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La coca quita el hambre


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, martes, 28 de junio de 2011

Después de mucho tiempo, mi tía Conchita, que vive en Torrelodones, España, y que es la única pariente que se opuso al matrimonio de su sobrina Pilar con un indiano periodista que aseguraba poseer varias “minas” en Bolivia, me llamó por teléfono pues se encontraba algo alarmada por ciertas noticias producidas en Bolivia.

—Hola, sobrino, hablas con tu tía Conchita, la de Torrelodones…

—Tía Conchita, me alegra saber de ti después de muchos meses de silencio.

—Es que es muy difícil hablar contigo porque unas veces estás en Cochabamba, otras en El Alto, otras veces bailando en honor de tus dioses, y también porque has cambiado de nombre, pues me dicen que ahora te llamas Paulino Huanca. ¡Qué costumbres tan extrañas tenéis en ese país tan folklórico!

—España también es folklórica, tía Conchita, ¡mira que tener un presidente Zapatero hace tantos años!

—Bueno, te llamo porque la televisión informó que tu país desconocerá temporalmente los acuerdos con la Convención de Viena porque éstos mantienen que la coca es un estupefaciente, mientras vuestro Gobierno por un cacique de apellido Choquehuanca sostiene que es una hoja sagrada y que la mayoría de los bolivianos la mastica.

—En primer lugar, tía Conchita, el canciller Choquehuanca no es ningún cacique, y luego, no es verdad que la mayoría de los bolivianos acullica coca. Yo te juro por Dios que nos mira que jamás he acullicado coca y millones de mis paisanos tampoco lo han hecho.

—¿Cómo es eso de a-cu-lli-car, un verbo que no figura en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua…?

—Es un verbo muy difícil de pronunciar para los españoles de Torrelodones y mucho peor para los delegados de las Naciones Unidas que trabajan en Viena.

—Pero dime, ¿en qué consiste eso de a-cu-lli-car?

—Por lo que he observado alguna vez, los campesinos y mineros bolivianos, éstos se llevan a la boca una buena porción de hojas de coca y la mastican hasta formar un bolo que guardan dentro del paladar, y luego introducen en la misma cavidad bucal un preparado duro que contiene carbonato de sodio y algunas sustancias más, que al mezclarse con la coca les adormece la región bucal y les quita el hambre.

—Basta, no me cuentes más, porque eso significa drogarse permanentemente para no sentir dolores, ni fatigas, ni hambre.

—Te lo cuento a ti, tía Conchita, porque eres mi pariente, pero no lo cuentes a tus amigos de NNUU en Viena porque a mi Gobierno le conviene que sigan creyendo que el a-cu-lli-car es algo inocente y que lo practicamos todos los bolivianos o la inmensa mayoría, lo cual no es cierto. ¿Algo más deseabas decirme, tía Conchita…?

—Bueno, querido sobrino indiano, saludos al cacique Choquehuanca, que menudos problemas tendrá que resolver explicando que el a-cu-lli-co es inocente, que la coca no es estupefaciente y además es sagrada para todos los bolivianos.

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