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Después del gusto vendrá el susto


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 19 de junio de 2011

Después de recorrer ocho kilómetros bailando en honor del Señor del Gran Poder, creí que los danzarines se hallaban cansados y que hoy disminuiría su entusiasmo, pero me equivoqué, pues mi comadre Macacha me dijo que hoy continuaría bailando con mayor intensidad porque a partir de mañana, lunes, comenzaría el crujir de dientes en nuestro conflictivo país.

Entonces yo le dije: ¡Meta cumbia, comadre! Y continué bailando como waironco a su alrededor protegiendo sus joyas de oro y su integridad física, cual era mi obligación.

Sin embargo, mientras los bailarines desplegaban toda su destreza mostrándola a los espectadores y a los turistas, me pareció adivinar una falsa sonrisa ante la situación ilógica de tener que bailar frenéticamente sabiendo que mañana, lunes, el país sufriría nuevas huelgas, paros, manifestaciones y bloqueos.

Macacha, que era una de las más entusiastas, intuyó mi angustia y preocupación, y, sacándome a bailar, me condujo a un boliche para invitarme un trago y para que le explicara por qué yo estaba tan k’aima habiendo sido antes un tigre para la cumbia y un cholo para el amor.

Traté de explicarle la gravedad que entraña una huelga general e indefinida del transporte, pero ella se mató de risa y me dijo, acariciando mi oreja: “No sea usted crudo compadre, una huelga o un paro como usted dice puede ser grave en países serios, como lo era Chile en tiempos de Salvador Allende, pero ya verá usted que Sacha Llorenti y sus muchachos conseguirán que el paro se suspenda y no pasará nada en nuestro país”. Le pedí a mi comadre que no me acariciara mi oreja porque era muy peligroso, y pasé a contarle que son muy preocupantes los avasallamientos que ejecutan permanentemente los campesinos a propiedades mineras, como las de la Empresa Barrosquira durante este Gobierno, el cual todavía proclama que respetará a las empresas privadas que inviertan en nuestro país.

Ella me manifestó que entendía mi preocupación y me dijo sonriendo: “Me sorprende, compadre, que usted se preocupe por esas minas habiendo sido usted un famoso minero urbano con minas fieles de gran corazón que paseaban por El Prado”. El recuerdo de aquellas minas me hizo sonreír y ya no puede contarle mi preocupación por percibir que serán los bancos los próximos blancos del Gobierno y en especial del ministro de Economía, Luis Arce Catacora. Adivinando mi pensamiento, me dijo Macacha, sin dejar de acariciar mi oreja: “No debe usted preocuparse por los bancos, porque yo soy su banco particular que le presta dinero y no le cobra, y le vuelve a prestar dinero…”, lo cual es verdad.

Saliendo del boliche, fuimos a bailar en un local donde fuimos invitados. Macacha me animó a que yo también bailara al grito de “¡Meta la cumbia andina!”, asegurándome de que el lunes seguirá brillando el sol invernal sobre Bolivia, aunque la cosa está que arde y hay orden de no aflojar. Ese momento recordé las palabras del doctor Paz Estenssoro, quien dijo con verdad: “En Bolivia pasa todo y no pasa nada”.

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