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Recetas de mi tía Encarna



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 27 de noviembre de 2010

Como estamos pasando algunos días en casa de mi tía Encarna en la ciudad de Cochabamba, mi comadre Macacha y yo estamos gozando de la famosa gastronomía cochala, en cuya cocina mi anciana pariente nos muestra su sabiduría culinaria durante el día, pues en las noches los tres montamos guardia en el Palacio Episcopal protegiendo a nuestro arzobispo Tito Solari; comentando que si bien hemos rechazado la ayuda norteamericana, nuestro país ha ganado mucho en Soberanía y Dignidad, mi tía nos dijo oportunamente: “Hoy prepararemos un chupe de Cochala a la Dignidad” y lo hizo ante nuestros asombrados ojos.

“Este chupe cochala me encanta —dijo mi tía— porque no se necesita carne de res, pues la carne está muy cara y la plata no alcanza ni para comprar medio kilo de hueso de la costillita, que solía darle un buen sabor”. En vez de la costillita le pondremos un hueso blanco y hermoso que corresponde a la rodilla del toro y que te da un caldo blanco rico y sustancioso; algunas personas le llaman ‘el morok’o de Evo’, pero esos son los carniceros masistas. Yo hago hervir dos horas ese hueso con cebollitas, nabo escandinavo que me manda mi hermana Restituta desde Suecia, sal gruesa, zanahorias para darle más sabor a saboranía, digo, soberanía”.

Continuó enseñándonos mi tía Encarna: “Mientras hierve este delicioso caldo, leo alguno de los discursos del vicepresidente García Linera para que mis invitados crean que se trata de una sopa moscovita inventada por un chef enemigo de los Romanov, y no es más que un chupecito que aprendí de una cholita de Quillacollo. Pero volvamos al Chupe Cochala a la Dignidad: cuando ya hirvió el caldo, le echo dos papas porque ahora están muy caras gracias a las medidas del ministro de Economía, señor Arce, y un poco de arvejitas y fideos. Me preguntarán ustedes por qué mi sopa me sale tan deliciosa y les diré el secreto: le agrego mi salsa llamada ‘salsa Soberanía', que le gusta a todo el mundo y nadie sabe en qué consiste, pero es agradable, pues tiene sabores dulces mezclados con sabores amargos, pero que en conjunto agrada a todos aunque no alimenta a nadie y tampoco engorda a nuestras wawas ni hace más fuertes a nuestros hijos deportistas. La salsa Soberanía, al igual que la salsa Dignidad, no aplacan el hambre, pero conviene incluirlas en nuestros platos favoritos”.

Quedamos admirados de la sabiduría culinaria de mi vieja tía Encarna al probar el Chupe Cochala a la Dignidad, pero ella nos pidió que le agregáramos al chupecito un poco de llajua ‘Evo Morales' que había preparado con anticipación moliendo locotos rojos en su batán, con algo de tomates, quirquiña y huacataya, revelándonos que el secreto de su picante sabor se halla en que mientras molía los ingredientes mencionados insultaba a los locotos con las peores palabrotas que ella se permitía usar dirigidas a los locotos, y que les había dicho frente al batán: “locotos capitalistas, locotos imperialistas, neoliberales, conspiradores, católicos, obispos y separatistas, etc. etc.”. Y que por eso la llajua le había salido tan picante, llamándola “Evo Morales” porque ahora todo se bautiza con ese nombre feliz y famoso.

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