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Nuestros papuchos rusos



© by Paulovich


La Paz - Bolivia, Viernes, 23 de abril de 2010

Después de mi infortunado viaje a Cochabamba, donde asistí a la multitudinaria Cumbre, retirándome luego de la inauguración al entender que se trataba de un acto político en favor del Socialismo Katarista volví a La Paz, donde pude dormir en mi lecho conyugal de dos plazas y media luego de haber reposado mal en un camastro pulguiento de un alojamiento en la avenida Aroma, y que a pesar de su nombre olía mal, y a comer platos normales y no “medios platos” como tuve que hacerlo en el “Palacio del Sillpanchu”.

Retorné a mis labores acostumbradas y para ello me dirigí a El Alto, donde me gano la vida enseñando a bailar tangos a señoritas y señoras de la alta sociedad alteña. Concluidas mis clases de tango, ingresé a otro de los salones del naiclú “Malena” donde encontré a mis amigos yatiris Calimán y Titirico que también habían vuelto de la ciudad del Rocha River para trabajar en la ciudad del Patana Boy, como hoy se la llama en honor de su nuevo alcalde electo, Édgar Patana.

Allí recibí la noticia de que mis amigos brujos podrían integrar la Comisión que viaja a Rusia para contratar un empréstito millonario a Bolivia para la adquisición de aviones, helicópteros, armamento moderno, misiles y también una planta nuclear que haría morir de envidia a los países vecinos.

Al conocer esa excelente noticia abracé a mis amigos yatiris y pedí al mozo que nos sirviera una botella de vodka ruso para que se fueran acostumbrando a la espléndida cortesía de nuestros “papuchos” rusos.

Los yatiris me preguntaron el significado de la palabra “papucho”, respondiéndoles que cuando yo era joven tuve una enamorada rusa que en sus momentos de amor delirante me llamaba papucho como sinónimo de “papito” y su frase preferida conmigo era: “Papucho, papucho, mátame, por qué eres tan así”.

Los yatiris quedaron asombrados de que yo hubiera tenido una novia rusa y tuve que explicarles que antes de que nuestro Evo fuera elegido Presidente, yo me llamaba Paulovich (nombre ruso que quiere decir “el hijo de Paulo”), cambiando luego mi nombre al de Paulino Huanca para no desentonar con esta nueva época de apellidos indígenas que hoy nos gobiernan.

Al conocer esos hechos, los yatiris me pidieron que les enseñara algunas palabras y frases en ruso para utilizarlas en sus negociaciones en Moscú para conseguir un crédito fantástico que nos permitiera contar en Bolivia con una planta nuclear, misiles, un otro avión presidencial “Antonov”, aviones de pasajeros y de combate, armamento moderno, helicópteros y otras tucuímas.

Como no soy ningún tonto, les pedí a los yatiris que me incluyeran en la delegación que partirá en breve a Moscú y que cuando llegáramos a la capital rusa les acompañaría a conocer la tumba de Lenin y les invitaría chocolate en el café Pushkin. Ellos harán lo posible y todos seremos felices con los papuchos rusos.

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