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“Las ñatitas hacen milagros”



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 12 de noviembre de 2010

E
l título de esta crónica no es mío porque le pertenece a mi
comadre Macacha, quien se ha convertido en mi principal interlocutora, pues me cuida y me protege a toda hora, no porque le debo mucho dinero que ella no podría recuperar si me da un patatús y paso a mejor vida sin devolverle su dinero más los intereses acumulados.

Todo esto viene a cuento a raíz de que la otra mañana se presentó en mi casa a mediodía portando un misterioso envoltorio que ella manejaba con sumo cuidado y que lo colocó suavemente sobre mi cama, o sea encima de mi lecho conyugal; cuando le pregunté qué contenía el misterioso paquete, ella deshizo con cuidado la envoltura y me enseñó una calavera asquerosa que al verla lancé un grito de horror, exigiendo a mi comadre que la apartara de mi vista y que la retirara inmediatamente de mi lecho conyugal.

Ella, al ver mi expresión de espanto, cogió la calavera con sumo cuidado, la besó y me dijo sonriendo: “No se asuste, compadre, es mi ñatita que adquirí hace un año en un cementerio clandestino de la ciudad de El Alto y que realiza todos los milagros que le solicito en materias de amor, dinero y salud. Se llama Margarita Chipana y la traje luego de rezarle porque hoy es el día de las ñatitas”.

Cuando tuve lejos de mi vista a la calavera, reprendí severamente a mi comadre por creer en esta superstición y en otras, pero ella se disculpó diciendo que yo también, siendo un católico muy leal a la religión católica, apostólica y romana, creía en algunas supersticiones como evitar mi paso por debajo de una escalera para evitar la desgracia de ser un Ekeko, palabras que tuve que aceptar porque dijeron la verdad.

Sin embargo, aún no aceptaba rendir culto a la calavera de una persona desconocida, bautizarla con el nombre y apellido de un ser imaginario, regalarle flores, colocarle bombones en la hendidura bucal y luego ponerle donde antes estuvieron sus labios un cigarrillo encendido; me pareció una exageración y hasta un disparate.

Mi comadre no hizo caso a mi reprimenda y recogió la calavera o a la ñatita Margarita Chipana y comenzó a acariciarla nuevamente y a decirle que era muy bella, muy buena y muy milagrosa, lo cual ya me dio asquito e hice el ademán de marcharme y dejarlas solas para continuar con semejante superchería.

Macacha me pidió que no me fuera porque sería una ofensa inmotivada a la famosa Margarita, y que más bien escuchara la petición milagrosa que le haría a la ñatita.

Con voz profunda dijo Macacha a la Margarita Chipana: “Te pido, ñatita, que recuperes mi platita que en mala hora le presté a mi compadre Paulino Huanca, creyendo que era un caballero, pero había sido un periodista pobre y embustero. Sólo tú Margarita Chipana, ñatita querida, podrás convertirlo en un caballero cumplido y respetuoso del dinero de una pobre viuda como yo. Para conseguir el milagro que te pido, mi compadre Paulino te dará un beso en tu hermosa carita, amén”.

Y tuve que besarla.

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