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Día de la Raza en Cochabamba



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 10 de octubre de 2010

Dentro de dos días se celebrará el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, un navegante italiano que entonces jugaba en España para el equipo de los reyes católicos Isabel y Fernando, o Fernando e Isabel por aquello de “tanto monta y monta tanto Isabel como Fernando”.

Atenta a los acontecimientos locales y también a los hechos históricos universales, mi comadre Macacha vino a casa para elaborar conmigo el programa de festejos en una fecha tan importante, manifestándole que asistiría a la recepción ofrecida por el embajador de España en Bolivia, señor don Ramón Santos, en su residencia, y a los actos culturales que fueron preparados por la Embajada, además de depositar un ofrenda floral ante el monumento a Isabel la Católica.

Mi comadre me dijo que todo eso le parecía muy bien, pero como se trataba de recordar el encuentro de dos mundos y de dos culturas debería también rendir homenaje a nuestros antepasados indígenas los incas. Sus palabras me parecieron sabias aunque en Bolivia no hay ningún monumento a Atahuallpa el último Inca, diciéndome Macacha:

“Entonces vamos a Cochabamba, que es la capital quechua más cercana y donde se encuentran los hombres más inteligentes de Bolivia, que se reunirán desde mañana en el Bar Comercio, más conocido como ‘el Barco’”. Y allí nos dirigimos en mi motocicleta Hardley Davidson piloteada por ella en un raid que denominamos “Polleras al Viento”.

Allí encontré a mis amigos pensadores de la Academia Pericles, que agrupa a filósofos greco–cochabambinos encabezados por el señor Aristóteles Giorgiadis Quiroga, descendiente del director técnico del Bolívar hace unos 50 años y que se llamó Dan Giorgiadis.

Mientras el pensador greco–cochabambino ordenaba unos chops de cerveza Taquiña para esclarecer mi pensamiento algo alterado porque yo vivo cerca de los cuatro mil metros de altitud en la ciudad de El Alto, los académicos pensadores me manifestaron su inquietud ante la inminente promulgación de la ley contra la libertad de expresión camuflada como ley antirracista. Al calor de nuestro diálogo, uno de los pensadores greco–cochabambinos me dijo:

“Aquí en Cochabamba ninguna ley podrá vulnerar nuestra libertad de expresión porque los cochabambinos deliberamos y decimos nuestras ideas en todas partes: en las chicherías, en el Bar Comercio y en otros bares, en las Universidades, en los talleres y en todo lugar donde puedan encontrarse dos o tres cochabambinos; igual sucede con las cochabambinas valerosas, descendientes de las Heroínas de la Coronilla: ellas seguirán expresándose libremente mientras venden y compran en los mercados y ferias, en los cafés universitarios, en los clubes nocturnos, en las exposicionesde los “ramis” y en los tes y bingos. Ninguna medida nos podría acallar, y menos una ley aprobada sin leer por algunos legisladores."
Las palabras de mis amigos pensadores greco-cochabambinos me reconfortaron y me recordaron a grandes filósofos como Platón y Aristóteles.

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