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Promulgada otra ley wistt’u



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Viernes, 2 de julio de 2010

A cien por hora, a cien artículos e incisos por hora, los veloces y eficientes parlamentarios de la Asamblea Legislativa del Estado Plurinacional, Multicolor y Folclórico aprobaron la Ley Electoral sufriendo muchos de ellos el efecto de la mak’urka en sus manos y brazos.


Agradeciendo ese sacrificio muscular, el presidente Evo Morales promulgó inmediatamente la mencionada ley que permitirá su reelección per secula seculorum, amén, con lo que no nos queda a los indígenas y a los periodistas ir a quejarnos a Gardel o ir a filosofar a los yuyos.


¿A quién me podré quejar…? Mi único paño de lágrimas es mi comadre Macacha y hasta ella llegué para contarle mi infortunio, llorando sobre sus hombros hasta que ella sacó una mank’ancha limpia de un armario y me dijo: “Limpie sus mejillas con esta mi enagua que está impoluta”, agradeciéndole por su solidaridad con mi desgracia.


Cuando concluyó provisionalmente mi llanto, me aclaró que ella no era Gardel, ni pariente del cantor argentino para quejarme de manera tan copiosa, y que me quejara al periódico para denunciar los atropellos a la libertad de expresión que contenía la mencionada Ley Electoral, como la prohibición a los periodistas de entrevistar a los candidatos electorales sin autorización del Órgano Electoral Plurinacional.


¿Cómo podrá nuestro pueblo conocer lo que piensen y propongan los futuros candidatos? Y al hacer esta pregunta volvieron a romperse las compuertas de mis diques lacrimales y un chorro de lágrimas más amargas que el olvido mojó otra vez el hombro derecho de mi comadre Macacha, quien me trasladó al wing izquierdo para repartir mejor mi Misisipí de lágrimas.


El consejo de mi comadre cochabambina de quejarme al periódico por esta ley promulgada me pareció inteligente, y antes de sufrir otra inundación lacrimal, dije a mi paño de lágrimas ad interim que esta ley masista también nos prohibía a los periodistas y analistas políticos intervenir en diálogos o debates periodísticos antes de una elección, y también prohíbe la contratación de empresas encuestadoras que pudieran auscultar el pensamiento o el sentimiento de los electores.


¿Te das cuenta, Macacha?, le dije al retornar a su hombro izquierdo, que ya se había secado, para mojarlo nuevamente con mis reservas lacrimales.


Mi comadre me aconsejó que los periodistas recurriéramos al Tribunal Constitucional para impugnar esta ley, pero eso tampoco vale porque de acuerdo con la nueva ley masista sobre el Tribunal Constitucional, dispone que los fallos de éste serán interpretados por la Asamblea Legislativa, donde hay dos tercios de legisladores masistas.


Así concluyó mi doloroso diálogo con la llorona de mi comadre Macacha, que hoy amaneció resfriada y con dolores reumáticos en sus dos hombros.

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