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Diciembre, mes de la Vanidad



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, miércoles, 01 de diciembre de 2010

Quise escribir “Diciembre, mes de la Navidad”, pero mi máquina de escribir, que es juguetona, me cambió el título de esta crónica y salió “Diciembre, mes de la Vanidad”. Por algo será. Es que Navidad y Vanidad se escriben con las mismas letras aunque éstas conforman dos palabras que nada tendrían que ver entre sí. Quien siempre me anuncia la llegada de un nuevo mes es mi comadre Macacha y no lo hace por buena ni puntual, sino para recordarme que llegó el 1º de un nuevo mes y, por lo tanto, debería abonarle los intereses por el préstamo que me otorgó en febrero, y sobre el cual no le pagué hasta ahora un centavo a cuenta de capital e intereses.

Esta mañana llegó muy temprano a mi casa y me dijo: “Buenos días, compadre, hoy comienza el mes más hermoso del año, el mes de los aguinaldos, del árbol de Navidad, de los pastores, del nacimiento del Niño Dios, de la cancelación de impuestos a la propiedad urbana y el balance anual de 2010”.

Con el ceño fruncido y sin asomo de sonrisa, respondí a su saludo con un sobrio “buenos días” y me dirigí al cuarto de baño, de donde salí a los 45 minutos luego de haber hecho un balance diario de mi situación económica, que culminó con un desagüe ruidoso del tanque de mi inodoro que significa “la situación está fregada, pero venceremos”. Al salir del baño, mi comadre Macacha me esperaba en el pasillo y al verme pasar recién bañadito y perfumado me dijo: “Qué bien huele usted compadre, y cada día está usted más joven”, piropo mentiroso que agradecí dirigiéndome al comedor, donde desayunamos api con buñuelos y probamos un delicioso panetón que me había traído de regalo.

Para tranquilizarla le mentí afirmando que acababa de recibir una remesa de España de mi esposa y que alcanzaría para pagarle los intereses del crédito que me concedió en febrero, palabras que consiguieron una amplia sonrisa de mi pariente espiritual, quien volvió a ponderar las fiestas de Navidad. Cuando me prometió que me ayudaría a levantar un hermoso árbol de Navidad, le dije que ese afán era muy fatigante, replicándome que yo no tendría que hacer ningún esfuerzo, sino sólo colaborar con algunas luces de colores y con mis bolas de adorno.

Cuando me propuso que construyéramos un hermoso Belén para que naciera el Niño Dios, le dije que la situación en Medio Oriente era muy preocupante y que en cualquier momento Israel podría ser atacado por misiles de Irán, que es ahora aliado de Bolivia, pero Macacha me aseguró que los misiles iraníes no llegarán jamás a territorio boliviano. Al conocer esa noticia, dije a mi comadre que en el Belén que armaremos colocaríamos ovejitas blancas y negras, una vaquita y un burrito, sugiriéndome Macacha que también pusiéramos allí fotografías del canciller Choquehuanca, del ministro de Economía y Finanzas, el señor Arce, y del Presidente de Irán.

Cuando me habló de hacer una lista de regalos navideños que deberíamos adquirir para obsequiar, le dije que el horno no estaba para bollos y que mi aguinaldo no alcanzaría para regalos porque yo debía mucho dinero, y prefería pagar mis deudas pendientes, gesto que agradeció.
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