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La OEA necesita Viagra


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© EL DIARIO / La Paz, Bolivia
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13 de Marzo de 2012

SMi vieja ocupación de curandero fue respaldada oficialmente por el canciller de la República, señor David Choquehuanca, cuando éste hace unos días en una sesión de la Organización de Estados Americanos aconsejó a Embajadores y Delegados el consumo de la papalisa como vigorizante sexual de mayor eficacia que el Viagra. Cuando mi comadre Macacha leyó para este pobre cieguito esta pintoresca noticia aparecida en muchos periódicos del mundo me preguntó con su natural inocencia ¿qué es el Viagra?, le respondí que yo no lo sabía, aunque muchos amigos míos me hablaron del famoso fármaco, pero lo mejor que ella podía hacer era invitarme papalisa todos los días en el desayuno, almuerzo y cena.

Felizmente, esa noche ella me convidó al naiclú “Malena” de la ciudad de El Alto, donde se verificaría una actuación cultural en honor al ministro de Relaciones Exteriores David Choquehuanca, organizada por la Confederación de Yatiris (brujos andinos), quien había sido torturado, golpeado y secuestrado por los marchistas del TIPNIS hace algunos meses, durante la famosa marcha que éstos protagonizaron hasta llegar a La Paz.

Mis amigos yatiris nos recibieron cariñosamente en las puertas del “Malena”, donde nos dieron la noticia de que el ministro Choquehuanca no asistiría por tener que cumplir obligaciones de Estado.

Lamentamos su ausencia y al grito de “¡Meta Cumbia!” comenzamos a menear nuestros cuerpecitos, cual si fuéramos mulatos libidinosos.

A medianoche, el yatiri Wayruru tomó el micrófono para anunciar a todos los asistentes que por gentileza del canciller Choquehuanca el naiclú “Malena” invitaría un plato de Sopa de Papalisas, anuncio que fue recibido en medio de gritos de delirio.

Mi comadre cochabambina se puso seria y frunciendo el ceño me dijo en la oreja “ni usted ni yo, compadre, probaremos de ese caldo porque sospecho que es afroasiático”. Dije a mi comadre que no entendía lo que me dijo; ella repensó sus palabras y rectificó: “perdón, compadre, no quise decir afroasiático sino afrodisíaco”.

Yo hubiera ingerido la sopa de papalisas para ver qué efectos me produciría la papalisa e insistí a mi comadre que aceptáramos la invitación de Choquehuanca, pero la recta cholita cochabambina reiteró su negativa a beber tal brebaje que vigoriza el sexo.

No sucedió nada entre los invitados y a las seis de la madrugada nos invitaron un ají de papalisas en vez de fricasé. Y todos los que consumieron este ají de lisas declararon que nada les había sucedido.

Entonces me día cuenta de la sabiduría del Canciller aymara, quien con el cuento de las papalisas quiso decir a los Embajadores que integran la OEA que este organismo no sirve para nada y que sus miembros necesitan Viagra para funcionar.

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