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Algunas leyes que no sirven


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 24 de junio de 2011

Al saber que anoche “supichiríamos” de frío porque así lo anunciaba la voz del pueblo, todos nos pusimos a temblar de frío y a buscar algunas maneras de evitar el congelamiento. De forma aparentemente irracional, mi protectora interina y estufa espiritual me dijo: “Hace mucho frío en La Paz y la autoridad municipal ha prohibido el encendido de fogatas durante la noche de San Juan, vámonos a la ciudad de El Alto, donde la autoridad es más comprensiva e inteligente”.

Allí nos dirigimos en busca de calor, aunque la temperatura oficial era más baja. Llegamos al naiclú “Malena”, que no visitábamos hace un mes por nuestras recargadas ocupaciones folklóricas en honor al Señor del Gran Poder, y nos encontramos con sus salones profusamente iluminados, un público entusiasta y deseoso de matar al frío y una hermosa fogata encendida en el canchón, patio interior que a veces utilizan algunos socios urgidos por menesteres biológicos.

Nos encontramos en el “Malena” con toda la masa societaria del más puro criollismo alteño: intelectuales que honran a la nueva urbe también llamada “ubre” por inquietos funcionarios municipales que cuando llegamos ofrecían una película titulada “Visita del alcalde Patana a Roma”. Macacha me confesó que el tema fílmico no le interesaba y que ella había subido a El Alto en busca de una buena fogata para calentar a nuestros cuerpecitos.

Alrededor de la picha (que así llaman los originarios a la fogata) se hallaban conocidos yatiris como Calimán, Titirico y Wayruru, que en los últimos tiempos estuvieron ocupadísimos asesorando —según nos dijeron— a importantes personajes gubernamentales, como ser el presidente Evo; el canciller Choquehuanca y la ministra de Defensa, la señora Chacón, que hace sus primeras armas en territorio chileno.

Wayruru me aseguró que había asistido al encuentro presidencial de Evo Morales con el presidente electo de Perú, señor Ollanta Humala, asesorando a nuestro Evo, quien no sabe hablar en aymara aún.

Volviendo al asunto de las fogatas prohibidas en La Paz y encendidas en El Alto y otras circunscripciones municipales. Macacha les dijo: “Hay gente en el Gobierno que cree que Bolivia cambiará por efecto de las leyes que se van dictando, lo cual no es verdad; siempre hemos tenido leyes buenas adecuadas para las etapas que vive el país, pero el problema está en que esas leyes no se cumplen y tampoco se cumplirán. El pueblo sólo cumple una ley que le parece justa. No necesitamos más leyes, sólo necesitamos que las leyes se cumplan”. Me encantó el discurso que mi comadre pronunció ante los friolentos que bailábamos ante las llamas de nuestra fogata encendida en el canchón del “Malena”.

Alguien nos contó que la Alcaldía de La Paz invitaba a los paceños a denunciar a sus vecinos que osaran encender fogatas durante la noche de San Juan. Macacha dijo al respecto: “Ni los paceños ni los cochabambinos seremos delatores de nuestros vecinos”.

La fogata del “Malena” fue todo un éxito para mí, porque pude calentar un poco mi cuerpecito y porque no me di cuenta de que mi comadre Macacha había pagado su cuota y la mía.

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