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Miércoles de Ceniza



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Miércoles, 17 de febrero de 2010

Hoy comienza la Cuaresma, tiempo litúrgico de oración, ayuno y penitencia que prepara a los católicos y cristianos en general a la Semana Santa que llegará dentro de cuarenta días. Antes de recibir un posible sermón de mi esposa la sorprendí esta mañana pidiéndole mi camisa morada para vestirla este tiempo, echando a sus pies mi disfraz de la Morenada Negritos Simpáticos de Potopoto para que lo quemara o al menos lo desinfectara para lucirla en los próximos carnavales del 2011.

Ella, al ver en mi rostro signos de ch’aqui, quiso pedir un fricasé para mí llamando por teléfono a la fricasería Lázaro Resucitado y le pedí que no lo hiciera porque mi alma no tenía ch’aqui sino auténtico arrepentimiento por mis pecados cometidos en este carnaval y sobre todo por los que no pude cometer porque había mucha gente a mi alrededor.

Dócil como siempre, mi esposa me trajo seis camisas moradas para que pudiera utilizarlas durante cuarenta días, diciéndome: “Una sola camisa no te bastaría para toda la Cuaresma y por eso te traigo seis para que no huelas como diablo, pues la piedad y el arrepentimiento no andan reñidos con la higiene”.

Mientras me vestía con traje de penitente le dije que se arreglara pronto para que pudiéramos asistir a la Santa Misa y ser marcados con la ceniza que nos recordaría el principio y el fin de nuestras existencias porque fuimos hechos de barro y en tierra nos convertiríamos. Ella me respondió que estaría lista para salir dentro de dos horas para combinar el color de sus cabellos con la ceniza que le impondría en la frente el señor cura.

Mientras la esperaba pacientemente y en vez de encender un cigarrillo comencé a rezar el Rosario de la Aurora seguido de las Letanías Lauretanas, mientras me daba golpes de pecho con una piedra que guardo en mi mesilla de noche para defenderme de cualquier ataque de mis enemigos políticos y literarios.

Al concluir mis oraciones a la Virgen María, me dirigí a la cocina, donde encontré un poco de carbón que rápidamente molí en el batán, aplicando el polvo negro a mi frente, a mis mejillas y a toda mi cara y cuerpo hasta convertirme en un negrito afro-boliviano. Mi esposa, al verme, me abrazó y besó elogiando mi parecido con el desaparecido Michael Jackson, piropo que agradecí piadosamente.

Al dirigirnos al templo, expliqué a mi mujer que en épocas pretéritas los pecadores públicos se cubrían de cenizas todo el cuerpo en señal de arrepentimiento, reconociendo así mi calidad de pecador público pues todas mis hazañas pecaminosas las relato siempre en mis crónicas periodísticas.

Al saber de esta costumbre de los antiguos católicos, mi esposa opinó que hay muchos pecadores públicos en el mundo y también en nuestro país y que si todos ellos siguieran mi ejemplo hoy veríamos en nuestras calles a muchísimos ciudadanos (gobernantes y gobernados) cubiertos de ceniza de la cabeza a los pies.

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