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Año Nuevo, vida nueva



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 2 de enero de 2011

Al comenzar el año 2011 y al verme con las mismas pilchas del año pasado, mi pariente espiritual Macacha me dijo: “Compadre, mire y admire la vestimenta que acabo de estrenar, ayer lucía prendas de color rojo pasión y hoy estoy vestida de amarillo de la cabeza a los pies, incluidos mis calzones”. Astutamente le respondí: “No le creo, no le creo, ver para creer, como dijo el apóstol Santo Tomás”. La virtuosa cholita cochabambina respondió fastidiada: “Qué me importa si no me cree”. Luego ingresamos a mi domicilio para conversar sobre ese adagio mentiroso que repetimos siempre en esta fecha: “Año Nuevo, vida nueva”, sabiendo que nuestra vida seguirá siendo igual si es que no se convierte en peor.

Ella, que también sabe mucho de la vida, me pidió que no fuera tan pesimista y que creyera en mejores días porque ella estaba segura de que la empresa periodística me aumentaría el sueldo por lo menos en un 20 por ciento como Evo aumentó a los militares y policías. Sonreí ante su buen deseo y le confesé mis dudas al respecto. “Además —le dije— ¿de qué me serviría un 20 por ciento de aumento si la vida en el año que comienza ya ha subido en un porcentaje mucho mayor?”.

Ella continuó diciendo en mis orejas: “Año nuevo, vida nueva” y se puso a bailar ante mí luciendo sus polleras amarillas para luego preguntarme si yo había estrenado los calzoncillos amarillos que me obsequió en Año Nuevo, respondiéndole negativamente, a lo cual repuso algo amoscada: “Pero, compadre, algo tiene usted que hacer de su parte, si no se pone los calzoncillos amarillos que le he regalado, ¿cómo quiere usted que le sonría la fortuna? ¡Vaya a su dormitorio y cámbiese de calzoncillos!”

Obedecí a mi comadre y volví al living más contento y optimista.

Convencido de que la felicidad y optimismo dependen del color de nuestros calzoncillos, dije a mi comadre cochabambina: “Ha comenzado un nuevo mes y un nuevo año y sé que en estos días debería pagarle los intereses por el préstamo en dólares que usted me concedió el año pasado para que fuéramos a bailar al Carnaval de Oruro, ¿me aceptaría usted, comadrita, que le pague todo el próximo mes…?”. La comadrita que tiene un gran corazón aceptó mi propuesta y me abalancé sobre ella para darle un abrazo respetuoso.

Después de eso cambié de visión ante el año 2011 y me dije que en el nuevo año no podía estar más jodido, perdón, que en el pasado, que no podría producirse otro gasolinazo y otro tarifazo, que podría gozar de aumento en el Bono Juancito Pinto que cobro fraudulentamente y que con la ayuda de algunos amigos podría estar cobrando dos aguinaldos, también podría ser que en un posible reparto de casas podría tocarme una con la “muñeca” de mi comadre Macacha y hasta podría suceder que mi comadre se convierta en mi madrina y me regale un camión para que lo trabajemos juntos, ella de camionera y yo como “voceador”.

Año Nuevo, vida nueva y calzoncillos amarillos para ser felices.

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