a ella y a su difunto esposo, respondiéndome que sus catos de coca seguían produciendo bien por sus inquilinos y que marcharían mejor si yo me decidiera a acompañarla a trabajar en el Chapare en vez de dedicarme a escribir en los periódicos.

Luego me contaron con muchas cifras y detalles acerca del enriquecimiento de los chapareños describiéndome algunos de los chalets que han comprado en Cochabamba y los vehículos de lujo que adquirieron en los últimos años, gracias —según los cocaleros— al apoyo que les brinda el máximo dirigente de los cocaleros del Chapare, Evo Morales.

Un cocalero les había dicho: “Gracias a nosotros es Presidente del Estado Plurinacional, y gracias a él tendremos mayores extensiones de tierra para cultivar la coca”. Al escuchar esa opinión, Titirico dijo: “Eso se llama amistad y el mismo Evo ha dicho que cuando deba dejar la silla presidencial retornará al Chapare, donde conserva unos catos de coca”.

Ante esas pinceladas que nos muestran que Bolivia es un país cocalero, no pude menos que dirigirme a mi comadre Macacha y decirle: “¿Me podrías alquilar a buen precio el cato que está a nombre de tu marido?”. Y ella, como buena cochabambina, me contestó: “Quizás, quizás, quizás”.

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