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El General y sus makanas



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La Paz - Bolivia,jueves, 18 de noviembre de 2010

Hace unos días recordamos la batalla de Aroma ganada por los patriotas hace doscientos años, cuando un caudillo cochabambino arengó a sus soldados con esta frase que recogió la historia:

“Compatriotas: ante vuestras makanas el enemigo tiembla”.
Como ustedes saben, las makanas eran las armas rústicas y primitivas, palos, garrotes y piedras con las que los quechuas desbandaron a sus enemigos.

Doscientos años después, al celebrarse dos siglos del nacimiento del Ejército boliviano, un bravo General nos recordó que nuestras Fuerzas Armadas son socialistas y que ante sus makanas el enemigo imperialista tiembla. Sin embargo, una cosa son las makanas y otras son las macanas, vocablo inventado por los argentinos, y como se pronuncian casi igual, suelo confundirlos.

Entusiasmado por las palabras del general Cueto, comandante en Jefe del Ejército y ardoroso orador del Socialismo Katarista inventado por el político e ideólogo Álvaro García Linera, busqué a mi camarada socialista y prestamista cochabambina Macacha viuda de Racacha para alistarnos en las filas del fantástico Ejército que comanda el general Cueto para defender a Bolivia, nuestra patria, de los imperialismos que podrían afectar nuestra soberanía y dignidad.

Mi comadre Macacha, al verme disfrazado de socialista con mi chompa roja, mis pantalones vaqueros made in USA, mi poncho rojo que me regalaron en Achacachi y mi wiphala flameando al viento, no pudo menos que sonreír y decirme burlonamente:

“Ni tú ni yo servimos para alistarnos en el Ejército Socialista que comanda el general Cueto porque yo soy prestamista de dólares y tú eres un periodista libre, propietario del Achacachi Times”.
Para que se convenciera de que deberíamos alistarnos en filas del Ejército que comanda el general Cueto, encendí delante de mi comadre mi colección de cuetillos que guardaba desde Carnaval, diciendo a Macacha:
“Si nuestro comandante será el general Cueto, nosotros seremos sus cuetillos que harán retroceder a nuestros invasores capitalistas e imperialistas”.
Al oír explotar mis cuetillos que saltaban entre sus pantorrillas y se metían entre sus polleras, mi comadre huyó y se refugió en su trinchera, digo, en su cocina.

Luego de esta demostración de fuego antiimperialista, volví a insistir en mi propuesta de alistarnos ambos en el Ejército Socialista comandado por el valeroso general Antonio Cueto, pero ella volvió a decirme que su ocupación de prestamista en dólares no kasaba con una colectividad socialista, y tuve que recordarle que también los países socialistas hacen préstamos en dólares, recordándole que la Unión Soviética lo hizo con Cuba y todos sus países satélites, pero ella no hizo caso a mis palabras.

Al verme desilusionado por haber fracasado en mi proyecto de militar en un Ejército Socialista, Macacha me dijo: “Prometo acompañarte en tu loco proyecto siempre que el general Cueto prometa también luchar contra la intervención de países extranjeros como Venezuela y Cuba; si así lo hiciera, Dios y la Patria lo premien, si no que lo demanden".

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