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El Canciller acullica en Europa


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 27 de enero de 2011

Mientras el presidente Evo hacía temblar a los chilenos anunciándoles que Atacama volverá a ser boliviana, nuestro canciller Choquehuanca realizaba un periplo por Europa para convencer a sus autoridades de que la masticación de las hojas de coca mezclada con carbonatos es inocente y buena para la salud de los humanos.

Deseoso de conocer con mayor profundidad los argumentos del señor Choquehuanca, pasé por la Cancillería varias veces tratando de ingresar en el viejo y hermoso edificio, pero no pude “colarme” ni por la puerta de la calle Ingavi ni por la calle Junín, hasta que se me ocurrió ir en busca de información a la ciudad de El Alto, donde trabajan mis amigos yatiris Calimán, Titirico y Wayruru, íntimos amigos de Choquehuanca, al que —según ellos— asesoran en Política Internacional, ritos andinos y artes del embrujamiento.

Allí encontré a Wayruru, quien me dijo que acababa de retornar de Europa, pues había acompañado a nuestro canciller David Choquehuanca en la difícil misión de convencer a la comunidad internacional de que el acullico de coca es bueno para el hombre, aunque te deja verdes los dientes, los labios y el paladar.

Le invité a comer al famoso restaurante Manka Siñani, donde nos sirvieron un manjar denominado huarjata, hecho con la cabeza del chancho. Dos cervezas sirvieron para agilizar la lengua de mi amigo Wayruru y destapar las orejas de este modesto servidor, el periodista Paulino Huanca, pariente lejano del canciller Choquehuanca.

El yatiri Wayruru me contó que los cinco años de experiencia que tiene el señor David Choquehuanca como canciller le han dotado de modales muy delicados y suaves y de un hablar muy delicado, pues al saludar a las damas previamente les da un beso en la mano derecha que le extienden ellas y Wayruru supone que les da un beso con lengua porque a continuación ellas sonríen y dicen: “¡Qué ministro tan picarón!”.

El yatiri Wayruru también me contó que el canciller Choquehuanca lo utilizó en todas las reuniones importantes que sostuvo, diciendo a sus interlocutores que se trataba de un yatiri andino que masticaba coca durante todo el día y que siempre la mezclaba con bicarbonato de sodio, lo cual lo mantenía (a Wayruru) alegre, emprendedor y vivaracho. Y que a continuación le decía: “Wayruru, muestra a los señores cómo acullicas durante el día para no sentir hambre”. Y que él obedecía lo que le ordenaba nuestro canciller David Choquehuanca.

Wayruru también me contó que en Suiza (Ginebra) le hizo acullicar tres veces en una mañana y que quiso “gomitar”, por lo que el canciller Choquehuanca le dijo muy cortés y suavemente: “No se dice ‘gomitar’, querido Wayruru, se dice vomitar”. Al final, me contó el yatiri que en París, en un famoso cabaret, el Canciller hizo una demostración por la cual pudo reconocer el sexo de las piedras, demostración que arrancó aplausos y exclamaciones de admiración.

Pagué la cuenta por dos huarjatas y seis “bielas”, agradeciendo a Wayruru por su sorprendente información.

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