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Triunfo boliviano en Singapur



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 28 de agosto de 2010

Hay días en que soy piadoso y tomo entre mis manos el rosario de mi madre para desgranarlo rezando avemarías y padrenuestros mientras recuerdo los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de nuestra religión católica; en cambio, algunas noches soy lúbrico y empiezo a cantar unas estrofas que aprendí de joven y que dicen: Estoy hecho un demonio /nada me para esta vez /movete chiquita, movete.

Y les cuento estas mis intimidades a raíz de la explosión de alegría que experimenté al saber que el Seleccionado Boliviano de Fútbol había sido Campeón en un torneo realizado en Singapur, fascinante isla asiática y centro comercial mundial.

Al enterarme de esa noticia, abracé a mi comadre Macacha, le desaté sus trenzas, que los paceños llamamos pichicas, y extendí a los vientos su negra cabellera y la empujé a bailar esa cueca que tanto nos emociona a los bolivianos y cuya letra dice: Viva mi patria Bolivia /una gran nación/ por ella doy mi vida/ también mi corazón... Cuando concluimos el zapateo repetido quince veces, yo me rendí ante ella porque terminé zapateando de rodillas utilizando las palmas de mis manos para golpearlas contra el suelo.

Recordando el escenario donde triunfaron nuestros jóvenes futbolistas dije a mi comadre: “Le invito a beber un trago que inventé cuando era joven y que le puse el nombre de Singapur, sirviéndole una copita de singani puro que desde entonces yo llamo singapur. Macacha me dijo: “Debemos registrar pronto el nombre de Singapur porque algún país vecino lo podría registrar como propio”, gestión que le encomendé a mi comadre porque soy un periodista muy ocupado. Después de tres singapures comenzamos a reflexionar sobre el triunfo de los jóvenes bolivianos que obtuvieron medallas de oro en las Olimpiadas Juveniles de Singapur.

La cholita cochabambina me explicó que la selección boliviana fue conformada sobre la base del equipo “Tahuichi” de Santa Cruz, aunque también hay jugadores de otras ciudades bolivianas. Entonces, me dirigí al ropero y saqué mi camiseta del Tahuichi que hace muchos años me obsequió su fundador, el ingeniero Aguilera. Luego, mi comadre me planteó un asunto que me pareció importante, pues me dijo: “He sabido que en Santa Cruz y también en otras ciudades del país, al igual que en algunos pueblos, hay niños que son verdaderas maravillas jugando al fútbol, pero que muy pocos resultan geniales cuando llegan a mayores, o sea a sus 21 y 25 años, ¿qué sucede en ese lapso que media entre la adolescencia y la juventud madura...?”.

Yo que fui un crack hasta mis ocho años, reflexioné sobre mi decadencia prematura en fútbol, pero no pude articular una respuesta clara, echando la culpa a una alimentación deficiente, falta de campos deportivos y a mis primeros enamoramientos a los diez años.

Mi comadre Macacha sonrió ante mis titubeos y amablemente me dijo que mis motivos le parecieron aceptables, pero que ella adivinaba alguna razón más poderosa en la frustración al pasar de la adolescencia a la juventud y que el presidente Evo debería saberlo porque en la actualidad no es un crack en fútbol ni en otras cosas.

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