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Promesas de los bailarines


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, miércoles, 15 de junio de 2011

Atendiendo a los ruegos y súplicas de mi esposa, hijos y nietos, este año no bailaré en honor de Jesús del Gran Poder pero asistiré a la famosa entrada paceña como guardaespaldas de mi comadre Macacha bailando a su alrededor para proteger sus joyas de oro (sus k’oris), que lucirá garbosa como buena chola cochabambina, integrante de la fraternidad “Los siempre simpáticos Morenos de Potopoto”.

Antes del último convite que se realizó el día domingo en la zona de Chijini y calles de La Paz, ella me designó su cuidador con la misión exclusiva y plenipotenciaria de protegerla de mozos atrevidos que podrían pretender despojarla de sus adornos áureos, para lo cual me vistió de bailarín, ocultando en mi bolsillo interior un trabuco ruso; para disimular un poco mi misión me prestó tres anillos de oro, una pulsera y un arete del dorado metal, y un diente postizo de oro que me lo encajó en medio de mis dientes de contacto y que pertenecieron a su difunto esposo (que en paz descansa). De esa manera: ella bailando y yo revoloteando a su alrededor llegamos al templo del Gran Poder para postrarnos ante la imagen milagrosa, pedirle salud, dinero y amor, y formularle nuestra promesa de baile y devoción.

Como sólo ella bailaría en honor al Señor del Gran Poder y yo cuidaría la vida y las joyas de mi comadre, fue ella quien habló con la imagen de la Divinidad, pues yo permanecí cuidando su retaguardia y sus joyas legítimas. Sin embargo, escuché su promesa de bailarina folclórica que dijo más o menos: “Jesusito del Gran Poder; aquí tienes a tus pies a la Macacha, nacida en Cochabamba, y vengo a agradecerte por todos los milagros que me has concedido en la vida, como las casas que poseo en Cochabamba, La Paz y El Alto, y que heredé de mi buen marido, a quien tú te lo recogiste hace varios años, quedando yo viuda, rica y desamparada en este altiplano de lágrimas. Yo te prometo bailar en tu fiesta todos los años que me quedan de vida. Lo hubiera hecho este año acompañada de mi compadre el periodista Paulovich, también conocido como Paulino Huanca, en esta época de cambios cuando no cambia nada, pero su familia le ha implorado que no siga bailando porque ya está muy k’aibito. Sin embargo, él ha venido conmigo y está aquí atrás apoyando mis bailes en tu honor y protegiéndome de los maleantes que nunca faltan en estas fiestas. Protégelo también porque bailó muchos años en tu fiesta con nuestra fraternidad. Amén Jesusito. Te quiere mucho: Macacha y el periodista Paulino”. Eso fue lo que dijo mi comadre Macacha en su promesa a Jesús del Gran Poder la mañana del domingo pasado.

Luego empezamos a bailar en el último convite y Macacha se olvidó de que yo me sentía muy viejito para tales ejercicios folclóricos y me hizo bailar todo el día y toda la noche, anunciándome que continuaríamos el próximo sábado y 15 días más, como manda la costumbre de esta festividad paceña de los cholos ricos y también de los cholos pobres que seguimos pidiendo milagros a Jesús del Gran Poder y Él nos los concede. Una prueba de ello es que hoy, entre baile y baile, y entre trago y trago, me di tiempo para escribir esta crónica.

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