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Estampas actuales de Tarija



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 15 de abril de 2010

Soy de aquellos tiempos en los que Tarija me parecía más lejana que Miami y también que Buenos Aires, que entonces era (y sigue siendo) la capital cultural de América Latina, y en prueba de lo que digo recuerdo haber viajado primero a Buenos Aires y Miami antes que a la ciudad de Tarija, enclavada en el deep south.

Nunca olvidaré que hace pocas décadas (cuando yo era joven) me acercaba al mostrador del Lloyd Aéreo Boliviano que estaba en la avenida Camacho para preguntar: “¿Qué día sale su avión con destino a Tarija?” y una señorita, luego de consultar con su rol de itinerarios me respondía: “El próximo avión a Tarija saldrá el jueves”. Hoy todos los días salen vuelos de AeroSur y otras empresas con destino a la ciudad chapaca que hoy celebra su efemérides departamental.

En aquellos años, los tarijeños no tenían prisa para nada y la capital chapaca era una ciudad puesta al sol para secarse luego de unas salpicaduras de agua con las que le humedecía el río Guadalquivir, mientras los trovadores tarijeños le cantaban al amor y a las amancayas bebiendo vino y alimentándose de sol y de luna.

El señor Bell era poco conocido en esa plácida ciudad y eran pocas las familias que tenían un teléfono para comunicarse entre ellas y difundir las noticias que se producían en la villa que fundara Luis de Fuentes, y no era extraño que una dama llamara a la “mocha” (criada que servía en su hogar) y le ordenara: “Mocha, andá a la casa de la señora Carmen y dile que me visite esta tarde para contarle unas cositas de su marido”.

Hoy, casi todos los tarijeños y tarijeñas tienen un teléfono móvil que utilizan en la calle, en su automóvil, o en los cafés y restaurantes.

No exagero al decir que he sido testigo muchas veces de congestiones vehiculares en el centro de la ciudad con uso y abuso de bocinas que dañaban mis oídos, mientras observaba el pasar de los tarijeños desde mi puesto de vigía instalado en una mesa del café “El Gato Pardo” convertido en vitrina de los que llegan a Tarija, o de los que quieren mostrarse.

Miles de automóviles modernos y caros testimonian la nueva prosperidad tarijeña, hoy canalizada por empresarios jóvenes y profesionales en busca de nuevos horizontes. Al pensar que yo conocí una Tarija con pocos automóviles y escasos medios de transporte motorizado, recordé viejos tiempos en los que sólo algunos señores de apellido Navajas sacaban por las calles de Tarija sus automóviles Buick y Chrysler los días que no llovía.

El paisaje humano también cambió en Tarija: han desaparecido del escenario las viejas estrellas que brillaron en el pasado siglo veinte y han aparecido nuevas figuras que acaban de ser elegidas por su pueblo y prometen acelerar más aún el progreso de Tarija, que no está reñido con el viejo espíritu de los trovadores que conocí y que aún hoy siguen cantando a su tierra y a las mujeres tarijeñas, que ya no llevan claveles en la oreja porque podrían perjudicar al teléfono celular que ahora las adorna.

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