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Silbidos olímpicos



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Miércoles, 18 de noviembre de 2009

La realización de los Juegos Olímpicos Bolivarianos es un acontecimiento importante, aunque las prácticas atléticas nunca contaron con el suficiente apoyo de las políticas gubernamentales. Sin embargo, ahí están y concitan el interés de nuestros pueblos, y es por ello que junto a otros atletas amigos míos nos dirigimos a la sede de esta competencia, que es Sucre, para inscribirnos y participar de estos juegos inventados por los griegos.

Mis amigos y yo pertenecemos a instituciones atléticas algo exóticas, como el Bar Chuma, la Casa del Tarateño, el Naiclú “Malena” de la ciudad de El Alto y “Donde mueren los Valientes”, de la ciudad de Quillacollo. Grande fue nuestra sorpresa al comprobar que en los Juegos Olímpicos no figuran las prácticas deportivas que son las preferidas de gran parte de nuestros compatriotas y que de competir en ellas ganaríamos muchísimas medallas de oro, plata y bronce.

Con la anticipación debida llegamos a la Secretaría del Comité Olímpico Boliviano para inscribir nuestros nombres, nuestra especialidad atlética y nuestros récords muy interesantes debidamente homologados y reconocidos por gran parte de la bolivianidad.

Cuando me acerqué al registro de inscripciones, fui mirado con desprecio y un señor comenzó por pedirme mi cédula de identidad, respondiéndole que mi cédula se halla empeñada hace quince años en el Bar Chuma como prenda por consumo de bebidas y comidas. El dirigente atlético me miró con desprecio —como dije— preguntándome por mi edad. Al saber que tengo ochenta y dos pirulos, me dijo: “Así que usted ya juega en la Sub 90”, a lo que dije que sí.

Cuando me interrogó acerca de la prueba atlética que practico, le dije humildemente: soy campeón de Salto del Ropero a la Cama, con volteo. Me dijo que esa prueba no estaba reconocida por el Comité Olímpico Internacional (COIU) y me despidió.

El siguiente fue mi amigo chumeño, eximio bailarín interprovincial, que le dijo al funcionario olímpico que ostentaba el récord de resistencia para bailes folclóricos, pues en la última fiesta de la Virgen de Urkupiña había bailado ininterrumpidamente durante 83 horas y su hazaña fue homologada por el Intendente de Quillacollo, el señor cura y un coronel de la Policía. Su inscripción fue rechazada.

Luego se presentó ante el funcionario olímpico un señor del Movimiento al Socialismo quien preguntó si su récord podría interesar en las Olimpiadas de Sucre, pues había participado activamente en 275 bloqueos de caminos y de calles desde el año 2000, cuando conoció al dirigente cocalero Evo Morales. El funcionario olímpico también desconoció esta especialidad atlética tan boliviana y tan entrañable para todos nosotros.

Todos estos hechos originaron que muchos bolivianos silbaran al presidente Evo cuando quiso inaugurar los Juegos Olímpicos Bolivarianos que se realizan en Sucre. Es que las pruebas de nuestros mejores atletas no figuran en dicha competencia.

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