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Día de las Fuerzas Armadas



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La Paz - Bolivia, sábado, 07 de agosto de 2010

Sin respetar mi estado de salud a raíz del ataque surtido que sufrí en homenaje al Día de la Patria que celebramos ayer, esta mañana fui despertado con un golpe de clarín en mis orejas que me sobresaltó e inmediatamente salté de la cama y me puse en posición de firme, gritando con energía:

“Buenos días mi General, el soldado Von Paulus de la tropa en descanso saluda la alborada del día de las gloriosas Fuerzas Armadas de Bolivia”.
Quien me había despertado no era ningún general, sino mi comadre Macacha, quien me anunció que nos encontrábamos en Cobija, capital del departamento Pando, para asistir a la Gran Parada Militar que se realizaría en esta ciudad por instrucciones del Capitán General de las Fuerzas Armadas de la Nación, cabo Evo Morales, de su asistente bibliográfico don Álvaro García Linera y del mariscal del Porvenir Ramón Quintana.

Sorprendido por haber sido trasladado sin mi consentimiento a la hermosa ciudad pandina y preso aún de mis delirios, pregunté a mi comadre Macacha si el ex prefecto de Pando Leolpoldo Fernández se encontraba en esta tierra tropical, respondiendo la cochabambina:

“El señor Leolpoldo Fernández se encuentra actualmente arrestado en la cárcel de San Pedro de La Paz desde hace 20 meses y recluido preventivamente”.
Lamenté mi despiste y dije a mi comadre que los sedantes que me habían administrado durante y después de mi ataque de locura de amor a Bolivia habían alborotado mis neuronas haciéndome creer que don Leopoldo Fernández había retornado a Cobija y que la Justicia en Bolivia existía.

Pregunté a mi comadre por qué habíamos venido a Cobija y la chola me contó que las paradas militares gustan y emocionan a casi todos los bolivianos, y sobre todo a las cholitas y birlochas de todas nuestras ciudades porque ven desfilar “a paso de parada” a muchos apuestos, a tenientes y capitanes arrogantes, a coroneles que tratan de disimular que ya están barrigones y a generales que ya perdieron la ilusión de llegar a ser Presidente de la República, como sucedía en el pasado siglo.

También quise saber de labios de mi pariente espiritual si sus informantes militares le habían comunicado algo acerca del nuevo armamento ruso que debía potenciar a nuestras gloriosas Fuerzas Armadas y si en esta parada militar se mostraría al pueblo de Cobija y Bolivia toda. Mi astuta comadre me dijo en voz baja que ese asunto era un top secret y que solamente sabía que varios ministros habían viajado hace algún tiempo a Moscú para tramitar un crédito que permitiría la adquisición de hermosos tanques rusos, modernas ametralladoras, helicópteros, aviones de combate y otro avión presidencial menos sofisticado que el avión francés, pidiéndome no divulgar esta información, pero como yo no soy baúl de nadie, ni siquiera de mi comadre, hoy la publico.

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