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Hablando con el Niño Dios



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 25 de diciembre de 2010

Mientras yo me estaba alistando para recibir a mis amigos y parientes que acudirían a festejar en mi casa la Nochebuena y fumigaba mis orejas y mi cuello con una loción riquísima apareció mi comadre Macacha y luego de decirme: ¡Qué bien huele usted, compadre!”, pasó a decirme con aire malicioso: “Le propongo escaparnos una hora, antes de que lleguen los invitados”. La miré sorprendido y estuve a punto de decirle que yo no me escapo con ninguna chola, y menos con una chola que es mi comadre y menos aún durante la Nochebuena. Pero la pícara cochabambina me aclaró todo a tiempo: “No piense mal de mí, compadre, no quiero escaparme con usted al motel Devórame Otra Vez (que sólo conozco de nombre), sino que quiero escaparme con usted al templo del Señor de la Exaltación, nuestra parroquia de Obrajes, para que asistamos a la Misa de Gallo que se oficiará a las nueve de la noche y de allí volvemos a la casa para alegrarnos en la fiesta de la Nochebuena”.

Montamos en mi motocicleta Harley Davidson conducida por ella, yo abrazado a su cintura, y cumplimos en pocos minutos el raid que esta noche excepcional se llamó “Polleras en la Nochebuena”.

Macacha me llevó a un banco cercano al Nacimiento que habían preparado los devotos en la nave derecha del templo. Seguimos con devoción las diferentes partes de la Eucaristía que se celebraba y en silencio Macacha y yo le pedimos al Niño Dios milagros diferentes y cruzados, pues mientras ella en su plegaria le pedía al Niño Dios que yo le pagase (a la comadre) los dineros que me prestó, yo le rogaba al mismo Niño Dios que le concediera conformidad a mi comadre en caso de no poder pagarle los dineros que ella me prestó. ¿Qué habría resuelto el Niño Dios ante estos milagros contrapuestos que le solicitaron dos de sus fieles devotos?

Como soy más confianzudo que mi comadre, me dirigí al hermoso Nacimiento que habían arreglado los padres de la Parroquia, las señoras de Obrajes y los jóvenes catequistas y hablé con el Niño Dios en forma reservada y cariñosa. En pocas palabras le conté que mi alma se hallaba muy preocupada por todas las leyes y decretos que había dictado el Gobierno este último tiempo y que todas ellas estaban destinadas a la construcción de un Estado Socialista como la Unión Soviética en Europa y Cuba en América Latina y algunos imitadores como Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

El Niño Dios sonrió ante mis temores y me dijo que no me preocupara porque el socialismo boliviano es un socialismo hualaycho y no llegará nunca a ninguna parte porque el verdadero socialismo es serio y fue conducido por filósofos, economistas y políticos muy importantes, mientras que los nuestros no han llegado siquiera a la secundaria, aunque hay una que otra excepción que ha leído mucho y ha entendido poco. Yo quería que el Niño Dios me continuara hablando, pero vino Macacha para contarle en una fecha tan solemne que hay caballeros tramposos que le deben plata.

Volvimos a la casa en mi motocicleta cuando mis parientes y amigos ya llegaban con muchas ganas de chupar y de comer.

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