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La Navidad engorda



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 23 de diciembre de 2010

Después del ataque surtido que sufrí cuando perdí la razón por algunas horas y se produjo un cortocircuito en mi sistema nervioso, fui condenado por mi psiquiatra de cabecera a 24 horas de incomunicación y encierro en mi santa alcoba conyugal, impedido de movimiento por una camisa de fuerza donada por la Asociación de Chuquisaqueños Residentes en La Paz, presidida por el Dr. Julio Zamora.

La única persona autorizada para ingresar en mi alcoba fue mi comadre cochabambina Macacha viuda de Racacha, quien recibió desde Zaragoza (España) un permiso telefónico que en su parte principal decía: “Autorizo exclusivamente a mi comadre a ingresar en mi alcoba conyugal sólo con el fin de cuidar la salud deteriorada de mi esposo a causa de sus excesivas preocupaciones navideñas”.

Con mis ojos chaskañawis mirando al techo de mi habitación, escuché de mi comadre que en mi ataque de locura navideña me hice pis en el árbol navideño, lo cual produjo un cortocircuito en todo el sistema eléctrico de la casa, y arremetí a trompadas con un tal Papá Noel que adquirí en Francia hace muchos años. Dice mi comadre que en medio de mi insania emprendí a patadas con los pequeños pastores que cuidaban la imagen del Niño Dios que nacerá en mi pesebre navideño mandando a los pastorcillos de Belén que se fueran a Achacachi, célebre centro ovejuno, o a Orinoca, donde nació el presidente Evo, quien acababa de promulgar la nueva Ley Educativa, que destierra a Dios de todas las escuelas fiscales. Realmente estuve loco de atar.

Mientras mi comadre me colocaba unas compresas de vinagre en mi afiebrada frente, aprecié por vez primera unos rollos en su región torácica y con mucho respeto me atreví a decirle: “Comadre, acabo de apreciar por vez primera unos rollos en su región ombliguera, y con todo respeto le pregunto si son rollos que siempre los tuvo o son rollos que aparecen en la época navideña…”.

La cochala se calentó y me dijo: “Y a usted qué le importa, viejo libidinoso que siempre se fija en los rollos de las mujeres casadas o viudas como yo. Acaba usted de salvar la vida después de un ataque surtido navideño que lo enloqueció, y lo primero que hace es fijarse en mis rollos abdominales. Sí, son de verdad y me aparecen todos los años en estas fechas porque todos los ciudadanos del mundo comemos más para olvidarnos de los hambrientos que hay en el mundo. ¿Es que no ha visto a esas pobres mujeres del Norte de Potosí cargadas de sus wawachas?

“Mientras tanto, usted ya me ha regalado tres panetones riquísimos y hemos comido pollos Copacabana y hamburguesas Doria Medina, y hemos ido a cenar al restaurante italiano Bravísimo y también me ha llevado a almorzar al restaurante Chabuca. Es que la Navidad enloquece a algunos como usted y nos engorda a todos. Ahora mismo estoy pesando 70 kilos sin polleras y 85 con polleras”.

De manera tan casual llegué a enterarme de que los excesos navideños enloquecen a algunas personas como yo y engordan a las cholitas cochabambinas como Macacha.

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