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La heroína Canedo



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Sábado, 28 de noviembre de 2009

Haciéndome el “muy macho” decidí ir al Palacio Legislativo para visitar a la doctora Rosario Canedo, ministra de la Corte Suprema de Justicia, para manifestarle mi solidaridad ante los atropellos que viene sufriendo como magistrada por parte de abogados y diputados oficialistas.

Con voz enérgica le pedí a mi esposa que me trajera inmediatamente mi carnet de periodista y un texto de la nueva Constitución Política del Estado, respondiéndome con tranquilidad: “No puedo traerte lo que pides porque tu carnet de periodista lo tienes empeñado en el Bar Chuma por consumo de comidas y bebidas, y el texto de la nueva Constitución ha desaparecido desde aquel día cuando llevaste todas sus páginas al cuarto de baño para leerlas y actualmente no hay ni una sola hoja”.

Sin contrariarme por esos inconvenientes, le pregunté si ella podría acompañarme a saludar a la doctora Canedo, respondiéndome que no, porque ella no la conocía y porque ella (mi esposa) es extranjera y no se inmiscuye en los asuntos internos de otro país. Ese momento extrañé a mi comadre Macacha, chola cochabambina que me habría acompañado sin chistar para hacer valer mis derechos como periodista y como ciudadano.

Las puertas del Palacio Legislativo se encontraban cerradas, lo cual me extrañó porque era un día ordinario de trabajo. Empecé a tocar la puerta con la energía que me es habitual, pero nadie acudió a mi llamado, hasta que un lustrabotas amigo se compadeció de mi y me dijo: “Joven Paulino, tienes que darte la vuelta por la calle Comercio, que es por donde ingresan los diputados y el público”.

Allí me dirigí y las puertas también estaban cerradas, hasta que un policía prepotente me preguntó qué quería. Le manifesté mi propósito y el jach’u me dijo: “Están prohibidas las visitas a la señora Canedo”, como si la Cámara de Diputados fuera una cárcel de alta seguridad.

No me di por vencido, volví a la plaza Murillo, compré unas salteñas y volví a la puerta resguardada por la Policía. El oficial entreabrió la puerta y nuevamente me preguntó qué quería, respondiéndole convincentemente: “Traigo estas salteñas para el diputado masista Gustavo Torrico, que dice estar en huelga de hambre en contra de la magistrada la doctora Canedo”. El jach’u me guiñó un ojo y me dejó pasar, rogándole que fuera él mismo quien le entregara las salteñas al comedido diputado masista y levantamanos.

Por fin pude ver a la magistrada Canedo, quien dormitaba por su estado de debilidad luego de su heroico ayuno voluntario que cumplía ya varios días. No quise despertarla, pero le dejé un papelito que decía: “Doctora Canedo: usted es la heroína cochabambina de este tiempo que está defendiendo con el riesgo de su vida el respeto a los Derechos Humanos y el respeto a las leyes de la República”.

El suyo es un hermoso ejemplo para todos los ciudadanos de Bolivia y especialmente para las mujeres bolivianas dignas y valientes.

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