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Llanto por el Barbaschocas


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© EL DIARIO / La Paz, Bolivia
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© by Paulovich



11 de Marzo de 2012

Se llamaba Luis Amado Pacheco, un apellido respetable aunque todos lo son, como es el caso de mi comadre, quien lleva con orgullo el apellido de Racacha que le legó un aristócrata del volante, creador de una flota de buses que recorrieron los caminos de Cochabamba y La Paz.

Fue precisamente la viuda del señor Racacha a quien la Providencia escogió para ser mi comadre y quien guía actualmente mis últimos días de periodista con su sabiduría popular y su colaboración financiera, quien llegó a mi casa y me comunicó llorando la noticia de la muerte de Luis Amado Pacheco, contestándole que yo no conocía a ningún ciudadano de tal nombre, por lo cual –hecha un mar de lágrimas- me aclaró las cosas diciendo: “se ha muerto el Barbaschocas”.

Recién caí en cuenta de quién era el personaje por el cual lloraba copiosamente mi comadre Macacha, mientras sus lágrimas humedecían mi pecho y mis hombros.

Cuando el caudal de sus lágrimas rebajó pudimos conversar acerca del Barbaschocas, confesando a mi comadre Macacha que nunca tuve la oportunidad de conocer a dicho ciudadano, aunque conocí a través de los periódicos algo de sus hazañas en el campo del narcotráfico y sobre todo su frustrada operación de exportar cuatro toneladas de cocaína a los Estados Unidos, droga que en ese entonces significaba varios millones de dólares.

Mi comadre cochabambina me confesó que ella tampoco conoció personalmente al Barbaschocas, aunque lo admiraba íntimamente porque pudo convertirse en el más rico de los Barones de la Coca, magnates que ahora y desde el Chapare parecen manejar los hilos invisibles de la actual política gobernante.

Esta opinión de mi comadre me interesó y le pedí que me explicara tal asunto, pero como ella no es tonta, ni mucho menos, me dijo: “no se haga el gil, compadre, porque usted bien sabe que en la misma Constitución se declara que la coca es sagrada y que hay un Ministro de la Coca en el gabinete de nuestro hermano Evo, que hubo un Ministro de la Presidencia que se apellidaba Coca, que el masista Gobernador del Departamento de La Paz apellida Cocarico y que el Presidente del Estado Plurinacional, Multicolor y Folclórico, sigue siendo el máximo dirigente de las Siete Federaciones de Trabajadores Cocaleros del Chapare”.

Como no me gusta hablar de política, le pedí que siguiera hablándome del Barbaschocas y ella me manifestó su extrañeza por la falta de homenajes públicos a este pionero de nuestras exportaciones de cocaína, manifestándole que el Barbaschocas, personaje de barbas rojas, fue un personaje legendario, aunque poco conocido como para mí, como lo es el que fue el Emperador de Alemania Federico Barbarroja.

El triste final del Barbaschocas me fue relatado por mi comadre con estas palabras:

dicen que él estaba tratando de cambiar un foco en su casa y que una descarga eléctrica lo hizo caer de la silla”.
Mi comadre me pidió que yo jamás tratara de arreglar desperfectos eléctricos y que más honroso sería que yo muera en una silla eléctrica en el Chapare cochabambino.

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