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El Ekeko nos defraudó


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 23 de enero de 2011

Mañana comienza la Feria de Alasita, tradicional evento anual que se realiza en la ciudad de La Paz, donde se exhiben artesanías en miniatura y se honra al Ekeko, un ídolo al que fantasiosamente se le llama el dios de la abundancia, siendo un fetiche pequeño de estatura cargado de alimentos.

Ante tal hecho, pregunté a mi comadre Macacha si asistiría a la mencionada feria y ella me respondió que lo haría como todos los años y que además me llevaría con ella en sus brazos y que me festejaría por ser yo su compadre de más baja estatura y quien le trajo más suerte en sus operaciones económicas.

Halagado y agradecido por sus conceptos, le pregunté si en verdad yo le había transmitido buena suerte en sus operaciones mercantiles, respondiendo en forma efusiva y tratando de cubrirme de besos, luego de decirme que yo era su Ekeko de la buena suerte, pues pensando en mí había financiado la actividad de muchos artesanos que participarán en la feria. “Petizos como usted, y no me arrepiento de ello, porque los petizos me han dado grandes satisfacciones en todo terreno”, agregó mi generosa comadre cochabambina.

Sin embargo, no me envanecí con las palabras de mi pariente espiritual y rehuyendo sus caricias y piropos le dije con la serenidad que me caracteriza: “Para mí, el tal Ekeko es una huevada porque se hace llamar ‘el dios de la abundancia’ y resulta que este año y los anteriores estamos los bolivianos sufriendo carestía de todo: de pan, azúcar, arroz, carne de res, carne de pollo y hasta carestía de cholas, porque cada día los pantalones vaqueros sustituyen a las polleras en forma creciente”.

Mi sinceridad molestó a mi comadre Macacha, quien, palmeándose el trasero, me dijo alzando la voz: “Eso sí que yo no haré jamás, porque yo estoy muy orgullosa de mis polleras y si a usted, compadre, no le gustan, búsquese otra comadre que lo cuide, que lo mime, que lo ayude a escribir todos los días y que algunas veces le preste algún dinero”.

Le expliqué suavemente a mi comadre cochabambina que no quise ofender a sus polleras, sino hacerle comprender que el tal Ekeko, dios de la abundancia, nos había defraudado este año más que en años anteriores y que me parecía una aberración honrarle a partir de mañana cuando en muchísimas casas no hay nada para comer ni vestir, ni harina, ni azúcar, ni arroz, ni pollos y también nos faltan cemento y otros productos.

La comadre reconoció que yo tenía algo de razón, pero que la carestía de productos esenciales no era por culpa del Ekeko, sino de los políticos que manejan el Gobierno actual que son elementos improvisados carentes de sabiduría económica y administrativa y también incapaces de prever problemas de producción, mercados y abastecimiento. Al final decidimos ir mañana a la feria de Alasita, yo para despotricar contra el Ekeko, dios de la abundancia, y ella para festejarme porque sigue creyendo que soy su compadre más petizo, pero que le he brindado y le brindo las mayores satisfacciones, espirituales claro está.

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