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Con o sin uniforme


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, miércoles, 1 de junio de 2011

Para terminar con la corrupción que existía en la concesión de brevets y licencias para conducir vehículos y los trámites para obtener o renovar cédulas de identidad, el Gobierno ha resuelto la creación de dos reparticiones administrativas manejadas por funcionarios civiles, basado —posiblemente— en la creencia de que el uniforme policial es el culpable de la corrupción.

Cuando comentaba estos hechos con mis amigos alteños, observé que mi comadre cochabambina, que es enemiga de la corrupción, escribía en una libreta que nunca abandona, algunas cosas que nosotros decíamos o que se le ocurrían, porque de algún tiempo a esta parte veo que ella tiene el afán de colaborarme en mi oficio de periodista.

Grande fue mi sorpresa cuando a los pocos días sacó su libreta de apuntes y me pidió que escribiéramos juntos una crónica titulada “Con calzón o sin calzón, es la misma corrupción”, explicándome que, a su modesto pensar, el ministro de Gobierno, señor Sacha Llorenti, estaba equivocado al pensar que terminaría con la corrupción en nuestro país entregando las oficinas policiales que se ocupan de los brevets y los carnets de identidad a elementos que no visten el uniforme verde oliva.

Con todo el respeto que siento por mi comadre, me atreví a preguntarle qué tenían que ver los calzones o la prescindencia de ellos en la moral de los funcionarios públicos, respondiéndome: “Es que entre mis deudoras, cuya gran mayoría son cholitas de los mercados paceños, hay muchas que no llevan calzones, aunque hay otras que siempre los usan; debo decirle a usted, compadre, que las que no llevan calzones son las más honradas que las que vi con esa prenda, de acuerdo con mis estadísticas. Por eso creo que tal prenda íntima nada tiene que ver con la moralidad funcionaria. Y es por eso que le digo: No porque el Gobierno designe a civiles pertenecientes al MAS en reemplazo de los cabos y sargentos de la Policía se concluirá con la corrupción en nuestras instituciones de todo el país”.

Las palabras de la moralista nacida en Cochabamba tuvieron que ser aceptadas por contener verdades y por estar de acuerdo con mi convicción de que la corrupción es un mal mundial que corroe las entrañas de todas las sociedades humanas, aunque duele más en los países pobres y pequeños como el nuestro y duele menos en las naciones ricas y poderosas.

Stefan Baciú, pensador rumano, catedrático de la Universidad de Hawai y que conoció a muchos bolivianos, escribió una vez diciendo que “Paulovich era un moralista boliviano”, reconociendo mi comadre que Baciú dijo la verdad, aunque yo nunca presumí de serlo. Macacha y yo somos moralistas y sabemos de las virtudes y de la corrupción que forman parte del ser boliviano.

Es por ello que no creemos en que la corrupción dependa de vestir uniforme verde oliva o de no llevarlo. Y, como diría Macacha, se puede ser corrupto o virtuoso con calzón o sin calzón, con pollera o con vestido, con estrellas o sin estrellas, con toga o sin toga.

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