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Metamorfosis del Aguinaldo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, martes, 21 de diciembre de 2010

Ayer recibí mi aguinaldo como todos los trabajadores del país y me puse contento besando a los billetes nuevecitos recién emitidos por el Banco Central de Bolivia, luego los deposité en mi colchón por algunas horas porque sé que estaban condenados a morir en poco tiempo. A las pocas horas llegó a mi casa mi comadre Macacha preguntándome: “¿Ya cobró su aguinaldo, compadre, o quiere usted que le acompañe al Ministerio del Trabajo para presentar su reclamo y que el viceministro Rojas obligue a sus patronos a escupir la plata en el acto…?”. Como yo no puedo mentirle a mi comadre ni a mujer alguna, le señalé con mi dedo mi lecho conyugal, entendiendo ella que mi aguinaldo ya había sido depositado en el First National Colchón Bank.

Mi comadre se ofreció desinteresadamente para administrar los dineros de mi aguinaldo en vista de su experiencia financiera que, comparada con la mía, es muy superior pues yo tengo los bolsillos de mi pantalón rotos y por esos agujeros se escurren mis billetes y mis monedas.

Abrí el cierre de seguridad de mi colchón, saqué el dinero que estaba allí depositado y lo puse sobre la cama en alucinante espectáculo. Macacha quedó boquiabierta y me dijo estupefacta: “¿De dónde tiene usted tanta plata junta y monedas extranjeras tan diversas?…”. Le expliqué sin aspavientos que se trataba de regalos de mis mujeres que viven en el exterior. Para que no pensara mal de mí le expliqué que los euros españoles procedían de mi esposa que vive en España (Zaragoza) y de mi tía Conchita, que vive en Torrelodonos; que las coronas suecas son obsequio navideño de mi tía Restituta viuda de Batistuta que vive en Estocolmo y que los euros alemanes vienen de mi tía teutona Clothilde von Karajan Quiroga, que vive en Berlín.

Mi comadre cochabambina me dijo que con tanto dinero yo podría pagarle el dinero que le adeudo por el préstamo que ella me concedió, pero como no soy ningún crudo en materia administrativa le dije que ese hecho podría ser considerado malversación de fondos, daño económico al Estado, abuso de poder y otros delitos peores aunque parecidos para cambiar autoridades opositoras al Gobierno actual.

Mi comadre sacó debajo de sus polleras una computadora y convirtió todos mis dineros en pesos bolivianos, puso mis dineros extranjeros en otra bolsa que también desapareció entre los pliegues ya mencionados y salimos a la Uyustus y después al barrio de San Miguel para adquirir regalos navideños para mis parientes más cercanos y mis amigos más queridos.

Los dineros que recibí por concepto de aguinaldos de Navidad desaparecieron en cuestión de pocas horas como por arte de Birlibirloque.

Cuando miré sorprendido a mi comadre Macacha, ella me dijo: “No se sorprenda, compadre, gran parte de la magia de la Navidad reside en eso: en la aparición de la plata, en la desaparición de la misma y en la ilusión de haber sido felices por unas horas…”. Esto de la Navidad me parece cada vez más un cuento, un cuento de ladrones.

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