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Bailar es cosa sana



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Miércoles, 24 de marzo de 2010

El pasado domingo se bailó en algunas calles del barrio de Chijini de La Paz, mientras el barrio Sur fue tomado por manifestantes políticos para competir entre ellos coreando los nombres de candidatos a alcaldes y gobernadores. Como soy bueno para ambos ejercicios ciudadanos y mis dolores reumáticos atacaban mis ttusus (léase pantorrillas), tuve que llamar por teléfono a mi comadre Macacha para que aliviara mis dolencias. A los pocos minutos, la cholita cochabambina se presentó en mi casa con sus aretes de oro (orejeras y bajeras), un topo de oro sujetando su manta de seda, mientras una hermosa pollera de noble tela dejaba adivinar su blanca mank’ancha (léase enaguas); todo ese conjunto aurífero y textil se hallaba coronado por un sombrero Borsalino legítimo adornado también con otra joya de oro de 18 quilates.

No pude menos que preguntarle a Macacha: “¿Por qué vienes tan elegante y enjoyada si sólo te he llamado para que me des unas frotaditas en mis ttusus...?”. Macacha sonrió y dijo: “Es que después de la frotadita a tus ttusus me acompañarás a una fiesta preparatoria del Gran Poder que llegará a fines de mayo”.

Preparó una mezcla de ungüentos, pomadas y menjurjes, se los echó en sus manos y con ellas me frotó los ttusus sin hacer caso a mis gritos de dolor, hasta que éste se marchó y yo salté de la cama cual un cabrito retozón. Macacha sacó del garaje mi motocicleta Hardley Davidson y nos trasladamos raudos a la zona de Chijini, donde ya estaban bailando los miembros de la Fraternidad Viajantes Honestos al Desaguadero, prestigiosa entidad de contrabandistas honrados que fue organizada para dar gracias al Señor del Gran Poder por beneficios recibidos.

Bailé cinco minutos y volvieron mis dolores reumáticos, lo que puse en conocimiento de mi curandera cochabambina, quien me dijo que descansara mientras ella continuaba bailando y rebotaba de cholo en cholo, lo cual me puso celoso y me llevó a pedirle que respetase el buen nombre de su finado esposo.

Mientras observaba a nuevos grupos folklóricos que este año se sumarán a los danzantes del Gran Poder, me dediqué a hacer un evalúo de las joyas que lucían las cholitas danzantes que en gran mayoría son comerciantes que trabajan en la ciudad de La Paz y ahorran su dinero para convertirlo en joyas que lucen en algunas ocasiones, pues la mayor parte del tiempo trabajan de sol a sol.

¿Pobre el pueblo paceño, el orureño, el cochabambino y el potosino? Me parece que no es tan pobre. El pueblo que yo vi el domingo preparando sus bailes para la fiesta del Gran Poder era un gentío feliz, rico y entusiasta del baile.

Al volver al barrio Sur vi a millares de empleados públicos que habían sido obligados a asistir a manifestaciones electorales en pro de algunos candidatos oficiales y semioficiales. Volvían cansados de su servidumbre política. Al cruzarme con algunos en alguna calle, no pude menos que decir: “Éstos son los verdaderos pobres de La Paz y los ricos están bailando preparándose para la fiesta del Gran Poder”.

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