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Se vende pegas en Sucre



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La Paz - Bolivia, miércoles, 04 de agosto de 2010

Noticias procedentes de Sucre dan cuenta de que en aquella capital un militante del Movimiento al Socialismo (MAS) fue remitido a la cárcel por haber sido sorprendido vendiendo pegas (en la jerga boliviana, puestos de trabajo) en la Gobernación y en la Alcaldía, hoy ocupadas por masistas.

La información nos sorprendió a Macacha y a mí, y aunque lamentamos el encarcelamiento del delincuente, suponemos que pronto saldrá en libertad pagando a jueces y policías siguiendo la hermenéutica boliviana en boga.

Como Eva tentó a nuestro santo padre Adán con una manzana, Macacha sacó de entre sus polleras unos fajos de dólares y pasándolos delante de mis ojos me dijo:

“Pongamos un quiosco cerca de la feria 16 de Julio en la ciudad de El Alto con un letrero que diga: ‘Aquí se vende pegas para la Gobernación y para las alcaldías de El Alto y La Paz’, tú te metes en el quiosco y cobras los dólares de acuerdo con la importancia del solicitante y yo tramito las pegas donde corresponda con mi carnet del MAS, además de otros que poseo y que me abrirán las puertas de otros sectores, como la Confederación de Campesinos de Bolivia, Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qullasuyu (Conamaq), Agrupación Patriótica Los Satucos de Gustavo Torrico y la Legión Filipo que comandan Filemón Escóbar y Román Loayza”.
Quedé absorto ante la feliz iniciativa de mi comadre Macacha, pues su plan encajaba perfectamente con la contienda denominada “Espacios de Poder” que hoy se desarrolla en las esferas del Poder. Sin embargo, un poquitín de escrúpulos me impidió la inmediata realización de ese plan que nos proporcionaría dinero y poder, y tuve el valor de decirle a mi comadre que la venta de pegas me parecía ilegal y que podría dar con mis huesos en la cárcel, como ese masista de Sucre.

Entonces, amorosamente y con mucha delicadeza, mi comadre Macacha me dijo:

“Si no quieres realizar mi plan, se lo ofreceré a otro compadre que tengo en Quillacollo y que es más valiente que tú y con quien realizaré mi proyecto, mientras tú irás de todas maneras a la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro y sin derecho a indulto por haber engañado dineros a una pobre mujer viuda que te prestó muchos dólares confiada en tu caballerosidad y solvencia”.
La sola idea de que mi comadre Macacha me abandonara por otro compadre de Quillacollo más macho que yo, o menos escrupuloso, me empujó a abrazarla y a decirle: “Acepto su plan, comadre Macacha, y mañana mismo instalaremos en El Alto, a regular distancia del naiclú “Malena”, un quiosco en cuyo frontis habrá un gigantesco letrero que dirá:
'Aquí se ofrece pegas para la Gobernación de La Paz y para las alcaldías de El Alto y La Paz. Precios módicos de acuerdo a la jerarquía de la pega y su importancia económica’”.
Muchos ciudadanos en busca de ampliar “su espacio de poder” ocuparán nuestros servicios, según me aseguró mi comadre Macacha, que sabe mucho de economía, política boliviana y de compadres.

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